Sitges 2013: Horror Stories 2 (Corea, Kim Sung-ho, Kim Hwi, Jung Bum-sik, Min Kyu-dong)

Título original: Mu-seo-un Iyagi 2 Año: 2013 País: Corea del Sud Director: Kim Sung-ho, Kim Hwi, Jung Bum-sik, Min Kyu-dong Guión: Kim Sung-ho, Kim Hwi, Jung Bum-sik, Min Kyu-dong. Duración: 95 mins. Intérpretes: Lee Se-young y Park Sung-woong en “444”; Sung Joon y Lee Soo-hyuk en “The Cliff”; Baek Jin-hee, Kim Seul-gie, Jung In-sun y Kim Gi-cheon en “The Pain of Death”; y Go Kyung-pyo, Kim Ji-won y Im Won-hee en “Escape”.

 Segunda producción ómnibus surcoreana en agrupar historias fantásticas en un año, cuyo requisito principal es que contienen algún componente sobrenatural maléfico para asustar, y que por sus limitaciones argumentales resultan mucho más apropiadas empaquetarlas en cortometrajes de poca duración, así la intensidad del terror está mucho más concentrada. Son cuatro nuevas píldoras que, en esta ocasión, siguen una receta muy folklórica, vinculadas a algunos aspectos religiosos localistas y cultos de magia negra influenciados por la parte malévola que la religión católica siempre ha intentado combatir (religión, por otra parte, muy en alza en Corea del Sur desde hace dos décadas).

h poterCuatro relatos de horror que siempre vienen acompañados de sustos fáciles y previsibles, pero que están mejor integrados en su conjunto que en la primera parte. Esto no quiere decir que estos nuevos comprimidos terroríficos sean más originales o mejor narrados (creo que es justo decir que todos tienen defectos substanciales en las escrituras de sus guiones, sobre todo el de su segundo relato, The Pain of Death). Mientras que en el primer largometraje era una estudiante secuestrada la conductora de los cuatro relatos, pues su captor la obligaba, como condición “sine quanum” para ganarse su libertad, a que consiguiera aterrarle de miedo contándole alguna historia espeluznante, en esta entrega, el hilo conductor es una estudiante “emo” con la habilidad de poder contactar con los muertos, que en sus ratos libres indaga en una misteriosa compañía de seguros y es a través de los distintos objetos que han quedado a resguardo de la compañía, cuando nos introduciremos en una sinfonía de horrores hasta las puertas del mismísimo infierno. Tres son los casos extraordinarios que nos serán presentados ante nuestros ojos:

The Cliff (dirigida por Kim Sung-ho)

Tal vez la más interesante, pero la más desaprovechada, narra el espíritu de supervivencia de dos montañeros en lo alto de un desfiladero después de que hayan caído por un barranco mientras se hacían una foto. Sus miedos, la falta de provisiones, el frío y las alucinaciones propias del mal de altura y de la falta de oxígeno, terminará haciendo mella en ellos. Solo uno sobrevivirá, mientras que el otro seguirá divagando como alma en pena por los gélidos parajes montañeses, con el consecuente trauma del que quede vivo. Un relato que gustará a los que amen el alpinismo, aunque probablemente no gustará a los que consideren que situar una trama con presencias espectrales en un sobresaliente rocoso resulta demasiado histriónico y forzado. Acotar los límites del terror en un espacio tan poco frecuente resulta original, pero muy probablemente no asustará a un amplio nicho de espectadores. Solamente se les tensarán todos los músculos del cuerpo a aquéllos que hagan vivac habitualmente por afición o dedicación profesional a la escalada.  

