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Shanghai (USA/China, 2011)

07/09/2012

Ficha Técnica: Año: 2011 País: China/USA Director: Mikael Hafstrom Duración: 103 m. Género: Drama. Protagonistas: John Cusack, Gong Li, Chow Yun-Fat, David Morse, Ken Watanabe. Más información: Filmax

Sinopsis: Años cuarenta. En los meses previos al ataque japonés de Pearl Harbor, el agente secreto Paul Soames llega a Shanghai para investigar el asesinato de su mejor amigo. Rápidamente se ve inmerso en una trama de conspiración y mentiras. Acechado por un oficial de la inteligencia japonesa, la investigación se centra en un carismático gangster local, Anthony Lan-Ting, y en su bella esposa Anna. 

Crítica: Que la industria cinematográfica china es la nueva panacea donde se mueven cantidades ingentes de dinero es un detalle que no se le escapa a nadie, y menos a los avispados productores que buscan de forma desesperada nuevas estrategias de un negocio que, debido a la crisis galopante, se les está yendo al garete. Es el caso de esos auténticos fabricantes de éxitos instantáneos que son los hermanos Harvey y Bob Weinstein, quienes en régimen de coproducción han decidido cruzar el charco y probar suerte en el Lejano Oriente. Y como no podía ser de otra manera, el formato elegido ha sido el de la superproducción, con la vista puesta en ofrecer un producto que agrade tanto al público chino como al americano. El contexto cronológico elegido para esta epopeya son los días previos al ataque japonés a la base americana de Pearl Harbour durante la Segunda Guerra Mundial, uno de los momentos históricos más relevantes en los que chinos y americanos lucharon codo con codo contra las fuerzas niponas. Así el tanto está asegurado, pues los malosos de la película van a ser los terceros en discordia, aquéllos que matan sin piedad al enemigo y son capaces de alterar la tranquilidad de una ciudad tan cosmopolita en aquella época como Shanghai (en la misma línea de hermanamiento chino-yanqui nos llegará en pocos meses otra costosa producción titulada The Flowers of War protagonizada por Christian Bale, ésta situada durante la segunda guerra chino-japonesa en 1937).

