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Noise: cuidado con lo que escuchas…

25/03/2026

El terror coreano atraviesa uno de sus momentos más dulces frente a la audiencia local. El fenómeno de Exhuma, que a comienzos de 2024 superó los diez millones de espectadores, unido a propuestas más pequeñas pero sorprendentes como Sleep o la que nos ocupa, Noise, han consolidado un género que, pese a su éxito internacional, durante años tuvo dificultades para conectar con el público doméstico.

En este contexto emerge Noise, el primer largometraje de Kim Soo-jin, quien ya había demostrado su talento al alzarse con el premio a mejor película en el Festival de Cortometrajes Mise-en-scène tras su paso por el Festival de Cannes en 2013. Para su debut, firmó con la productora Finecut y se propuso explorar un elemento tan cotidiano como perturbador: el sonido. Según el propio director, su proceso creativo implicó revisar “desde sonidos reconocibles de la vida diaria hasta otros extraños e inidentificables”, combinándolos para construir una experiencia sensorial inquietante.

No es casual que el sonido se haya convertido en un recurso cada vez más explotado dentro del terror. Títulos recientes como Mis 84 m² —estrenada en Netflix— o Ghost Mansion (2021) ya jugaban con esa idea: el ruido como detonante de la paranoia, como presencia invisible que anticipa lo ominoso.

El sonido como elemento perturbador

Pero Noise va un paso más allá. Aquí, el sonido —y, sobre todo, su ausencia— se convierte en el verdadero motor narrativo. La historia sigue a Joo-yung, una joven que regresa al apartamento que compartía con su hermana tras su misteriosa desaparición. Marcada por un accidente de tráfico en el que perdió a sus padres y que la obliga a utilizar audífonos, la protagonista se enfrenta a un entorno donde lo audible y lo inaudible adquieren un peso dramático constante. Lo que comienza como una búsqueda pronto deriva en una espiral de inquietud: una nota que exige silencio, ruidos persistentes, vecinos hostiles y un inquilino con comportamientos perturbadores. Todo contribuye a generar una atmósfera asfixiante en la que lo cotidiano se descompone lentamente hasta volverse irreconocible.

Uno de los mayores aciertos de Noise es precisamente su capacidad para dosificar la información. Es una de esas películas que se disfrutan más cuanto menos se sabe de antemano. Su guion, sólido y bien estructurado, permite giros que no traicionan el conjunto, sino que lo enriquecen, manteniendo al espectador en un estado constante de alerta.

El otro gran protagonista es el edificio. Lejos de los espacios abandonados o explícitamente siniestros, aquí encontramos un bloque antiguo pero habitado, reconocible, incluso banal. Sin embargo, cada rincón —especialmente el sótano— está diseñado para incomodar. La construcción de este espacio no fue casual: el equipo recorrió distintas zonas de Seúl antes de trasladarse a áreas más rurales como Gunsan o Cheonan. Para intensificar la sensación de opresión, el sótano llegó a construirse acumulando toneladas de residuos, logrando un efecto visual y físico casi palpable.

El estreno en cines y su éxito

Producida por Finecut y distribuida por By4M Studio, Noise contó con un presupuesto relativamente modesto —entre 3.500 y 3.700 millones de wones, algo más de 2 millones de dólares— y un punto de equilibrio estimado en torno al millón de espectadores. Su estreno en Corea del Sur, el 25 de junio de 2025, fue discreto: apenas 20.000 espectadores en su primer día. Sin embargo, el boca a boca hizo su trabajo. En pocos días, las cifras se duplicaron, hasta convertirla en un inesperado éxito con dos millones de espectadores y situarla entre las diez películas más vistas del año.

Hay, en definitiva, dos razones de peso para acercarse a Noise. La primera: funciona como una experiencia de terror eficaz, de esas que invitan a “disfrutar” del miedo en sala. La segunda: representa el triunfo de una producción más modesta, respaldada por una distribuidora independiente, en un mercado cada vez más competitivo.

Y sí, además tiene un mérito añadido: no necesita trucos fáciles ni concesiones absurdas para mantener la tensión. Algo que, en los tiempos que corren, casi da más miedo que cualquier ruido en la oscuridad.

Una crítica de Enrique Garcelán (CineAsia)

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