Train to Busan: el tren más espectacular del año.

El inesperado paso del director Yeon Sang-ho a la imagen real tras emocionarnos con dos cintas de animación de fuerte calado social y visión realista como The King of Pigs y The Fake ha resultado ser el mayor éxito en la taquilla coreana del 2016 y el gran divertimento del año. Train to Busan llevó al cine a más de 11 millones de coreanos gracias a un cóctel que ya había preparado con un sabor más o menos cercano Bong Joon-ho en 2006 con The Host.

Train to Busan es cine fantástico a la coreana, imaginativo, con un ritmo endiablado que pone los nervios de punta haciendo temer por el destino de los protagonistas, un grupo de secundarios que se ganan el corazón (y alguno de ellos, el odio) del espectador y la dosis de melodrama familiar indispensable para soltar alguna lágrima por el camino. En este caso sorprende además la frescura de la propuesta partiendo de un género tan manido en los últimos años como el de la epidemia zombi. El subgénero ha tenido suerte este año recibiendo dos buenas dosis de imaginación desde Asia, I Am a Hero y este tren cargado de infectados.

La acción nos sitúa en un tren de alta velocidad que parte a primera hora de la mañana desde la capital Seúl hasta Busán, una ciudad costera al sur del país. Entre el pasaje viaja un bróker divorciado que, para intentar compensar su dejadez como padre, acompaña a su hija a que visite a su madre. Justo antes de que parta el tren se cuela una joven con no demasiado buen aspecto, y es que una epidemia de infectados que acaba de azotar la ciudad rápidamente se expandirá por todo el país… y desde ese momento, por el interior del tren.

Ideada como un díptico iniciado (aunque se estrenase en los cines coreanos después) por Seoul Station, ésta sí realizada en animación y que enlaza directamente con el film que nos ocupa a través de un cameo ingenioso, el director se pasa al puro espectáculo llenando los vagones de zombis con huesos en posiciones imposibles, en un debut en la imagen real que por su factura más que solvente, no lo parece. El guión no se explaya demasiado en presentar a los personajes más allá del bróker protagonista, y deja que sean sus propias reacciones al desastre inminente cuando el brote se expanda por los primeros vagones las que les delaten en un sentido u otro, representando en el pasaje a la propia sociedad coreana entre los vagones de primera y de clase turista.

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El reparto está encabezado por Gong Yoo, un actor especialmente popular por sus trabajos televisivos y publicitarios, acompañado de una actriz todo-terreno como Jung Yu-mi, y Ma Dong-seok, que interpreta a su musculoso marido capaz de combatir a los infectados a puñetazo limpio, convirtiéndose en el personaje ‘robaescenas’ del film.

El objetivo, eso sí, más tensión que la pura carnaza, sin dejar completamente de lado la crítica social que aquí queda espolvoreada en pequeñas dosis, y es que  Train to Busan es básicamente un gran espectáculo tanto visual (no escatimando en efectos especiales) como emocional, manteniendo la intensidad desde el primer minuto.

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La conexión de la propuesta con el público ha sido total en Asia, acumulando récords de taquilla allá por donde se estrena, Estados Unidos o Europa, arrasando en los premios del público de numerosos festivales españoles sin ir más lejos. El futuro se presenta brillante para Yeon Sang-ho, que puede seguir estremeciéndonos con sus films de animación realista o pasarse a propuestas más comerciales en imagen real (que de momento será su destino inmediato). En cualquiera de los dos casos los que ganamos somos los espectadores.

Una crítica de Víctor Muñoz

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