El encargado de llevar a buen puerto este arriesgado  proyecto (decimos riesgo en cuanto a la cantidad de dinero invertido, no nos referimos al creativo, que aquí brilla por su ausencia) es un hombre de la factoría Weinstein, el realizador sueco Michael Hafstrom, para quienes ya dirigió films como el estimable y terrorífico 1408, proyecto que contó, al igual que ocurre en Shanghai, con el protagonismo de John Cusack. Hafstrom ha facturado en lo que lleva de carrera películas tan importantes como la muy desconocida Evil, de 2003, con otros trabajos al servicio del mainstream americano como lo fueron Sin Control, en 2005, o la más actual El Rito, de 2011 (su nuevo proyecto, titulado The Tomb, que ya se encuentra en fase de preproducción, no ha pasado precisamente desapercibido, ya que volverá a unir en pantalla a dos pesos pesados del cine de acción de los ochenta, Arnold Schwarzenegger y Silvester Stallone). En la película que nos ocupa recrea de forma fehaciente la Shanghai de principios de los cuarenta, una ciudad cuyas calles están cubiertas por la lluvia, con sus luces y sombras, las luces de neón, la música de jazz, el crimen acechando en cualquier esquina, esos hombres vestidos con gabardinas grises y sombreros y esas femme fatales de las que no te puedes fiar ni un momento… En cuanto al desarrollo de la trama se refiere, estamos ante una propuesta ágil pero que transita por terrenos demasiado conocidos para todo aquél que haya visto un poco de cine negro durante su vida. No hay lugar para la incorrección ni para la originalidad. Todo parece estar demasiado bien colocado en su sitio, y así, el elemento estampa prevalece en las acciones de los diferentes personajes que pululan por la pantalla. La mayoría de caracterizaciones son meros arquetipos que hemos visto en mil y una ocasiones, desde la mítica Casablanca, de la que hereda las relaciones de amistad y odio que se establecen entre unos y otros, además de la necesidad apremiante que tienen todos por abandonar lo más rápidamente posible el polvorín en el que se ha convertido la ciudad; pasando por la magnífica Deseo, Peligro, de Ang Lee, de la que por desgracia no está a la altura, ya que todo el erotismo, misterio y pasión que desprendía el multipremiado film de Lee aquí se queda en agua de borrajas, con una historia de amor que no se lleva hasta las últimas consecuencias y unos actores que, sencillamente, no dan la medida y no transmiten en ningún instante la transparente complejidad en su relación que dispone el guión. Refiriéndonos al nutrido y ecléctico reparto del film debemos diferenciar a los actores occidentales y a los orientales. Entre los primeros vemos a un John Cusack poco convincente en el rol de espía americano que investiga la muerte de un compatriota; un David Morse correcto en su actuación pero con nula oportunidad para el lucimiento; y a una Franka Potente efímera que no tiene la posibilidad de desarrollar su personaje como debería, quedando como un mero apunte marginal de la historia de amor principal, que es la que mantiene Cusack con una mujer china que trabaja para la resistencia, a la que da vida la bellísima Gong Li (es increíble cómo el paso de los años no hace mella en esta actriz y cuánto la llega a querer la cámara).  La cuota asiática del reparto la complementan dos grandes actores que cumplen sus cometidos con relativa solvencia: por un lado, el hongkonés Chow Yun-Fat (Tigre y Dragón, La Maldición de la Flor Dorada), quien da vida al sufrido marido de la protagonista (lo que tiene que aguantar este hombre es inenarrable, pues no sólo tiene que convivir con una mujer que trabaja a hurtadillas para el enemigo, sino que encima tiene que soportar el incipiente amor que surge entre ella y el americano poco impasible de la función), y por el otro, el japonés Ken Watanabe (Origen, Cartas desde Iwo Jima), que aquí se pone en la piel de un oficial del ejército japonés más malo que la tiña pero con algún talón de Aquiles inconfesable que le pondrá en más de un brete.  Esto en lo que se refiere al apartado artístico, mientras que en el técnico observamos que el director se ha rodeado de su equipo habitual, contando como director de fotografía con Benoit Delhomme, quien alcanzara fama y prestigio con la fotografía de El Olor de la Papaya Verde, y posteriormente con El Niño con el Pijama de Rayas y en tareas de edición con Peter Boyle, con el que ya coincidió en 1408 y en Sin Control. La música ha corrido a cargo del músico alemán Klaus Badelt, un auténtico todoterreno que ha llegado a trabajar en España (el año pasado compuso el soundtrack de Entre Lobos, de Gerardo Olivares), y que en lo que llevamos de año ya ha firmado más de siete bandas sonoras distintas, entre las que vale la pena citar otro film con Shangai en el título: Shangai Calling.

En definitiva, un pasatiempo con cierto tufo a naftalina que convencerá a todos aquéllos que echan de menos cualquier acercamiento al cine negro de siempre, aunque sea desde un contexto histórico que está más trillado que nuestra Guerra Civil, que ya es decir. La cinta cuenta con algunos buenos momentos (sobretodo aquellos en los que la acción prima sobre los manidos diálogos) aunque el conjunto se resquebraja cuando descubrimos que la incertidumbre y los giros de guión se resuelven impostados.

Lo mejor: La recreación del Shanghai de principios de los 40.

Lo peor: No aguanta la comparación con Deseo, Peligro.

Por nuestro colaborador Francisco Nieto

Comentarios

Desde luego la película no es Casablanca ni mucho menos. Pero no es lo mismo ser Michael Curtiz que Mikael Hafstrom, aunque compartan nombre de pila. Aún así la película aprueba, por poquito es verdad, pero aprueba.

Pero como pica que los japoneses sean los malos de la función. Si hablamos de los nazis no pasa nada, pero las barbaridades que hicieron en toda Asia no cuentan mucho. China, Corea, Filipinas, Taiwán, etc…

Menos mal que hay un actor como Ken Watanabe, como los de Ciudad de vida y muerte, que no mira hacia otro lado sino que asume las cuestiones. Más que muchos españoles que son más nacionalistas japoneses que ellos…

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