Nosolocine te propone una lectura para verano: “Japón Sobrenatural”, de Daniel Aguilar

Daniel Aguilar, bien conocido por los aficionados españoles al cine fantástico y de género nipón, acaba de darnos el que es, posiblemente, uno de los mejores libros publicados no solo sobre este tema, sino, en general, sobre la cultura japonesa y su relación con el mundo sobrenatural y del más allá. “Japón Sobrenatural” (Satori Ediciones), es un fascinante recorrido por la presencia de lo ultramontano, fantástico y fantasmal en el panorama de las artes y la literatura de Japón a lo largo de su historia, que respira autenticidad y conocimientos por los cuatro costados.

            No en vano, su autor lleva viviendo en Japón, donde reside actualmente, desde el año 1992, lo que sumado a su pasión por el cine y, en concreto, por el cine fantástico y popular –característica que comparte, obviamente, con su hermano Carlos, conocido escritor y crítico cinematográfico-, le ha llevado a convertirse en un verdadero experto en materia tan exótica y esotérica como el cine fantástico y de terror nipón, además de otros géneros, como el yakuza eiga. Pocos son quienes, como él, pueden presumir de conocimientos de primera mano, combinados con inagotable curiosidad y genuino interés. Por mucho que en ocasiones se pueda disentir de sus opiniones o juicios críticos –tan subjetivos y respetables o tan subjetivos y discutibles como todos-, nadie puede dudar de una autoridad basada firmemente en la experiencia directa, el conocimiento del idioma, el acceso a las fuentes originales y la proximidad y amistad con profesionales del mundo cinematográfico y cultural nipón. Todo ello, es evidente en la apasionante lectura de “Japón Sobrenatural”, que se convierte en mucho más que un “simple” libro de crítica o historia cultural, para sumergirnos en la atmósfera única y distintiva de un mundo tanto más fascinante cuanto más distinto al nuestro.

            Lo cierto es que, aunque Daniel Aguilar se ocupa estrictamente de las manifestaciones culturales de lo sobrenatural en el panorama nipón, éstas son tan importantes y significativas, que “Japón Sobrenatural” resulta un libro indispensable sobre el Japón mismo, en un sentido mucho más amplio. Un compañero de viaje que llevar junto a obras como “El Crisantemo y la Espada” de Ruth Benedict o “¿Qué es Japón?” de Taichi Sakaiya, en nuestra mochila imaginaria, si queremos intentar comprender un poco siquiera el imaginario cultural y, por ende, la filosofía y la mentalidad japonesas. Todo lo referente al Más Allá, al mundo de los aparecidos, la vida después de la muerte y las criaturas feéricas legendarias, está, como explica didácticamente Aguilar, tan íntimamente ligado a las creencias religiosas japonesas, e incluso a su manifestación en la vida cotidiana, al tiempo que a su cultura popular y pop –no siempre lo mismo-, que es imposible separarlo de su ethos específico y singular, por lo que “Japón Sobrenatural” es también instrumento indispensable para aproximarnos a la realidad de su país protagonista, su cultura, sus habitantes –vivos, muertos y ambas cosas-, su arte e incluso su geografía.

            Lo más sorprendente es que el libro de Aguilar, aunque constituya en su segunda mitad una recapitulación y puesta al día en algunos aspectos de “Cine Fantástico y de Terror Japonés. 1890-2001”, el indispensable volumen que escribiera en colaboración con su hermano Carlos y el ya fallecido Toshiyuki Shigeta –a quien rinde cariñoso homenaje en las páginas de “Japón Sobrenatural”-, para la Semana de Cine Fantástico y de Terror de San Sebastián, y buena parte del mismo esté consagrada a la evolución del cine japonés de temática sobrenatural, en claro contraste con aquél, su extensa primera parte se ocupa principalmente, de forma entretenida, documentada y erudita, de la evolución del género desde sus orígenes de índole religiosa y mitológica, hasta su paso a la cultura popular moderna, a través, sobre todo, de la poco conocida en Occidente historia del teatro kabuki, con su espléndido e inagotable catálogo de obras fantásticas y sobrenaturales, que constituirán, precisamente, el acervo original del que habrán de nutrirse después el cinematógrafo, las obras literarias o el manga. Descubrimos así un repertorio kabuki de sangrientas, líricas y grotescas historias de fantasmas vengativos –casi siempre femeninos-, espectros de samuráis errantes y tragedias sobrenaturales, entretejido con episodios de la Historia del propio Japón, con sus luchas feudales y episodios heroicos. Todo este universo, del que es exponente fundamental la obra de Tsuruya Namboku IV, es retratado por Aguilar con pasión y amenidad, pero quedaría incompleto para el lector occidental, de no ser por el inmenso acierto de incluir completa la primera traducción al español de, precisamente, la más famosa, representada y versionada obra del propio Tusuruya: “La Historia Sobrenatural de Yotsuya”, estrenada en 1825. Verdadera joya de la literatura nipona, que Aguilar traslada al lector español con toda su magia, y que sorprende por su atmósfera trágica, intriga retorcida y episodios grotescos, dignos de cualquier tragedia isabelina, de la más loca novela gótica inglesa o del Gran Guiñol francés del fin de siècle.

