El niño y la bestia: el despertar de la animación

Muchos críticos mostraron su extrañeza ante la inclusión de El niño y la bestia en la Sección Oficial de la pasada edición del Festival de cine de San Sebastián. Una decisión respetable pero difícil de compartir. ¿Una película de animación… no es también una película? El sexto largometraje de animación firmado por Mamoru Hosoda (director de títulos como La chica que saltaba en el tiempo, Summer Wars o Wolf Children), reflexiona acerca de la búsqueda de uno mismo, y al mismo tiempo, nos ofrece una lección de respeto. Cómo comprender a aquellos que son diferentes a nosotros mismos. Un tema de gran actualidad hoy día en el que asistimos a una disgregación del modelo solidario de los pueblos.

El_ni_o_y_la_bestia-102410288-largeEl argumento es tan sencillo como efectivo. Hay un mundo: el de los humanos. Y junto a él se encuentra otro: el de las bestias. A un lado se encuentra Kyuta, un adolescente acostumbrado a deambular por el multitudinario barrio de Shibuya. Un joven que acaba de perder a sus padres. Descorazonado, perdido en un mundo de adultos que quieren convertirse en sus modelos o progenitores, el chaval se topa con un ser huraño, gruñón, pero al mismo tiempo, un experimentado guerrero. Su nombre es Kumatetsu y pertenece al reino de las bestias. Uno y otro tienen mucho que aprender. ¿Llegarán a comprenderse y a servir de puente entre dos mundos separados?

La ausencia de la f043_001_t03igura paterna no es una temática nueva para Mamoru Hosoda. Ya la había empleado como eje argumental de su anterior film, Wolf Children, donde una joven enamorada de un hombre mitad lobo, deberá educar a sus hijos sin la presencia del padre. Temáticas análogas que muchas veces tienen como origen la propia experiencia. El hecho de que Mamoru Hosoda esté casado y acabe de tener un hijo es motivo suficiente como para querer dedicar al pequeño una película (el director nos desvelaba en la entrevista que mantuvimos con él en San Sebastián que el protagonista de la película es un chico, a diferencia de lo que había sucedido hasta la fecha, porque finalmente el bebé que esperaba había resultado ser un niño). Este tema principal, la figura paterna y su ausencia, está relacionado con el 019_085_t02siguiente apunte de guión: la búsqueda de un modelo a seguir. El maestro y el aprendiz, o cómo aprender a ser padre y a ser hijo. En El niño y la bestia, maestro y alumno serán dos individuos bien diferentes, que pertenecen a mundos opuestos, pero que sin embargo, a lo largo del metraje, deberán a aprender el uno del otro. Este aprendizaje mutuo exigirá esfuerzo por parte de ambos: escenas como ver a Kyuta reproducir los movimientos de Kumatetsu sin que éste lo vea, o la presencia del muchacho en uno de los duelos que enfrentan a su maestro con otro de los grandes guerreros del mundo de las bestias, llegan al espectador de una forma natural y logran emocionar tanto a padres como a hijos.

el_nino_y_la_bestia_51026Otro tema recurrente en la filmografía de Hosoda es presentar la fantasía mediante la existencia de dos mundos. El mundo de los humanos y el de los lobos en Wolf Children. El mundo real y el virtual en Summer Wars. La puerta de entrada del mundo de los humanos al mundo de las bestias muestra un paralelismo entre el cine de Hosoda y el del Studio Ghibli. En concreto, El niño y la bestia podría entenderse como un homenaje o una manera de revisitar una de las obras maestras de Miyazaki: El viaje de Chihiro. El paso de la niñez a la adolescencia. El imaginario de Hosoda confluye con el de Ghibli, un hecho que ha marcado al director desde el inicio de su carrera, cuando fue rechazado por el Studio Ghibli para realizar uno de sus largometrajes… Un hecho que ha actuado como un boomerang en un momento en el que los personajes creados por Miyazaki, Takahata… andan huérfanos de un director que tome las riendas y aleje al universo Ghibli de las cenizas en las que se encuentra sumido tras el estreno de sus dos últimos largometrajes.

7. mejor_BSODetrás de un hilo narrativo en el que confluyen los flashbacks de una forma natural, encontramos otro de los grandes elementos del lenguaje cinematográfico: la música. Escuchar las notas que Masakatsu Takagi ha compuesto para El niño y la bestia equivale a trasladarse al mundo imaginario donde vive Kumatetsu, a sentir la belleza de las imágenes que Mamoru Hosoda recrea de la ciudad de Tokio, o a reflexionar acerca de nuestra existencia. El músico japonés se permite realizar un homenaje al espíritu de aventura contenido en la partitura compuesta por Howard Shore para El Señor de los Anillos. Si afináis el oído apreciaréis que en el tema «Wonderful Adventures» hay un giro a la música que Shore compuso para el momento en el que Frodo abandonaba la Comarca. Es también justo el momento en el que Kyuta deberá abandonar su mundo y adentrarse en otro que a penas conoce para iniciar su proceso de aprendizaje.

Promo_blogElementos musicales que se unen a elementos literarios. La paleta multicolor que inspira a Hosoda bebe de diferentes fuentes. En la película hay una referencia literaria magistral al libro de Moby Dick, la obra de Herman Melville publicada en 1851 en la que el capitán Ahab se obsesiona con la persecución de una ballena. Una metáfora que nos ayuda a entender uno de los hilos dramáticos de la película: el odio sólo engendra más odio. El odio que alimenta a la ballena, proviene en parte del odio que siente el capitán hacia ella. Ambos se alimentan de sí mismos y su odio crece hasta llegar a un punto sin retorno. Esta referencia a la obra de Melville será la responsable de uno de los momentos más bellos de la película (que no desvelaré). Un momento que dejará tocado a más de un espectador, al ver reflejado en las imágenes algún momento de su propia vida.

La búsqueda de un modelo. El proceso de aprendizaje. La identidad y el respeto hacia lo diferente. El odio y la venganza. El ego y la nobleza. La fortaleza y la debilidad. Es raro que una película dé cabida a tantos temas y los aborde de una manera tan sensible y original. El niño y la bestia no es un espejismo de lo que puede dar la animación. Es el despertar de la animación. Una oportunidad que nos brinda el cine de creer que la animación no es sólo un género cinematográfico, sino que es cine en sí mismo.

El niño y la bestia demuestra que una película de animación es, por encima de todo, una película: con un guión, unos personajes y una narrativa que atrapan al espectador. Por eso no es de extrañar que después de más de cuatrocientas votaciones, El niño y la bestia se haya convertido en la Mejor Película Asiática del Año en los Premios CineAsia.

Perdérsela debería estar penado por la ley.

Enrique Garcelán

 

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