Sitges 2012: The Great Magician (Hong Kong/China, 2011)

Director: Derek Yee País: Hong Kong-China. Año: 2011 Con: Tony Leung Chiu-Wai, Lau Ching-Wan, Zhou Xun, Wu Gang, Wang Ziwen Género: Drama, Comedia Duración:128 m.

Sinopsis: Ambientada en 1916, durante el periodo posterior al colapso de la Dinastía Qing y la usurpación de las fuerzas japonesas, The Great Magician nos explica la historia de un misterioso mago llamado Zhang Xian que llega a un pueblo gobernado por el General Lei Daniu, quien deseoso de ganarse el afecto de su séptima esposa, esquiva a los parabienes que le procura día tras día, no duda en requerir los servicios del singular ilusionista sin saber que entre ellos existe una historia de desamor que está a punto de vivir un nuevo episodio. Mientras tanto, el padre del mago se encuentra prisionero bajo el yugo del General, lo que conlleva la preparación minuciosa de un rescate.  

Crítica: Parece ser que aunque las distintas celebraciones por el centenario de la Revolución China de 1911 ya llegó a su fin, el filón cinematográfico que supuso, y que nos dejó joyas fílmicas tan ‘ejem, ejem’, magníficas como The Founding of a Republic de Sanping Han y Huang Jianxin, o la menos exasperante 1911, de Jackie Chan, se ve ahora prolongado por otros proyectos postreros como este The Great Magician. Y es que Derek Yee, aclamado y premiado director al que recordamos por films como One Night in Mongkok (2004) o las más recientes Shinjuku Incident (2009) y Triple Tap (2010), vuelve a contextualizar un film en una época de marcadas intrigas políticas en un momento en que China estaba dominada por los Señores de la Guerra, con potencias extranjeras como el Imperio de Japón deseosas de hacer un hueco en el Reino Medio a través de la diplomacia velada que implicaba, entre otras cosas, el comercio de armas con jefes militares seleccionados. Pero al ex actor de los hermanos Shaw no le interesa tanto un análisis profundo de la situación política de su país en ese instante como ofrecernos un producto de consumo rápido donde las escenas de acción y magia se mezclan de forma atropellada con una historia de amor y algunas subtramas que no acaban de funcionar. Yee ha demostrado con creces ser un maestro a la hora de conjugar en pantalla la integridad artística con los objetivos comerciales. Aquí no se trata de una excepción, aunque sí que se acusa cierta descompensación a la hora de analizar las interpretaciones del trío protagonista. Tanto Tony Leung Chiu-Wai como Zhou Xun han disfrutado de trabajos mucho más recomendables que éste, y es que el primero nos ofrece una actuación muy poco matizada, y se muestra demasiado estoico en los, por otro lado, múltiples espectáculos de magia que jalonan el film, a parte de que su rol de Casanova no le acaba de sentar muy bien. Pero para actitudes pétreas y hieratismo actual el de Zhou Xun, que se muestra tan parca de gestos durante todo el desarrollo de la trama que llega un momento en el que no sabes si es parte del personaje o es que le ha atacado algun tipo de parálisis facial. Es cierto que por exigencias del guión debe mostrar todo el rato una ambigüedad latente, pues la gracia del asunto estriba en que no sabes si al final se va a quedar con el General que hace lo indecible por tenerla contenta o con el antiguo amor que la dejó plantada en el altar y años después ha vuelto arrepentido, pero se hubiera agradecido un poco más de gestualización y gracejo como el que muestra, por ejemplo, en otro film de reciente factura, Painted Skin: Resurrection, donde realmente lo borda. Por último, quien sí se lleva el gato al agua y actúa como robaescenas absoluto es Lau Ching-Wan, espléndido como enamorado despechado que es capaz de mover carros y carretas para conseguir la atención de su prometida Yin.

Desde luego, este film no aguanta comparación alguna con trabajos de la talla de The Prestige, de Christopher Nolan, o El Ilusionista, de Neil Burger, pero se ha de tomar como un relato ligero que bordea en más de una ocasión el terreno del vodevil. Si se busca un análisis más profundo o segundas lecturas, el espectador saldrá de la sala bastante decepcionado, pues aquí no existe más cera de la que arde. Y lo cierto es que es una pena, porque los firmantes del libreto, Nam Chun Tin y Lau Ho Leung pasan por ser dos de los guionistas más reputados de su país, con títulos tan celebrados como Painted Skin (2008) o Bodyguards and Assassins (2010).

Para salvar de la quema, destacar la primera media hora de metraje, que aglutina una cantidad de trucos y vistosos números de magia que en algún instante llegan a ser deslumbrantes, como aquél en el que Zhang juega con fuego o manipula con destreza pinturas serigrafiadas para recrear su pasado romántico. Pero es poco bagaje para un conjunto que se resiente de su incapacidad de armonizar la intriga política y el humor sainetesco que acaba por imponerse, al igual que es superada por una serie de subparcelas inanes como la de los espías japoneses disfrazados de cineastas, o la conspiración monárquica que llevan a cabo algunos acólitos del poder establecido para que vuelva a reinar el Emperador de Manchuria.

En definitiva, una exploración de la magia y el cine como medios paralelos, que no acaba en ningún momento de tomarse en serio a sí misma, y es que parece que Derek Yee no se siente tan cómodo en el terreno de la dramedia como en el thriller, donde sí maneja los hilos de forma harto satisfactoria. El problema radica en que, aunque parece que todos los intérpretes se lo han pasado pipa recreando una época en la que la magia era tan potente como la brujería para un público crédulo, esta felicidad no se transmite al espectador, que acaba por perder la paciencia y desenchufándose de lo que acontece.

 Lo mejor: Lau Ching-Wan, un actor a reivindicar.

Lo peor: Quiere ser tan graciosa que acaba empalagando.

Por nuestro colaborador Francisco Nieto

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