TIFF 2014: Parasyte (primera parte)

Empezamos el repaso a la 27ª edición del Tokyo International Film Festival, pero lo vamos a hacer justo por el final. Tras tantos días, desde la ya lejana rueda de prensa de presentación a inicios de septiembre, calentando el ambiente desde el póster oficial del evento, con la imagen de Shota Sometani mostrando la palma de su mano con un ojo emergiendo de ella, el estreno mundial de Parasyte como acto de clausura se había convertido en lo más esperado del TIFF 2014, así que no os queremos hacer esperar más.

Parasyte-live-action¿Es Parasyte la película que cabía esperar? La respuesta de Perogrullo es que todo depende de las expectativas. Desde luego, los seguidores del manga original siempre serán susceptibles de sentirse defraudados por el modo en que tal personaje queda alterado por la adaptación, o por echar en falta esa escena que tanto les entusiasmó. Pero aparte de esto, hay que decir que se ha puesto toda la carne en el asador a nivel de medios para esta producción.

En este sentido, la elección del director no es poco significativa. Takashi Yamazaki destaca por su megalomanía en la realización, siendo ya una figura conocida, incluso más allá de las pantallas niponas, para el público que goza con el cine-espectáculo. El reparto tal vez no parezca tan espectacular, pero incluye nombres destacados en clave de consumo interno, encabezado por el popular cómico Sadawo Abe, al que no veremos pero cuya interpretación es más que trascendental en la película, o una Eri Fukatsu, de sobras conocida por el público internacional, que está esplendida. Más aún, esa última escena diseñada al estilo Marvel, como gancho que introduce lo que está por venir en la próxima entrega, presenta a la que sin duda es la gran estrella internacional con que cuenta el cine japonés actual. En su breve aparición final, desvelándose apenas algunos rasgos faciales, se escuchó por lo bajini una voz femenina –como si fuera Penélope Cruz anunciando un Oscar–, profiriendo un ahogado gritito: ¡Tadanobu!

P1070952Aunque la emergente Ai Hashimoto tiene un papel residual (que haya una chica mona nos alegra a todos, pero los tiempos están ya para que sirva para algo más que para ser rescatada por el héroe), otro joven en crecimiento exponencial como Shota Sometani, ya casi un veterano pese a su juventud, es el que capitaliza toda la función. Éxito de casting, porque pocos podrían haber asumido como él el reto de interpretar con su mano derecha como réplica en las discusiones o de afrontar escenas de acción en que su oponente es su propio cuerpo. Como bien comentó Yamazaki en rueda de prensa, necesitaba un actor muy maduro para un papel tan complejo, pero siendo la historia del clásico adolescente afrontando grandes cambios de todo tipo, era fundamental que pasase por un crío de 16 años. Desde luego, el físico de Shometani viene tan pintiparado a este papel como su talento.

La realización no presenta excesivas innovaciones, más bien se apoya en convenciones como que las disquisiciones entre los personajes no-humanos se presentan envueltas en colores fríos. Qué más da, si realmente esas escenas (como el siniestro cónclave en el opresivo interior de un acuario) logran generar un gélido estado de ánimo. Estamos ante un gran entretenimiento que logra con solvencia su objetivo mediante una hábil gestión de las emociones, que logra ensamblar con soltura todos los elementos dispuestos, que ofrece espectacularidad integrando con naturalidad unos efectos visuales inmaculados. Yamazaki tiene experiencia en este tipo de productos y ha alcanzado un admirable grado de soltura en su realización, como muestra el que, contando una historia de cierta complejidad, la articulación del guión no deje decaer la función ni en las imprescindibles escenas dialogadas que en otros de sus trabajos anteriores suponían lagunas en el ritmo narrativo.

parasyteimages4En Parasyte caben registros variados, desde los momentos cómicos a la acción y el drama, lo que supone el producto soñado por cualquier gran estudio a la caza de un blockbuster: la fórmula para alcanzar a todos los públicos. ¿A todos? Este era el peligro potencial de esta producción, tratar de lograr una película de tono familiar potenciando lo melodramático y la diversión blanda, y la promoción no hacía presagiar nada bueno. El personaje fundamental de Miggy–Righty, se presentaba en la alfombra roja del TIFF más cerca de un peluche kawaii que de una temible forma de vida mutante, y ponerlo en manos del histriónico Abe daba para imaginar lo peor… No ha de que preocuparse. Un film sin concesiones, de violencia tal vez no extrema pero si cruda, más preocupado por hacer avanzar el metraje como una apisonadora que de lanzar guiños al espectador. Aunque guiños también hay porqué, con la que está cayendo, el tratamiento de la entrada en política de los parásitos es imposible de leer si no es como un enorme dardo apuntando a diana.

Parasyte posterEntre lo que contó Yamazaki a la prensa, destacó la génesis del film, asumido en primera estancia por Hollywood. Al convertirse en un proyecto de ida y vuelta, el realizador se pidió asumir el reto y lo hizo con ambición. Lo sorprendente es que luego declaró que le gustaría ver hecho un remake norteamericano, para comprobar cómo cambiaría la historia y para que esta llegara a más gente. Justamente, lo que se decía en los corrillos de Roppongi, era que el film tenía mimbres para superar prejuicios y alcanzar grandes audiencias internacionales. No hablaríamos de un fenómeno tipo Titanic, pero tal vez sí de uno similar a aquel The Host que, de forma inverosímil para el inadvertido cine coreano, ocupó (y llenó) salas en muchos y muy diversos países. Algunos salimos de la proyección comentando si Parasyte no podría ser al cine japonés del siglo XIX lo que a la centuria anterior fue Godzilla.

Una crónica de José Montaño.

   Enviar artículo en formato PDF   

También te podría gustar...

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *