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“Na Hong-jin: He Is the Genre: Master Class en el 31º Festival de Cine Internacional de Busan

26/10/2026

“Me disgustan las decisiones previsibles. Me gusta que los espectadores queden atrapados en una red de incertidumbre”

“A medida que envejezco me vuelvo más luminoso y siento la necesidad de hablar de esperanza”

Na Hong-jin llegaba a la 31 edición del festival de Cine de Busan, no solo para presentar su película sino con los deberes hechos y las credenciales de haber conseguido colocar a Hope entre las 3 películas coreanas que más han recaudado en su país este 2026 (por detrás de The King’s Warden y Colony), haber recibido una ovación de minutos en su paso por Cannes y con elogios cosechados en festivales de Toronto, San Sebastián y Nueva York.

Ahora que la película iniciará su esperado recorrido en salas internacionales, con su estreno en España programado para el 30 de Octubre, repasamos las claves de la Master Class que el director coreano nos ofreció en Busan con el título “Na Hong-jin: He Is the Genre («Na Hong-jin: él es el género»)”.

Y es que no hay que olvidar que Na Hong-jin se reencuentra con su público tras una década sin dirigir un largometraje desde su anterior The Wailing (El extraño) (2016). Unas pausas que no son extrañas en la carrera del director, que ya había dejado transcurrir años respecto a sus anteriores The Yellow Sea (2010) o The Chaser (2008).

A sus 52 años, Na Hong-jin quiso precisamente reflexionar sobre cómo su cine ha ido cambiando con la edad. Al respecto, nos contó que la oscuridad y el miedo han sido tradicionalmente motores de su cine y que, si bien no va a abandonarlos, sí que siente que está creciendo en él el deseo de mostrar más esperanza en sus historias. Sin querer dar pistas sobre su próximo proyecto, declaró que, tras haber explorado la violencia, la desconfianza y la oscuridad humana en sus anteriores films, es probable que sus futuras películas muestren más luz y positivismo.

Precisamente, fue en Hope dónde ese cambió empezó a hacerse evidente. Según Na Hong-jin “cuando estaba desarrollando el desenlace de la película, sentí que había llegado a un punto tan oscuro que parecía que ya no había vuelta atrás, que en la historia no había ni un rayo de luz. Y entonces sentí la necesidad de hablar de esperanza y mostrar un poco de esa luz que cada persona conserva dentro de sí”.

Ahondando en los orígenes de Hope, que forma parte de la sección del Festival de Cine de Busan dedicada a la actualidad del cine coreano, el director explicó que surgió del miedo tan personal como colectivo en su país de que vuelva a declararse una guerra. “En 2017, las noticias de vuelos nocturnos de aviones militares estadounidenses cerca de Pionyang nos hicieron temer que una guerra podía estallar después de los Juegos Olímpicos de Invierno en 2018. Esa sensación de amenaza fue una de las principales impulsoras al escribir este guion.” Así, Na Hong-jin recalcó que la idea inicial tras el film, no era tanto construir una historia de ciencia-ficción sino esa inquietud en una persona y en una comunidad por el presentimiento de que algo malo va a ocurrir.

A lo largo de la Master Class, el director destacó ese sentimiento como uno de los motores principales que le llevan a escribir un guion y como tanto en Hope como en sus películas anteriores, le gusta que los espectadores queden atrapados en una red de incertidumbre. “Muchas veces, el miedo nace de situaciones cuya causa es difícil de identificar. Y cuando el miedo aumenta, el espectador busca respuestas y se concentra cada vez más en la historia.”. Así, manifestó que mantener esa búsqueda activa en el público es una parte esencial de su cine.

Una búsqueda y una inquietud que conectan al espectador con sus personajes, sobre los cuales quiso destacar que “los seres humanos son criaturas demasiado complejas como para clasificarlas en categorías simples. Al introducir varios personajes con motivaciones y comportamientos complejos en una misma historia, la trama se acaba convirtiendo en una telaraña narrativa, y el propio público queda atrapado en esa misma red que los personajes, pero a la vez puede construir su propia interpretación de lo que está pasando.”

Sobre esa relación con su público, Na Hong-jin admitió que sabe que sus películas pueden dejar frustrado al espectador que busque respuestas y certezas que él deliberadamente no le ofrece. Explicó que prefiere cuestionar creencias, verdades y visiones del mundo que damos por sentadas.

También añadió que el ritmo que debe tener la película es otra de sus obsesiones al plantearse un proyecto: “Una vez decidido el tema, tengo que definir el ritmo desde el principio, porque es muy difícil cambiarlo cuando la producción ya está avanzada, y ese ritmo hay que mantenerlo durante todo el proceso de realización.”

En una nota más personal, el director también quiso dejar claro que a pesar de poder ser una persona a quien le “puede molestar ver un grano de arroz fuera de lugar”, no se considera un perfeccionista. Más bien se definió como alguien que intenta interiorizar lo que le interesa, sin forzarse a memorizar o tomar notas, sino confiando en que lo valioso ya habrá sido asimilado por su subconsciente y que, una vez ha encontrado un tema y la convicción para contar una historia, no duda en ponerse a trabajar.  “Dejo que las influencias aparezcan de forma natural. No quiero encasillarme, y lo que realmente me disgusta son las decisiones demasiado previsibles.”

Un reportaje de Isa Martínez (CineAsia en BIFF 2026)

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