Sitges día dos: Sitges bajo el terror del monstruo

shin gojira poster1Shin Gozilla

Doce años ha tardado Godzilla (Gojira) en volver a Japón, desde que Ryuhei Kitamura le despertara para Godzilla: Final Wars (2004), el ‘film total’ de la criatura con el que se celebró el 50 aniversario de su nacimiento y se clausuraba hasta nuevo aviso la serie. El pinchazo de aquél (no muy bien recibido ni por la crítica ni por el público) tal vez explique el largo hiato hasta Shin Godzilla, así como su cambio de enfoque.

El polisémico título japonés de la cinta, Shin Gojira, puede traducirse tanto ‘Dios Godzilla’ como ‘Godzilla verdadero’ o ‘Nuevo Godzilla’, y eso último es precisamente lo que se plantea, un reboot de la franquicia made in Japan que la aleje de la versión norteamericana (también reactivada hace dos años) a la vez que aporte novedades respecto a lo anteriormente realizado en los estudios de la Toho. Por ejemplo, este monstruo, nos dicen, es el más grande visto antes en pantalla: 118,5 metros de altura.

Dejando a un lado esta y otras peculiaridades físicas, lo que verdaderamente distingue a la nueva entrega es su enfoque narrativo. Los directores Hideaki Anno (de la saga Evangelion) y Shinji Higuchi (Ataque a los titanes, El hundimiento de Japón) descartan el planteamiento de la acción pura concebido por Hollywood y por Kitamura (quien quiso recuperar el “espíritu loco” de las películas de los años 70) y retoman la senda del film dialogado, que ya había caracterizado a la serie, pero llevándolo al paroxismo. Los personajes se enzarzan constantemente en discusiones sobre la mejor manera de actuar ante la amenaza, revelando una confusión, ineptitud e inoperancia que debe leerse en clave política. El desastre del terremoto de 2012 en Japón, al que se alude visualmente durante el ataque del monstruo, puso en el punto de mira a las autoridades y a sus ‘protocolos’, y este nuevo Godzilla ha venido a mostrar sus vergüenzas, como el original vino a denunciar la locura atómica.

Las escenas más espectaculares, pues, están dosificadas, pero harán las delicias del aficionado. Sus efectos especiales, que combinan tecnología digital y medios tradicionales, lucen como nunca (aunque flojean en algún momento), y nos muestran a un Godzilla con capacidades destructivas inéditas.

age-of-shadows-poster1The Age of Shadows

Tras hacer las Américas con moderado éxito dirigiendo a Arnold Schwarzenegger en la cinta de acción El último desafío (2013), Kim Jee-woon vuelve a Corea y vuelve a thriller (con mucha acción, eso sí) en The Age of Shadows, film con ambientación de época en que se aborda la ocupación japonesa de Corea a principios del siglo XX desde una compleja perspectiva. Los protagonistas de la historia son, por un lado, un grupo de militantes de la resistencia armada contra el invasor, y por otro, un coreano colaboracionista, cuyos dilemas morales marcarán los puntos álgidos del drama.

El argumento (que no reproduce hechos concretos, pero sí dice inspirarse en situaciones reales) es enrevesado, especialmente en la primera parte del film, y pide del espectador no solo una fina atención sino también cierto conocimiento del contexto histórico para poder seguir el hilo y entender las motivaciones de los personajes. Nada demasiado perjudicial o que deba echar para atrás a quien busque un buen entretenimiento, pues la espectacularidad del film atrapa desde el minuto uno. No en vano, tras la cámara se encuentra un cineasta de extraordinaria habilidad técnica, forjada en cintas como A Bittersweet Life (2005), El bueno, el malo y el raro (2008) o Encontré al diablo (2010).

El film representará a Corea del Sur en la carrera hacia el Oscar a la mejor película de habla no inglesa. Muchas voces han protestado porque no se haya elegido a la que parecía favorita, The Handmaiden de Park Chan-wook, pero The Age of Shadows está coproducida por Warner Bros. (Hollywood no quiere perder de vista a Kim), y eso debe dar puntos, ¿no? En cualquier caso, al país asiático le tocaría ya llevarse la estatuilla.

el-himno-del-corazon1The Anthem of the Heart

Los institutos son uno de los escenarios principales en el mundo del anime, resultando un lugar cercano para el espectador habitual, pero pocas veces encontramos una historia que profundice en ese momento de la vida y  en temas como el aislamiento social que atenaza a la sociedad japonesa de la forma en que lo consigue la cinta de animación The Anthem of the Heart. La película toma como protagonista a una joven que dejó de hablar siendo niña, al sentirse culpable tras provocar el divorcio de sus padres al avisar sin darse cuenta de la infidelidad de su padre. Convertida en una estudiante solitaria, a la fuerza interactuará con tres compañeros, tampoco escasos de sus propios problemas de comunicación, al preparar una actividad escolar: un musical. Los cuatro protagonistas, con personalidades muy diferentes, conseguirán encontrar en el trabajo conjunto una manera de expresar sus problemas y frustraciones.

El dúo formado por el director Tatsuyuki Nagai y la guionista Mari Okada vuelven a crear una sólida historia con contenido aun partiendo de lugares tópicos, definiendo a cada personaje y dotando a la historia de una sensibilidad especial, fluyendo con total naturalidad y llegando al corazón del espectador. Partiendo del personaje principal, la enmudecida Naruse a la que vamos conociendo gracias a pequeños detalles que reflejan su personalidad como esos momentos de explosión sentimental, poco a poco se va arropando la historia con el resto de personajes, dando una visión coral de la adolescencia donde problemas que se podrían resolver de manera sencilla parecen montañas insalvables.

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