            También presta Aguilar especial atención al desarrollo de lo sobrenatural en las artes gráficas y la pintura del Japón, donde tiene una importancia fundamental, especialmente en las obras del llamado ukiyo-e, y que supone –en cierto modo como más tarde el manga– un lenguaje artístico, narrativo y visual específicamente distintivo de lo japonés, sin equivalente exacto en la civilización occidental, tanto por su abundancia y omnipresencia, como por la importancia que da a la imagen como vehículo para la narración, así como por su íntima relación tanto con la religión y las creencias místicas –especialmente búdicas- como con la cultura popular y de entretenimiento. De ello da buena prueba el profuso, fascinante y bello acompañamiento gráfico del libro, que amén de varios descartes llenos de originales carteles de cine nipones, fotogramas de películas conocidas y desconocidas, ilustraciones de añejos mangas olvidados por el tiempo, colecciones de cromos y otra parafernalia delirante, incluye también un amplio abanico de grabados, pinturas e ilustraciones fantásticas e infernales de artistas como Kawanabe Kyosai, Kuniyoshi, Hokusai o Yoshifuji, entre otros, que muestra el profundo arraigo visual de las formas características de lo fantástico y sobrenatural en la cultura japonesa, formas que habrán de llegar hasta nuestros días gracias al cine o el manga. El aislamiento que vivió voluntariamente Japón hasta casi finales de la Era Meiji (1868-1912), fomentó un desarrollo artístico y literario muy distinto al de Occidente, que en sus manifestaciones de género sobrenatural, pese a sus deudas para con las tradiciones india y china, resulta también sumamente original y extraño a la evolución del mismo allende sus fronteras.

            “Japón Sobrenatural”, magníficamente editado por Satori (sólo echo en falta un vocabulario o glosario de términos nipones, que hubiera resultado útil a veces para un mejor seguimiento de la lectura) es mucho más que un libro de cine –que también lo es, desde luego-, por cuanto Aguilar se ocupa de literatura, creencias populares, del panteón de los yokai –duendes y trasgos nipones, de características tan peculiares como distintivas- y su geografía, del teatro Noh y, sobre todo, kabuki, de la influencia, ya en la Era Taisho (1912-1926), de la literatura de género occidental en autores como Kyoka, Edogawa o Yokomizo, llegando, al hilo del tiempo, hasta el fenómeno cinematográfico (y literario) del moderno J-Horror, sus secuelas y consecuencias, que en la visión teñida de melancolía del autor, dista mucho de recibir los parabienes, a veces gratuitos, acostumbrados entre nosotros. Todo ello, trufado por ocasionales paréntesis narrativos, evocadores y nostálgicos, personales y casi íntimos, que dan al conjunto un aire propio e individual –tan individualista como su autor-, con algo del encanto añejo de los viejos libros de viajes y costumbres decimonónicos. Sin olvidar la inclusión de la obra teatral íntegra de Tsuruya Namboku, en sí un auténtico clásico.

             En definitiva, un libro tan atípico como fundamental, indispensable no solo –insisto- para el aficionado al cine o el fantástico nipones, sino para cualquiera que busque una sincera comprensión y disfrute de ese fascinante paradigma de paradojas, próximo y lejano al tiempo, que constituye el País del Sol Naciente y su cultura.

Un reportaje de nuestro colaborador Jesús Palacios

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