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El Hombre sin Pasado: Arquitectura de la acción

02/05/2012

Won Bin (Tae-Sik) opina:

Me sentí feliz de participar en las secuencias rodadas con un estilo de artes marciales que nunca antes se había hecho en Corea. En su concepción, se han mezclado varias artes marciales, pero no es algo que se consiga sólo con el cuerpo, sino que parten de las emociones del personaje que interpreto. Fue duro pero divertido.

El Hombre Sin Pasado se llevó a cabo en un calendario muy ajustado, con 82 días de rodaje y 5 meses de producción. El equipo rodó en las afueras de Seúl y la provincia de Gyeonggi, prácticamente en todos los lugares que creyeron adecuados como localización. Uno de los aspectos más destacados de la producción, además de la meticulosidad del director a la hora rodar en localizaciones reales o estudio, es el extremo cuidado con el que se confeccionaron las escenas de acción, dotando a éstas de una arquitectura realista que humaniza al personaje de Tae-sik (Won Bin).

Desde que Michael Bay inaugurara la moda del montaje acelerado para dotar de dinamismo a las escenas de acción, son muchos los seguidores que le han salido. Desde luego entre ellos, no se encuentra ningún alumno de la escuela coreana. La violencia en el cine coreano no es una violencia estilizada o coreografiada (como lo puede ser la hongkonesa en sus films de finales de los ochenta con John Woo a la cabeza). Es una violencia sucia y que explota. Esto es muy característico de un país que se ha visto invadido a lo largo de toda su historia (por China, Japón, influenciado por los EE.UU). Vemos que la violencia se expande a lo largo de todos los géneros: acción (Shiri), thriller (El Hombre sin Pasado), del terror (A Tale of Two Sisters), del cine de gángsters (Friend).

Park Jung-ryul (director de acción de El Hombre sin Pasado) opina:

Al final todo se trata de hacer un esfuerzo. Incluso los niños saben que las escenas de acción que se ven en las películas no son reales. Lo importante para un director de acción es hacer creer que lo que se ve en pantalla es real. Intentarlo es ya de por sí divertido.

A principios de los años 90, cuando el mundo de los especialistas en Corea estaba formado prácticamente por técnicos extranjeros (procedentes de la industria honkgonesa), Park Jung-ryul, un joven de alrededor de 20 años, andaba como loco a la búsqueda de un centro deportivo que le enseñase las diferentes artes marciales que le habían cautivado desde su infancia. Así fue como descubrió la Escuela de Acción YMCA, el único centro privado especializado en la enseñanza de la acción en Corea. Por desgracia para Jung-ryul, el cine coreano se encontraba inmerso en su particular “época oscura” para las películas de acción. No sería hasta finales de los 90, aupado por los efectos de la Nueva Ola del cine coreano, el momento en el que la acción coreana sufre su primera metamorfosis, con la aparición de dos escuelas de acción, que emplean diferente metodología. La primera capitaneada por Jung Doo-hong, a la búsqueda de una acción con un amplio componente fantástico: Shiri (1999). The Gingko Bed (2000), y la otra, al mando de Shin Jae-myeong, emparentada con el realismo de las secuencias filmadas: Friend (2001), Spirit of Jeet Keun Do (2004). No hace falta decir que el director de acción de El Hombre sin Pasado, se apuntó a las enseñanzas de esta última escuela.

Las secuencias de acción rodadas en El Hombre sin Pasado no tienen precedentes en Corea. Tae-Shik, como ex-agente especial, muestra un estilo de combate (una combinación de artes marciales tradicionales asiáticas como Brunei Silat, Kali Filipino, Arnis), rápido y eficiente. Su excepcional estilo se basa fundamentalmente en sus propias manos y en el uso de armas mortales como hachas, cuchillos y pistolas. En la secuencia de acción que tiene lugar a mitad de la película, Tae-Shik usa los cuchillos con habilidad, demostrando ser más letales que sus propios pies y manos. Mientras se filmaban estas secuencias los actores tenían que actuar muy cerca unos de otros, por lo que se exponían a un alto riesgo de lesiones. Por este motivo, los dobles y los actores pasaron numerosas horas practicando y preparándolas y todo el equipo presente en el set estuvo pendiente de las medidas de seguridad. En especial Won Bin, ya que se trataba de su primer papel protagonista en una película de acción, trabajó con su físico y con las artes marciales, dedicando numerosas horas a entrenar para adquirir las habilidades necesarias para utilizar los cuchillos y las pistolas tal como lo haría un ex-agente especial. A pesar de que había un doble preparado para realizar las escenas más duras de la película, Won Bin se atrevió en la mayoría de ellas, lo que le hizo ganarse el respeto del equipo. Para la escena en la que Tae-Shik tiende una emboscada a la banda de narcotraficantes, se pidieron prestadas armas reales para aportar más realismo a la escena. Esta secuencia climática simboliza la rabia vengativa de Tae-Shik, expresada a través de disparos ensordecedores y una gran cantidad de casquillos cayendo al suelo. Los esfuerzos de los actores y del equipo para manejar la pesada maquinaria durante la semana de rodaje sobresalen en esta magnífica y artística secuencia.

Lee Jeong-beom (director de El Hombre sin Pasado) opina:

Siempre quiero mostrar algo que la audiencia no haya visto nunca antes. Así pues, en esta película intenté encontrar algo rápido y eficiente a la vez que realista. Excluimos las patadas extravagantes, los movimientos circulares y cualquier cosa grandilocuente y fuimos directamente a por los movimientos simples y directos. 

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