Tigre y Dragón (Ang Lee, Taiwán, 2000)

Ficha Técnica: Año: 2000. Director: Ang Lee. País: Taiwán. Género: Wuxia. Con: Chow Yun Fat, Michelle Yeoh, Zhang Ziyi, Chen Chang, Sihung Lung.

“Hacer películas de artes marciales en inglés para mí es lo mismo que ver a John Wayne hablando chino en un western”. Sabias palabras que pronunció Ang Lee en el momento del estreno de Tigre y Dragón.

Mediante un episodio de la novela original escrita por Wang Du Lu, Ang Lee se acercó a los apasionantes mundos del “wuxia pian”, es decir, a las viejas historias de espadachines románticos popularizadas a través de la literatura desde hace poco más de un siglo, y que el cine chino ha convertido en un género idiosincrásico de su propia industria. El realizador quiso rendir un merecido homenaje a este tipo de películas tendenciosamente “pulp”, pero sin apostar por ese clasicismo al que van asociadas, optando por occidentalizar algunos aspectos de las viejas tramas de guerreros voladores y maestros borrachos (de esta manera se aseguraba una mejor comprensión por parte del público occidental, al que en parte iba dirigida la película). Sea como fuere, no reformuló las bases del género para refundarlo, simplemente procuró que su trama fuera un poco más comprensible, pues si algo caracterizaba al “wuxia” era esa confusión y sobrepoblación de personajes que muchas veces impedía seguir sus historias por la imposibilidad de conectar a todos los figurantes con el relato. Aunque éste era uno de los secretos para disfrutar de las añejas cintas, Lee intentó pulir esas concreciones genéricas para que la crítica y el público no confundieran el concepto de “historia coral mágica” con los posibles altibajos narrativos fruto de una mala praxis del “script”. Seguramente esa magia de los viejos “wuxia” se perdió, pero ganó en lirismo y sentimentalismo, pues hasta entonces en pocas producciones del género habíamos derramados lágrimas.

Aunque se ha especulado mucho sobre los porqués del fracaso del filme en su propio país natal (fracaso relativo teniendo en cuenta la cantidad indigesta de propuestas similares que se estrenaban por esas tierras, sobre todo en Hong Kong), y valorando la recaudación total mundial, lo cierto es que gracias a Tigre y Dragón, el espectador neófito pudo acercarse a la magia del “wuxia pian” o, si se quiere, al viejo cine de artes marciales.

Resulta evidente que Lee no revolucionó el medio, en todo caso lo glorificó, pues para poder rodar las filigranas visuales con las que sorprendió a las audiencias amateurs (traducido en el uso del cable típico en este tipo de producciones), se inspiró en otros cuentos marciales ya existentes, sobre todo los que había filmado su compatriota King Hu, en especial las dos partes de A Touch of Zen (1969~1971), o los de la mítica Shaw Brothers.

En todo caso, y prescindiendo de los elementos narrativos y visuales que predominan en estos relatos, Lee construyó una aventura muy dinámica partiendo de una base fantástica, que a veces conseguía hacer vibrar al espectador y, en otras, que se emocionara con los personajes (excelentes dotes expresivas de Michelle Yeoh; descubrimiento de la ahora popular Zhang Ziyi y grata sorpresa de un Chow Yun-Fat menos acartonado que en sus incursiones en Hollywood).

Algunos pensaron que solamente era un espectáculo coral de exótica estética abigarrada, y muy probablemente no iban tan desencaminados, pero también es un viaje iniciático a una cinematografía muy lejana a través de su cultura popular. La virtud, pues, que se puede extraer de una película como Crouching Tiger, Hidden Dragon (título más poético que el de su castellanización), es la de dignificar un género que hasta la fecha había sido menospreciado de forma abusiva por una serie de prejuicios culturales, prejuicios que Ang Lee quiso romper para reafirmar sus raíces natales.

Eduard Terrades Vicens

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