Rastros de Sándalo: un paseo intercultural

CartelA pesar de la divertida experiencia que supuso el rodaje de Zindagi Na Milegi Dobara, la conectividad entre las cinematografías india y española es tan invisible como lo es la distribución de cine (mejor sería de hablar de cines indio/s) en la cartelera española.  La directora Maria Ripoll se ha unido a la productora, guionista y coautora de la novela que da título a la película Anna Soler-Pont, y a Asha Miró, para rodar Rastros de Sándalo, film que transita entre Mumbai y Barcelona, en el que dos hermanas, separadas en su infancia, buscarán el reencuentro anhelado durante largo tiempo.

09Querer emparentar Rastros de Sándalo con el cine de Bollywood vendría a ser lo mismo que visitar la India desde una agencia de viajes. La historia que retrata la película tiene una conexión con el cine popular que se rueda en la India, denominado cine masala,  en una de sus protagonistas, Nandita Das (actriz y directora de cine protagonista de varios films de Mira Nair y directora de Firaaq). La actriz interpreta a Mina, una estrella del cine de Bollywood, de pasado humilde, que busca a su hermana de la que fue separada en la infancia, y de la que no sabe nada desde entonces. Hay dos o tres secuencias del film (la más destacada es la presencia de Mina en el estreno de Sholay, uno de los referentes del cine popular indio), en la que el espectador occidental puede oler lo que significa ir al cine en India, para una población que desea soñar durante los 180 minutos que dura la película, y dejarse seducir por sus protagonistas, los buenos, los malos, o las canciones que inundan la pantalla.

foto-nandita-das-en-rastros-de-sandalo-3-379Rastros de Sándalo apuesta por la inmersión de dos culturas (la india y la occidental), a través de dos hermanas. Quizá cuanto más se aleja la directora de la Barcelona de Gaudí (del Parque Güell, o de las construcciones del gran arquitecto en el Paseo de Gracia), y la película se adentra en el terreno del barrio del Raval, es cuando el film cobra una cierta dimensión,  al recorrer los locutorios en los que se venden películas piratas indias (de Bollywood, Kollywood, Tollywood…) días después de su estreno en India, y se camina por unas Ramblas multiétnicas para llegar al mar Mediterráneo.  Quizá se peca de creer que la normalización lingüística ha llegado a toda la población (sería más normal en un film que se habla en catalán, inglés e  hindi, haber introducido el castellano para alguno de los secundarios de la trama), pero es ahí, en esa otra Barcelona, donde encontramos el alma de la película.

Pequeños detalles, como ese cine de Mumbai donde dos jóvenes empiezan una relación al compás de la música de Sholay, o la fragilidad de una Rosa Novell que humaniza la historia en los instantes en los que da vida a la madre adoptiva de Sita (una Ainoa Clotet que cumple en su difícil rol de hija adoptiva), es donde el film de Maria Ripoll cumple su cometido, y nos permite adentrarnos en la trama de la separación, de la búsqueda de la identidad, o del inmenso poder del dejarnos llevar. Es ahí, donde Rastros de Sándalo nos deja el rastro al que poder aferrarnos. Y por momentos nos sentimos como si nos encontráramos en una sala de cine a miles de kilómetros de distancia.

Enrique Garcelán

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