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Estreno en Netflix. Dorohedoro: Oculto en el caos

16/06/2020

Pues qué decir de una serie increíble, un regalo para todos los amantes del anime más visceral y una buena piedra de toque para quienes quieran acercarse a una propuesta que rezuma estilo e ideas originales; un auténtico golpe de efecto en el templo del panorama actual del anime. El primer capítulo ya te deja anonadado: no se pierde el tiempo y los personajes principales se van presentando metidos de lleno en la acción. Una escena de violencia brutal donde la sangre salpica a borbotones, no exenta de toques de humor surrealista, una carta de presentación tan contundente como acertada que anticipa las que serán constantes en el resto de capítulos de la primera temporada (una tanda inicial de doce demasiado escasa).

Algunos datos técnicos contextualizadores para que nos hagamos una ligera idea de a lo que nos enfrentamos: Dorohedoro es uno de los últimos trabajos del estudio de animación MAPPA, un auténtico torrente de proyectos ideados por Masao Maruyama (también fundador y exproductor de Madhouse) donde la libertad creativa y calidad de animación suelen ser su fascinante carta de presentación. Ahí quedan clásicos como En este rincón del mundo, Inuyashiki, Yuri on Ice!!! o Rage of Bahamut. En esta ocasión las tareas de dirección corren a cargo de Yuichiro Hayashi, de quien también se puede disfrutar en Netflix de su anterior y también muy recomendable trabajo: Kakegurui, un anime no apto para ludópatas. La adaptación del manga original, veintitrés volúmenes publicados entre los años 2000 y 2018 escritos e ilustrados por Q Hayashida, una reconocida artista caracterizda por su estilo audaz y su capacidad única a la hora de recrear universos alternativos, lleva la firma de Hiroshi Seko, un auténtico especialista en la materia que atesora en su carrera títulos tan conocidos como Banana Fish o Ataque a los Titanes

Queda claro que con estos mimbres el cesto debía de quedar bien apañado. Y así ha sido. Mediante un ritmo trepidante te adentras en dos mundos sombríos de violencia gratuita tan atrayente como desquiciante, dos espacios al límite donde unos personajes trastornados se moverán a sus anchas entre lo horrible y lo grotesco. El de arriba, paradójicamente conocido como El Hoyo, parece sacado de la perversa mente de Moebius, sobre todo a la hora de explorar una amplia paleta de posibilidades gráficas reinterpretando diversos estilos, recargados y detallistas, mientras que el de abajo, donde moran magos y hechiceros, supone una auténtica explosión de color. Un viaje caótico, sangriento, y muy peculiar a través de un agujero gloriosamente lúgubre.


Su atmósfera sombría y su animación “estilo Akira” encapsulan perfectamente la esencia de sus hilos argumentales.


Desde el punto de vista de su volcánica trama, se nos van aportando mínimos datos de información sobre los personajes y su naturaleza. Pero en cuanto que la dirección va a ser una, todo salta por los aires bifurcándose en mil y una intrigas secundarias que se van enroscando en una espiral ilimitada. Sin embargo, su atmósfera sombría y su animación “estilo Akira” encapsulan perfectamente la esencia de sus hilos argumentales. Todo ello salpicado de escenas de lucha apabullantes, y como comentábamos con anterioridad, con un sentido del humor desternillante e inteligente que alcanza su cúspide en un séptimo episodio apoteósico, en el que se disputa el partido de beisbol entre hospitales rivales más desopilante que uno pueda llegar a recordar. 

La escena de apertura del episodio presenta a Caiman y Nikaidou, quienes trabajan juntos contra dos de los malvados hechiceros de la ciudad. Si bien sus intenciones, en este momento, parecen poco claras, esta es la primera vez que vislumbramos el interior de la boca de Caiman. Devora la cara del hechicero en su boca de reptil y luego lo empuja hacia afuera después de unos segundos. Luego le pregunta si el hombre dentro de él le dijo algo. El hechicero responde con voz temblorosa y le dice que el hombre dijo que: “él no es el indicado”. Al darse cuenta de que el propósito del hechicero para él se cumple, Caiman lo corta sin piedad con su espada. Pero antes de que pueda apuntar al otro hechicero, solo logra escapar por uno de sus trucos.

Los héroes de la función son Caiman y Nikaidou. El primero sufre de amnesia y busca desesperadamente al mago que le maldijo con su cara de reptil. Mientras tanto, Nikaidou es su compañera quien lo acompaña a buscar otros hechiceros y luchar contra ellos. Ella también lo ayuda a lidiar con su hambre interminable de comida (sobre todo de gyozas) y le permite quedarse con ella. Paralelamente, se presentan los antagonistas de la serie. Estos villanos son, por supuesto, los hechiceros que experimentan despiadadamente su magia con las personas inocentes que malviven en El Hoyo. Como Caiman es la única criatura viviente que es inmune a su magia y ahora también los está matando uno por uno, comienzan a verlo como una gran amenaza. Caiman es bastante encantador, pero no se puede ignorar toda esa oscuridad que acecha en él. En este punto, él tampoco es muy consciente de todas las cosas que es capaz de hacer y esa es probablemente la razón por la que cree ser normal de nuevo. Incluso cuando se trata de los eclécticos personajes secundarios, todos son moralmente superficiales como los dos protagonistas, pero no obstante son agradables.

La premisa de Dorohedoro es tan extravagante como su nombre y lo que se suma a su atractivo es el humor seco y desértico de su protagonista. Teniendo en cuenta todo lo que ya se ofrece en el primer episodio, el enganche a la serie está garantizado. El derramamiento de sangre extremo se mantiene a lo largo de toda la temporada, pero hay mucho más que ofrecer y te acostumbras enseguida a navegar por su arte apartando menudillos y vísceras. Su nítida animación y sus atractivos escenarios apocalípticos estilo ciberpunk son suficientes para que te quedes con ganas de mucho más. Incluso los otros aspectos técnicos, como las bandas sonoras son cambiantes e industriales y encajan perfectamente con su esencia. Y aviso a navegantes: vale la pena aguantar hasta el final de los títulos de crédito de cada capítulo, porque además de bailar al son de las pegadizas tonadillas compuestas por el grupo de J-pop (K)NoW_NAME, nos obsquian con una síntesis delirante donde se destacan dos o tres frases que tienen que ver con lo que acabamos de descifrar. Puro goce surrealista.

Con mucha violencia y sangre derramada por metro cuadrado, secuencias de peleas espectaculares y elementos dramáticos que ahondan en la psique de los torturados personajes, Dorohedoro es, hasta la fecha, uno de los mejores animes del año, independientemente de su admirable final, que clama por una secuela.

Por: Francisco Nieto

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