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Un cuento de hadas en la moderna Taipei: La chica zurda

28/01/2026

Tras su estreno mundial en la Semana de la Crítica de Cannes —donde obtuvo el Premio a la Distribución de la Fundación Gan y fue adquirida por Netflix en casi todos los territorios, a excepción de siete países entre los que se encuentra España—, la ópera prima de la directora y guionista Shih-ching Tsou llega a las salas españolas el próximo viernes. En un mundo polarizado por las supuestas “necesidades” imperialistas de las grandes potencias, resulta difícil que una película vivida como un cuento de hadas no termine tocando el corazón del espectador.

Y sí, desde luego que lo hace.

La chica zurda es un proyecto gestado a cuatro manos por Shih-ching Tsou y el realizador estadounidense Sean Baker (The Florida Project), iniciado en 2012. Baker participa como productor, coautor del guion y montador, mientras que Tsou dirige y sitúa la historia en Taipei, una ciudad vibrante y abarrotada de vida. La directora pone el foco especialmente en los mercados nocturnos, donde el colorido de los puestos, el aroma de la comida y las conversaciones de medianoche se convierten en el auténtico corazón de la capital taiwanesa.

La película sigue a tres generaciones de mujeres de una misma familia que regresan a Taipei tras un tiempo fuera: la madre, Shu-Fen, separada, y sus dos hijas, I-Ann —que ya ha dejado atrás la adolescencia— y la pequeña I-Jing. Pronto comienzan a aflorar los secretos que cada una guarda: la relación con un padre prácticamente ausente que reaparece en sus vidas, unos abuelos más preocupados por el dinero fraudulento que obtienen en sus viajes a Estados Unidos que por su familia, o la devoción casi enfermiza de la abuela hacia su hijo, al que apenas ve. Nuevos personajes se integran en el relato y exponen a las protagonistas a los vaivenes propios de una historia donde las hadas, a veces, se hacen esperar.

Uno de los grandes méritos de La chica zurda reside en la cercanía con la que la cámara —un iPhone— retrata a estas tres mujeres en su búsqueda de una salida vital en Taipei. Shu-Fen anhela una estabilidad económica y emocional que le permita retomar una vida interrumpida hace tiempo. I-Ann, una joven que debería estar cursando estudios universitarios —algo que su familia no puede permitirse—, trata de afirmarse a través de la rebeldía y de convertirse en la persona que desea ser. Y, finalmente, la pequeña I-Jing sufre durante un tiempo la superstición de que la mano izquierda es la mano del diablo, una idea que su abuelo no duda en recordarle.

Los cuentos de hadas suelen tener finales felices. En La chica zurda, sin embargo, los giros y las sorpresas hacen que el viaje de sus protagonistas esté a punto de naufragar en numerosas ocasiones. Pero basta con observar el rostro de I-Jing, o verla bailar como si fuera una influencer, para que la historia se ancle en una realidad que deja atrás hadas y brujas, transformando a sus personajes en seres de carne y hueso. Es entonces cuando la película emociona de verdad y, sí, alguna lágrima termina escapándose.

Una crítica de Enrique Garcelán (CineAsia)

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