Ver una película del director surcoreano Hong Sangsoo se parece a regresar a un libro que uno leyó hace años y decidió abrir de nuevo una tarde cualquiera. Las frases no son exactamente las mismas que recordábamos, pero el eco permanece. Hay personajes que nos resultan familiares, conversaciones que parecen repetirse con pequeñas variaciones y habitaciones donde uno entra con la extraña comodidad de quien ya estuvo allí antes. En el cine de Hong Sangsoo siempre existe esa sensación de retorno: como si cada película fuese una variación delicada sobre las mismas preguntas esenciales.
Pocos cineastas contemporáneos han construido una obra tan reconocible con materiales aparentemente tan sencillos. En tres décadas de carrera y más de cuarenta películas, Hong ha convertido los paseos, las comidas, el alcohol compartido y las conversaciones incómodas en una forma de exploración moral. Sus películas no avanzan como una trama tradicional; se deslizan como una conversación que empieza hablando del tiempo y termina revelando heridas familiares, ambiciones frustradas o deseos que nadie se atrevía a nombrar.

Los títulos de sus películas suelen funcionar como pequeñas puertas de entrada. Son simples, casi transparentes, pero dejan entrever aquello que el director quiere observar. Su nueva película, ¿Qué te dice esa naturaleza?, que se estrena el 29 de mayo, ya contiene una promesa antes de apagarse las luces de la sala: habrá un paseo, árboles, caminos, silencios y, probablemente, un cambio imperceptible pero irreversible entre sus personajes. En el universo de Hong Sangsoo nadie sale exactamente igual de una caminata.
La historia gira alrededor de Donghwa, un poeta treintañero de Seúl que, tras tres años de relación, acompaña a su novia Junhee a visitar a sus padres. Llega en un coche antiguo, con la idea de quedarse apenas unas horas y regresar a la ciudad. Pero la casa familiar —situada en una colina y rodeada de naturaleza— actúa como una trampa amable. Fascinado por el paisaje y empujado por la hospitalidad insistente del padre, Donghwa termina quedándose una noche.
Y ahí comienza el verdadero cine de Hong Sangsoo.
Durante un día y una noche compartimos con la familia paseos junto al río, visitas a templos, comidas improvisadas y largas conversaciones lubricadas por vino, makgeolli y licor fuerte coreano. Poco a poco, como ocurre cuando el alcohol baja las defensas y el cansancio vuelve sinceras las palabras, empiezan a aparecer las pequeñas grietas de cada personaje. Las conversaciones no explotan: se agrietan lentamente. Y por esas grietas se cuela la verdadera naturaleza de todos ellos.

Porque la “naturaleza” a la que alude el título no es únicamente la del paisaje. Los árboles, las colinas o el agua funcionan como un espejo silencioso donde cada personaje termina reflejándose. Donghwa, por ejemplo, es hijo de un prestigioso abogado de éxito —una figura equivalente en España a la de José Antonio Choclán, conocido por defender a grandes personalidades mediáticas—. Ese detalle deslumbra inmediatamente a los padres de Junhee, que ven en el joven una posible escalera hacia una posición social más alta. Pero Donghwa pertenece a otra especie humana: la de quienes deciden vivir al margen de las expectativas familiares. No pide favores a su padre, no quiere aprovechar su apellido y persiste obstinadamente en el sueño improbable de ser poeta, aunque tenga treinta y cinco años y todavía no haya publicado un solo verso.
Uno de los personajes más fascinantes de la película es la hermana mayor de Junhee. Vive casi recluida, dedicada a tocar un instrumento tradicional coreano y a desaparecer de nuevo en su habitación después de cada comida. Pero cuando habla, sus palabras caen sobre la mesa con la precisión de una piedra lanzada contra un cristal. En mitad de la cena, y después de varias copas, le dice al protagonista una frase aparentemente inocente: “Siempre puedes acudir a él”. No hay insultos ni dramatismo explícito, pero la tensión estalla de inmediato. La frase cae en la mesa como una mina olvidada de la Guerra de Corea: silenciosa durante años, devastadora en el momento exacto.
Ese es el gran talento de Hong Sang-soo. No necesita subrayar el conflicto. No juzga a sus personajes ni construye héroes o villanos. Simplemente coloca la cámara frente a ellos y espera. Y mientras comen, beben o pasean, son ellos quienes terminan desnudándose ante el espectador.

¿Es egoísta la madre por haber sacrificado parte de su vocación artística para conseguir estabilidad laboral? ¿Es el padre un excéntrico incapaz de medir las distancias sociales, dispuesto incluso a probar el coche del novio apenas cinco minutos después de conocerlo? ¿Es Junhee una romántica preparada para abrazar una vida austera junto a alguien que quizá nunca publique un libro?
Las películas de Hong Sangsoo nunca responden del todo a estas preguntas. Más bien las dejan suspendidas en el aire, acompañando al espectador cuando abandona la sala. Y ahí reside buena parte de su encanto. En un tiempo donde tantas películas parecen empeñadas en explicarlo todo, Hong sigue confiando en los silencios, en los rostros pensativos y en las conversaciones que se desvían aparentemente de su tema hasta revelar, de repente, algo esencial.
En ¿Qué te dice esa naturaleza? tampoco faltan los elementos clásicos de su cine: los zooms repentinos, los planos secuencia aparentemente casuales y esa sensación de intimidad improvisada que convierte al espectador en un invitado más de la mesa. Un verso libre dentro de la cartelera contemporánea. Una película pequeña en apariencia, pero llena de preguntas capaces de acompañarnos mucho después de salir del cine.
Una crítica de Enrique Garcelán (CineAsia)