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La furia de la montaña: El cine de catástrofes asiático

27/07/2022

El subgénero del cine en el que la supervivencia humana se pone en juego ha sido uno de los baluartes del cine comercial más espectacular, especialmente desde que en los años 70 se despertara una atracción por el cine de catástrofes en el cine de Hollywood. Terremotos, incendios que asolan edificios, volcanes que despiertan, tsunamis que arrasan todo a su paso, aviones con todo en su contra para aterrizar… la naturaleza se rebela, cuando no por error humano, con propuestas que, por supuesto, también han llegado desde oriente. Aprovechamos el estreno en cines de La furia de la montaña, un éxito de taquilla en China basado en una situación real que ahora lleva a la cartelera en España, para hacer un repaso a algunos de esos títulos indispensables del cine de catástrofes asiático. 

Japón, zona catastrófica 

Por sus incidencias habituales, además del mayor desarrollo de su industria cinematográfica, Japón es el país asiático en el que el subgénero catastrófico se ha producido con mayor asiduidad dentro del cine asiático. A causa de la habitual actividad tectónica de su geografía, los terremotos han sido tradicionalmente los causantes de las desgracias en el cine. Así hemos visto como Japón se hundía en El hundimiento de Japón (1973), basada en la novela de Sakyo Komatsu y estrenada en pleno fervor catastrófico setentero. Shinji Higuchi rodaba una nueva adaptación en 2006, en la que los efectos digitales tomaban el relevo de los artesanales.

Incluso Masaaki Yuasa la llevaba a la animación en una serie en 2020, mientras que la televisión japonesa la actualizaba en una nueva serie de imagen real que también nos llegó a través de Netflix . Curiosamente Minoru Kawasaki, el rey del cine de serie Z protagonizad” por “bichos”, del que hace apenas unos días se programaban dos títulos en el Festival Nits de Cinema Oriental, le daba la vuelta a la tortilla con la descacharrante The World Sinks Except Japan, en la que todo el planeta tierra sucumbía a los terremotos, quedando solo en pie el país del sol naciente. 

Con un calado mucho más dramático llegaba de manera reciente Fukushima 50, recuento de los momentos tras el terremoto de 2011 desde la central nuclear de Fukushima, y los momentos difíciles que los 50 trabajadores presentes sufrieron en aquellos días. Una gran producción que se unía a la gran cantidad de títulos que trataban aquel terrible 11 de marzo de 2011 y sus consecuencias, tanto desde el cine comercial, como Yoji Yamada en su Una familia de Tokio, una producción que se desarrollaba en pleno desastre y que se paró para introducirlo en el film, como especialmente desde el cine independiente o el documental. 

Catástrofes a la coreana  

Con la explosión comercial del cine de Corea era inevitable que llegasen propuestas del subgénero catastrófico para atraer al público. Haeundae se convirtió en una de las películas más vistas de la historia del país con su historia de un tsunami que asolaba la popular playa de Busan que da nombre a la película, mucho antes de que llegara cierto tren. Una propuesta de gran reparto y al gusto coreano, es decir, con gran cantidad de drama que convertía la primera parte del film en una presentación de personajes a los que luego seguiríamos en la inundación. Por supuesto, como buen film del país, no todos los contarían al final de la película. 

Recientemente el cine de catástrofes se unía a la particular situación del país, dividido y en armisticio entre Norte y Sur, con Ashfall, en la que la cooperación entre ambos territorios se hacía vital para la salvación de unos y otros. Aquí el protagonista geográfico era el monte Baekdu, lugar prácticamente sagrado en la tradición coreana (y norcoreana), situado en territorio del norte, cerca de la frontera china. En el film, entre la epopeya de acción espectacular y la buddy movie, un agente del sur se unía a un presidiario muy particular del norte para intentar evitar que el volcán despertado del monte sagrado no arrasara la península coreana al completo. Con Ha Jung-woo y Lee Byung-hun en los dos papeles principales y secundarias de lujo como Jeon Do-yeon o el mismísimo Ma Dong-seok (aquí dando vida a un científico), el film repitió el éxito en taquilla, llegando a España como Alerta roja. 

