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“La novelista y su película”: Hong Sang-soo más y mejor

30/12/2022

Parece como si para Hong Sangsoo no pasara el tiempo. O, mejor dicho: el tiempo corre a su favor para el director coreano que rejuvenece con cada una de sus últimas películas. Porque, lejos de estancarse, al contrario, su cine fluye mejor que nunca, renovándose y ofreciendo su mejor versión. Es este el caso de La novelista y su película, una, desde ya, de las cintas imprescindibles para los amantes del buen cine.

No es baladí decir que gracias a su prestigio internacional, Hong tiene una posición envidiable dentro de la industria del cine coreano: maneja su propia productora, la Jeonwonsa Film; tiene la camaradería y complicidad de sus colegas (amigos y familiares, como su compañera y musa, su actriz fetiche Kim Min-hee, que actúa como brazo satélite del director haciendo las veces de productora, actriz, ayudante de dirección o lo que se tercie…); goza del beneplácito de actores importantes (o no) de la industria del cine de Corea del Sur, que trabajan con él por puro placer (no cobran o cobran poco, aunque claro está, tienen asegurado el lujo de viajar sin gastar un duro a multitud de festivales internacionales); y, quizás lo más importante para el realizador, la no necesidad de conseguir la aprobación de la taquilla coreana (que, por supuesto, no la tiene), porque con las ventas internacionales “va que chuta”…

Esta posición envidiable tiene una consecuencia directa en sus films: la total libertad creativa y el control a todos los niveles que el director ejerce en sus trabajos, que en los últimos tiempos han sido muy prolíficos (dos por año; en estos momentos todavía falta por llegarnos Walk Up, presentada en el Festival de San Sebastián de este año). Y es esa libertad la que experimentamos cuando vemos La novelista y su película donde reconocemos el estilo de siempre de Hong Sangsoo, pero con un punto más de sofisticación y de pureza que nos hace pensar que estamos ante una de las grandes obras del maestro.

Más de lo mismo… pero mejor

De todos modos, no se engañen, seguimos con las mismas obsesiones (filias y fobias) de Hong y de sus, ya reconocibles, personajes: una novelista de éxito en horas bajas que quiere dirigir una película, una exescritora que ahora regenta una librería, un realizador de cine que se ha dejado seducir por el chungmuro (apelativo con el que se conoce a la industria del cine mainstream de Corea), una actriz famosa que dejado de lado su profesión, y un estudiante de cine que quiere convertirse en director. Y entre todos ellos, por supuesto, las innumerables conversaciones alrededor de una mesa con comida y, sobre todo, unas cuantas botellas de alcohol, que darán lugar a frases memorables que bien podrían extrapolarse a los propios pensamientos y opiniones del mismo Hong Sangsoo acerca de la industria artística (literaria y cinematográfica), su visión sobre la creación y las obras artísticas, y sobre el mundillo del “artisteo” en general.

Y, además, todo resulta de lo más natural, nada está forzado o resulta pomposo o pedante. Y, para redondear aún más la historia, todo cobra sentido al final, en una de las escenas, para la que escribe, más memorables del film: la película dentro de la película que se le muestra a la actriz en una sala de cine; esas  imágenes que uno no sabe si son reales o son parte de la ficción. Metalenguaje, cine dentro del cine, como colofón a otra pequeña-gran obra maestra de Hong Sangsoo. ¡Bravo maestro, lo ha vuelto a conseguir!

Por Gloria Fernández

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