 

The Pain of Death (dirigido por Kim Hwi)

horror2Puro folklore fantástico surcoreano, macabra en algunos aspectos y con un twist final que conecta con los cuentos de fantasmas asiáticos, en los que el origen del mal o la percepción por parte de sus protagonistas en torno a lo que se enfrentan no prevé un “happy end”. Tres amigas deciden emborracharse después de celebrar el fin de la época de exámenes, sin percatarse que conducir ebrias puede conllevarles funestas consecuencias. Y como si fuese la crónica de un accidente anunciado, salen disparadas de la cuneta de una carretera comarcal al esquivar un vehículo con el que se topan de morros al invadir la calzada contraria. El resultado: siniestro total del coche, fractura de rodilla de una de ellas y la lucha continua por sobrevivir ante una presencia que las acecha a lo largo de varias millas de recorrido a pie. Se salvaguardarán en un pequeño templo que divisarán en medio del bosque, donde un viejo monje intentará protegerlas. Pero, ¿de qué? ¿Por qué empiezan a tener extrañas reminiscencias con su pasado? ¿Y si el mal karma que arrastran les hubiera hecho una jugarreta final en ese inhóspito lugar? Preguntas que intentarán encontrar su respuesta (pues su guión hubiera necesitado de una segunda o tercera reescritura) durante esa prolongada y fría noche indeseada.

 

Escape (dirigido por Jung Bum-sik)

La más divertida, bien facturada y redonda de las tres: un cateto profesor entra a trabajar en un instituto con alumnos conflictivos y, después de hacer el ridículo en su primer día, decide seguir las recomendaciones de una muchacha de la clase y aceptar un pacto con el diablo para ganarse el respeto y la confianza de sus discípulos. El problema es que jugar con libros de magia negra equivale a invocar a presencias extrañas, trayéndole consecuencias irremediables. Con una secuencia tremendamente efectista en un ascensor (que a algunos les recordará a The Eye) y con un final ciertamente rimbombante, con muchísima mala leche, se consolida como el mejor segmento con diferencia. Ese pobre zoquete nunca imaginaría que en poco menos de veinticuatro horas pasaría de afrontar su primer empleo con ilusión, a tener que enfrentarse a una amenaza invisible que le conducirá hasta las llamas del infierno. Y todo por culpa de una mocosa vestida de gótico. Moraleja sarcástica: no frecuentéis amistades que visten ropajes oscuros, se maquillan como vampiros, se agujerean las orejas a lo “Hellraiser” y siguen misas negras (en Corea del Sur, todo lo que sea salir de convencionalismos no termina de estar bien visto, igual que el “visual-kei” de procedencia nipona y que para nada desplaza al k-pop, estilo musical que precisamente no sale muy bien parado en este episodio).

Esa osada “teenager” del último capítulo parece ser la misma alma gemela de la que busca material para prolongar sus fechorías mágicas en esa imposible agencia de seguros y que cierra el círculo en 444 (dirigido por Min Kyu-dong), cuyas coordenadas entroncan con el misterioso lugar en el que se pondrá en tela de juicio la moralidad y necesidad de la existencia de esa filial capaz de abrir portales dimensionales entre el mundo de los vivos y de los muertos. Ella es la ganadora y máxime protagonista de este viaje infernal por una Corea ocultista, satánica y peligrosamente embrujada. Auguro que este periplo terrorífico proseguirá en futuras entregas, aunque espero que no sean tan confusas como las que aparecen en este presente recopilatorio de negrísimas texturas escalofriantes. Horror Stories se perfila, pues, como una sólida franquicia que seguirá poniendo los pelos de punta a los ciudadanos surcoreanos y, por extensión, a los que amen el cine asiático de terror parido en el nuevo milenio. 

Lo mejor: Que a diferencia de la primera parte, todas las historias están unidas por un filo hilo argumental. El “leit motiv” es muy evidente y en su conjunto favorece su compactación temática en un todo, como si en realidad se tratase de un filme coral en el que se van uniendo las subtramas y los personajes para concluir en un apoteósico final sorpresa. 

Lo peor: Que todos sus guiones, absolutamente todos, necesitarían pulirse para poder ser un poco más entendibles dentro de los márgenes del fantástico. 

Por Eduard Terrades Vicens

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