El impulso del cine de China 

China es otra industria que, con su desarrollo, ha tomado el cine de catástrofes como el trampolín perfecto para unir el cine más espectacular con los mensajes heroicos de carácter patriótico. Encontraríamos múltiples ejemplos en los últimos años que así lo denotan, comenzando por el proyecto más ambicioso de todos ellos, la adaptación de La tierra errante de Liu Cixin. Una epopeya espacial catastrófica en la que China lidera al resto de países del planeta con un proyecto para salvar a la tierra de un destino aciago. Una historia tremendamente china en su concepción: en lugar de huir del planeta en peligro, como hemos visto en otras ocasiones (de Yamato a Battlestar Galactica), el concepto del arraigo a la tierra, a las raíces, hace que se idee un plan para llenar de motores al planeta, sacarlo de la órbita del sol, y comenzar un viaje sideral, hasta llegar a un lugar propicio en el volver a comenzar. El mensaje nacionalista queda más que registrado con personajes como el astronauta interpretado por Wu Jing, la gran estrella de acción de la era Xi Jinping, pero en cualquier caso el envoltorio y la idea es tan brillante como su desarrollo. Netflix se dio cuenta de su potencial y compró sus derechos para todo el mundo. 

 

Con un carácter más “mundano”, encontramos otros títulos como Skyfire, que azota al capitalismo salvaje a base de erupción volcánica, al despertar un volcán situado (esas ideas de los empresarios…) en la montaña donde un millonario occidental, interpretado por Jason Isaacs, está construyendo un resort ultra lujoso. Una propuesta que une aventura, acción y catástrofe más allá de su mensaje nacional. 

Ese componente heroico es fundamental en el cine chino de las últimas seis décadas, más todavía si llega con un punto de sacrificio y martirio por el bien común. Ahí tenemos a los bomberos de The Bravest, capaces de enfrentarse al incendio de una refinería, basado en un hecho real sucedido en Dalian en 2010. También seguía la pauta de la adaptación del suceso real The Captain, aquí con Zhang Hanyu, otra estrella de la acción patriótica, como capitán de avión capaz de mantener la seguridad de sus pasajeros después de la rotura de una de las ventanas de cabina. Y también con un estreno reciente tenemos The Rescue, en la que es Dante Lam el que, tras sus dos “Operaciones” bélicas, Mekong y Red Sea, dirigía una cinta tan espectacular como inverosímil que ponía en valor a los equipos de rescate marítimo. 

La furia de la montaña se une a esta línea de producciones espectaculares basadas en hechos reales, con una historia en la que los héroes son algo más anónimos, uno de los ingenieros de la construcción de un túnel en una montaña y su padre, un antiguo miembro de los equipos de construcciones de vías de tren, los que tendrán que encontrar la forma de ayudar a los afectados por los desprendimientos de una montaña que ponen en peligro a una ciudad entera tras un terremoto. Emoción, heroísmo y espectacularidad: los tres factores entran en juego.  

El film recuerda a Aftershock, con la que Feng Xiaogang ya había marcado el camino en 2010. En ella tomaba los terremotos de Tangshan de 1976 y de Sichuan de 2008 como inicio y final de una historia en la que la emoción y las cicatrices del desastre, de la pérdida, daban corazón y fuerza a un film, sí, espectacular, pero en el que los personajes eran el centro absoluto. Y de nuevo, con relaciones paterno-filiales en el ojo del huracán. 

India, anclados en la realidad 

Dice el crítico de cine Rajeev Masand que el cine de catástrofes no se ha llegado a desarrollar en India por dos causas; por un lado, el elevado coste que supone cada una de estas producciones ambiciosas; por otro, que al público del país le interesa más instalarse en la realidad que en los desastres proféticos. Si nos ponemos a excavar en los elementos catastróficos en el cine de India podemos encontrar momentos clave, como las escenas de inundaciones de Mother India o incluso la del inicio de Coolie. También protagonizada por Amitabh Bachchan, Kaala Patthar se toma como uno de los ejemplos del por qué no hay más cine catastrófico procedente de India. Ambientada en unas minas, y tomando como protagonista a uno de los personajes habituales de “Big B” en sus días de Angry Young Man, un hombre traumatizado que lucha por los derechos de los mineros, sus escenas de la inundación de las mismas no fueron recibidas con demasiado buen agrado por el público, que, aunque acudió a los cines para ver a la gran estrella, no mostró interés en que se repitiera la fórmula.  

También podemos encontrar algún largometraje que entra por completo en el subgénero, como The Burning Train, producida en 1980 al calor del éxito de la japonesa The Bullet Train, pero la idea de ver un tren saboteado tampoco animó demasiado al público. Un ejemplo más reciente sería el de Kedarnath, esta sí basada en hechos reales como las lluvias torrenciales que asolaron Uttarakhand en 2013. Aquí con el malogrado Sushant Singh Rajput y Sara Ali Khan, nos encontramos con un drama romántico con conflicto religioso al que se añade el elemento de catástrofe en un film que, si bien captó el corazón de los espectadores con el éxito en taquilla, fue gracias al desarrollo de los personajes más que a las propias escenas del desastre. 

Un texto de Víctor Muñoz 

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