Un viaje por Asia a través de su cine: Beijing

El lunes día 22 de agosto embarcaremos en un viaje a través del cine que nos llevará desde Japón hasta la India, pasando por Corea, China y Hong Kong. Una de las paradas más importantes de nuestro viaje será en Beijing, capital de China.

Pasearemos por la Ciudad Prohibida de la mano de Bernardo Bertolucci en El último emperador (1987), asistiremos a un concierto de Cui Jian, leyenda del rock chino que protagonizó Beijing Bastards (1993) y veremos a Leslie Cheung representar una ópera tradicional de Beijing en Adiós a mi concubina (1993). No obstante, no sólo nos limitaremos a contemplar la ciudad vista a través de los ojos de grandes directores, sino que también veremos como el cine es capaz de transformar la visión que tenemos de ella, convirtiéndose en un campo de batalla en el que compiten visiones enfrentadas de una misma ciudad. En este sentido, la ciudad de Beijing, nos resulta un ejemplo paradigmático de cómo el cine afecta y transforma el imaginario colectivo respecto a una ciudad.

Beijing se convirtió en la capital de China en 1949 -ya lo había sido durante largos períodos históricos-, cuando Mao proclamó la nueva República Popular China en la plaza Tian’anmen. A partir de este momento, Tian’anmen se convirtió en el centro simbólico del nuevo poder del Partido Comunista chino. Las manifestaciones que se produjeron allí en 1989 marcaron un punto de inflexión en la historia reciente de China. Los jóvenes -especialmente estudiantes universitarios- mostraron un profundo descontento con el rumbo que estaba tomando el Partido, que por un lado mantenía su posición autoritaria a la vez que abría su economía al capitalismo más salvaje. Wang Xiaoshuai retrató a la perfección ese ambiente pesimista en el mundo intelectual en The Days (1993), una de las películas inaugurales de la 6ª generación y protagonizada por Liu Xiadong, que se acabaría convirtiendo en un referente de la pintura contemporánea china. Lou Ye también quiso representar a esta generación en Summer Palace (2006), película que sitúa en 1989. A pesar de que las protestas aparecen de una forma muy esporádica, la película no pudo llegar a estrenarse en China, lo que demuestra que sigue siendo un tema increíblemente delicado para el gobierno chino. Zhang Yuan se fija en el papel de la plaza después del punto de inflexión que supusieron las protestas en el documental The Square (1994), iniciando un proceso de “desmitificación” de Tian’anmen. La directora Ning Ying se uniría a este proceso con su trilogía dedicada a la ciudad de Beijing -conformada por For Fun, On the beat y I love Beijing– donde la plaza ya no aparece como un sitio “sagrado”, sino que se banaliza totalmente su presencia, equiparándola a cualquier otro lugar de la ciudad.

En las películas de Ning Ying aparece otro tema fundamental para los directores de la 6ª generación: la ciudad está creciendo y cambiando a un ritmo vertiginoso, que hace que sus habitantes tengan grandes dificultades para adaptarse. La ciudad ha pasado de tener unos siete millones de habitantes en 1990 a más de veinte en la actualidad. Este crecimiento se ha producido en gran parte gracias a la llegada de inmigrantes ilegales como el protagonista de La bicicleta de Pequín (Wang Xiaoshuai, 2001), que decide abandonar su pueblo en busca de una vida mejor en la ciudad. Su condición de inmigrante ilegal -en China la movilidad entre regiones está bastante restringida- hace que su vida continúe siendo igual de dura. En Seventeen years (Zhang Yuan, 1999) la protagonista, tras pasar diecisiete años en la cárcel, se encuentra con que su barrio y todo aquello que conocía había desaparecido por completo. De este modo, las ruinas como símbolo de esta pérdida se vuelven un elemento fundamental que atraviesa la totalidad del cine chino desde la década de los 90 hasta la actualidad. El crecimiento de la ciudad pasa de estar estrechamente controlada por el Estado a responder a intereses puramente económicos. Feng Xiaogang -a veces referido como el “Steven Spielberg chino” por su poder en la taquilla china- se burla de esta nueva mentalidad donde impera lo económico y el consumismo en Big Shot’s Funeral (2001). En esta comedia, un lugar tan simbólico como es la Ciudad Prohibida y una ceremonia tan solemne como es un funeral son convertidos en un escaparate publicitario en el que se anuncia casi cualquier marca que pague.

El cine no sólo ha servido como una herramienta de crítica y visualización de aquellos sin voz, víctimas de esta urbanización despiadada, sino que también se ha usado por parte del Estado para justificar sus planes urbanísticos. Ya en 1952 podemos encontrar un perfecto ejemplo en Dragon Whisker Creek, película donde se defiende un enorme proyecto urbanístico llevado a cabo por el gobierno chino en una zona pantanosa de Beijing. La reconstrucción de partes del barrio se representa en la película como una necesidad para sus habitantes debido a las malas condiciones en las que vivían. En 1999, Zhang Yang en cierto modo justifica la destrucción de los hutong -los barrios donde residían los obreros industriales- de una forma similar a Dragon Whisker Creek en la comedia Shower, argumentando que, si bien la pérdida cultural y personal de los habitantes de estos barrios es muy triste, supone un mal necesario para la mejora de sus condiciones de vida. Desde el gobierno, directores como Zhang Yang, con una visión más cercana a sus políticas, no se ha encontrado con dificultades para estrenar sus películas en China, mientras que otros directores más críticos que ya hemos mencionado como Wang Xiaoshuai o Zhang Yuan se han ido encontrando con una censura sistemática.

Todo esto y mucho más lo veremos en el curso “Un viaje por Asia a través de su cine”. Las inscripciones siguen abiertas. ¡Os esperamos!

Un reportaje de Josep Santcristòfol

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