San Sebastian 2018: Un asunto de familia, Mirai mi hermana pequeña, Alpha: the Right to Kill

Estos días estamos en el Festival de San Sebastián, donde hemos tenido la oportunidad de ver algunos de los títulos más interesantes de la cosecha asiática del 2018, a la par que conversar con sus directores. Hoy queremos reseñar tres de las películas grandes de esta 66 edición del festival, Un asunto de familia del merecidísimo Premio Donostia Hirokazu Koreeda, Mirai, mi hermana pequeña de Mamoru Hosoda. y Alpha: The Right to Kill de Brillante Mendoza. Comenzamos:

 

Un asunto de familia 

Hirokazu Koreeda vuelve a los temas que ya trató en dos películas anteriores con Un asunto de familia: en De tal padre, tal hijo, nos hablaba de los vínculos genéticos vs los lazos establecidos a través del amor y el cariño aunque no se tenga consanguinidad; y por otro lado, en Nadie sabe, nos contaba la indefensión de unos niños ante la sociedad y los servicios sociales japoneses. Ambos temas son tratados con mayor profundidad en su nueva película: Un asunto de familia, Palma de Oro en el Festival de Cannes de este año, que retrata “una familia” que no es real, solo una ficción en la mente de cada uno de los integrantes de la misma, pero en la que, en su conjunto, funcionan los mismos roles que en un seno familiar cualquiera.

Esta vez, Koreeda, a excepción de momentos puntuales, no hace concesión a la galería: es decir, es una película dura y al acabar triste… pero sumamente coherente con toda su filmografía. Un asunto de familia, que tendrá estreno en España (a finales de este mismo año), ha funcionado sorprendentemente bien en Japón. Tal como nos decía el propio Koreeda entre risas: “no creo que vuelva a hacer una película que haga más taquilla en Japón que los últimos “Vengadores” de Marvel”… Nosotros esperamos que no sea así. ¡Felicidades maestro por su Gran Premio Donostia y por su maravillosa película! ¡Ha vuelto usted a dar en la diana!

 

Mirai, mi hermana pequeña

La filmografía de Mamoru Hosoda se mueve en un territorio muy definido, al que podríamos llamar costumbrismo fantástico. Historias que temáticamente han explorado la juventud, la familia, la maternidad y la paternidad añadiendo elementos de género fantástico. Una obra coherente y sólida, en la que un proyecto parece enlazar con el otro como si estuvieran situados en un mismo universo personal. Su nuevo trabajo Mirai, mi hermana pequeña encaja perfectamente siguiendo esa línea cohesiva al tratar en este caso la fraternidad, aunque con algunos matices muy interesantes. En ella, la llegada de un bebé no es recibida de la mejor manera por el pequeño Ken, el primogénito que pierde las atenciones de sus padres ante la pequeña Mirai. El niño llegará a odiar a su hermana, pero desde ese momento comenzará a entrar en una dimensión paralela en la que rebirirá la visita de, entre otros, la versión adolescente de Mirai.

Hosoda opta por llevarnos a la infancia para, por un lado mostrar la historia de los dos hermanos y la competencia fraternal que suele sentir el hermano mayor ante la llegada de un nuevo bebé. Basada una vez más en su propia experiencia personal, está repleta de momentos de puro pataleo con la que seguro millones de padres se sentirán identificados, pero por otra parte también profundiza en el ciclo continuo de la vida. Es muy interesante como el director decide mirar hacia atrás, hacia la infancia, para reflexionar sobre el futuro, la adolescencia y la edad adulta, conectando a las tres generaciones de personajes, sus acciones del pasado y las posibilidades infinitas de Ken. Esta es una producción hasta cierto punto valiente, ya que puede terminar por quedarse a medio camino; demasiada presencia infantil para gustar al público adolescente habitual del cine de animación, demasiado género fantástico para cierto público adulto. Pero en todo caso Mirai, mi hermana pequeña, probablemente su película más madura, suena como un paso natural más en su filmografía, en la que parece que estemos siguiendo la historia de su propia familia. Viajar al universo de Mamoru Hosoda siempre tiene recompensa.

 

Alpha: The Right to Kill

Brillante Mendoza vuelve a los orígenes, no por los temas que aborda en Alpha, the Right to Kill, su última película, sino por la puesta en escena. Recuerdan esa cámara en mano, salvaje, rápida y siempre en movimiento, esa imagen sucia, a veces incluso borrosa, y esos primeros planos que en algunos momentos parecen acosar a los personajes, a sus inicios en películas como Tirador, Serbis o incluso Kinatay. En cuanto a la temática, parece una moda en Filipinas que algunos de sus más conocidos directores (Erik Matti, Khvan de la Cruz) dediquen sus últimos trabajos a la ola de corrupción destapada desde que el presidente de Filipinas Duterte iniciara su acoso y derribo contra el tráfico de drogas. Porque de eso trata Alpha, the Right to Kill: seguimos las correrías de un oficial de policía y de su confidente en su día a día, no solo en sus respectivos “oficios” sino en su vida cotidiana y familiar. Una redada de la policía a uno de los narcotraficantes más conocidos en una popular barriada de Manila, pondrá patas arriba sus “chanchullos”…

Brillante no juzga, no critica la política de muertes de Duterte en las redadas, pero tampoco la defiende… Su cámara actúa como mero testigo de unos hechos de sobra conocidos, de sobra destapados en la prensa filipina… y de sobra sabidos por la población del país. Como ya hiciera en su serie de televisión (que puede verse en Netflix), Amo, Brillante Mendoza recoge el pulso de los últimos tiempos en Filipinas y de qué manera… No es una película que supere algunos de sus previos y excelsos films como Foster Child o la mencionada Kinatay, pero sin duda es mejor que sus últimos trabajos.

 

 

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