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Majid Majidi: el cine desde la realidad y el corazón

04/05/2021

El realizador Majid Majidi nació en Teherán en 1959, tan sólo seis años después del golpe de estado de 1953 que provocó el derrocamiento del primer ministro elegido democráticamente, Mohammad Mosaddegh, en favor del gobierno monárquico de Mohammad Reza Pahlavi. Poco sabía entonces aquel pequeño que estaba destinado a convertirse en uno de los realizadores de ese nuevo cine iraní que se instauró tras la Revolución Islámica de 1979. Un movimiento que se inicia a finales de los años 80 encabezado por Mohsen Makhmalbaf, que incluye a directores como Abbas Kiarostami o Jafar Panahi, entre otros.

Conociendo al joven Majidi

El joven Majidi se cría en el seno de una familia de clase media. Siente una temprana vocación por la actuación, formando parte de un grupo amateur de teatro. Su padre muere, creando en el joven actor un sentimiento de culpa que le perseguirá durante años. Nunca había hablado con su progenitor de su inclinación artística.

Tras acabar la formación secundaria, Majid Majidi empieza a estudiar en el Instituto de Arte Dramático de Teherán. Durante la Revolución Islámica (con 26 años), su interés por el cine le llevará a actuar en varias películas. Una de las más importantes sería Baycot del gran Mohsen Makhmalbaf donde interpretaba a un comunista frustrado, o Teer Baran (1986) de Ali Asghar Sahdorvan, biopic del revolucionario Sayed Ali Andarzgoo.

Poco a poco, Majid Majidi descubre su interés por contar sus propias historias. Su cine tiene mucho que ver con la realidad, el corazón y las clases más desfavorecidas de la sociedad. El hecho de que sus películas nazcan del corazón es lo que las hace tan universales y aceptadas por el gran público. De las temáticas que conforman su filmografía la infancia y la desigualdad serán las que repita con mayor insistencia en sus obras.

Contar historias propias: los inicios en la dirección de cine

Como muestra su opera prima, Baduk (1992), presentada en la Quincena de Realizadores de Cannes. La película trata sobre la esclavitud infantil. El término persa “baduk” se refiere a las personas, a menudo niños, contratados a sueldo en contra de su voluntad, que llevan mercancía de contrabando desde la frontera a pie.

El padre (1996) recibió el Premio del Jurado en el Festival de cine de San Sebastián. La temática vuelve a centrarse en la infancia, pero en este caso, en la relación entre un hijo y su padrastro. Mehrollah es un adolescente de catorce años que se ve forzado a trabajar para sacar adelante a su madre y sus hermanas, tras la muerte accidental de su padre. Cuando regresa al pueblo, el joven no aceptará que su madre haya vuelto a casarse, y hará todo lo posible por enfrentarse a su padrastro. La película es austera, de escaso presupuesto, se mueve en ambientes rurales y está repleta de personajes humildes. El viaje a través del desierto que emprenderán padre e hijo, y que acaba en un ‘oasis’ es de una enorme belleza. En este viaje el director muestra el potencial de comprensión y humanidad que cada chico lleva dentro.

Sin duda, la película que consolida a Majid Majidi como uno de los realizadores iraníes más destacados de la Nueva Ola es Los niños del paraíso (1997). Además se convierte en la primera película iraní que optó al Oscar a la Mejor película de habla no inglesa. Repleta de poesía y de humanidad, la película se centra en la vida de dos hermanos, Ali y Zhara, y todo lo que se ven obligados a hacer para que sus padres no se den cuenta de que Ali ha perdido los zapatos de su hermana.

La película, que el director dedicó a su propio padre, a modo de disculpa por no revelarle nunca su inclinación artística, es un canto a la humanidad. Sin duda, hay películas que nos hacen mejores personas cuando las vemos y esta es una de ellas. En un mundo en el que prima la ambición, el poder y el dinero, comprobar cómo dos niños comparten un par de zapatos y que éste es su bien más preciado deja al espectador sin palabras.

En El color del paraíso (1999), mejor película en el Festival de cine de Montreal, el foco del director se centra en la figura de un padre que se avergüenza de su hijo que es invidente. El director llena de color las imágenes, amplifica los sonidos (de las hojas, del viento, o de las aves), para que la audiencia sea capaz de sentir a través del tacto y el sonido las imágenes que le son negadas al pequeño Mohamed. Tras finalizar la escuela, el padre debe recoger a su hijo y llevarlo al pueblo para que pueda reencontrarse con su abuela y sus hermanas.

Film desgarrador (el padre llegará a pensar en deshacerse del pequeño ante la expectativa de una nueva boda), pero a la vez poético (el color de las flores, o el tinte de los tejidos en casa de la abuela…). Y con uno de los finales que reconcilia al espectador como ser humano.

Baran llega a España

Más tarde vendría Baran (Lluvia) (2001), mejor película y director en el Festival de cine de Gijón. La historia de los refugiados afganos que viven en Irán (sobre todo tras la instauración del régimen talibán) y las dificultades y desigualdades por las que pasan en su nuevo país. Casi 1 millón y medio de afganos viven como refugiados en Irán: muchos de ellos han nacido allí, ni siquiera conocen su hogar. El documental Barefoot of Herat (2001), realizado durante la guerra contra los talibanes en Afganistán, acerca de los campos de refugiados, le valdría al director el premio Fipresci. En 2005, dirige The Willow Three, sobre un hombre ciego que se enamora de una mujer que no es su esposa cuando tiene la oportunidad de ver de nuevo. Un film en el que el director vuelve a afinar al máximo la conducta ética del ser humano.

El 14 de mayo se estrena en España su última película Hijos del sol (2020), ganadora de dos premios en el Festival de cine de Venecia: la Linterna Mágica para el director y el premio Marcello Mastroianni para el joven actor Roohollah Zamani (que da vida a Alí, protagonista de la historia). Una película que el director dedica a los 152 millones de niños de todo el mundo que se ven obligados a trabajar para mantener a sus familias. En Hijos del sol, una producción que puede recordar al planteamiento de Los Goonies, Majid Majidi demuestra la humanidad que desprenden los niños es superior a cualquier obstáculo que encuentren. Una película que invita a la reflexión desde la aventura.

Un reportaje de Enrique Garcelán

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