Postales desde el Zoo, primera película en comercializarse en Internet de forma simulatánea

Hoy 25 de Febrero se estrena Postales desde el Zoo la primera película en comercializarse en Internet de forma simultánea en toda Europa como parte de una iniciativa de distribución de The Match Factory, Distribution 2.0 de la que filmin es socio estratégico. El estreno es resultado de la colaboración entre The Match Factory y las plataformas que conforman EuroVoD en Francia, Irlanda, Suiza y España, Peccadillo Pictures en Reino Unido y Eye Film Institute en Bélgica y Holanda. En España, la película puede verse en filmin en alta definición y en versión original subtitulada en castellano a un precio de 2,95€. La película puede verse sin coste para los usuarios Premium de filmin.

La crítica de la película: Postales desde el Zoo (Postcards from the Zoo)

Ficha Técnica: Título original: Kebun Binatang País: Indonésia Duración: 64 mins Director: Edwin Reparto: Adjie Nur Ahmad, Klarysa Aurelia, Ladya Cheryl. Género: drama fantástico

En un estado multicultural y religioso como es Indonesia, uno debería pensar que los distintos cultos religiosos no interfieren en las libertades individuales de cada persona. Por lo tanto, la libertad de expresión no debería ser ningún obstáculo a la hora de expresar las inquietudes artísticas de esos creadores más inquietos o cosmopolitas. Pero más lejos de la realidad, pues a pesar de que la Constitución indonesia reconozca hasta seis religiones oficiales, la dominante desde hace unas décadas ha sido la musulmana, siendo una de las naciones con más personas practicantes del mundo. Si a todo ello le unimos esa falta de comprensión hacia algunas sensibilidades artísticas, tenemos como resultado una industria cinematográfica en el punto de mira de unos organismos entestados en mezclar el Estado con la religión, debiendo evitar a toda costa tocar según qué temas comprometidos con los modelos bien pensantes que se pretenden transmitir desde el gobierno de esta República insular. Obviamente no se llega al extremo de otras cinematografías asediadas por el fundamentalismo como la iraní, pero el estira y afloja con el que han tenido que lidiar muchos de sus productores resulta histórico, por no hablar de la persecución de la cultura punk por oponerse a las leyes islámicas en según qué regiones.

Por esta razón que una película tan valiente como Postcards from the Zoo haya tenido la osadía de mostrar los intersticios más oscuros de la prostitución a través de una historia decididamente naturalista (haciendo uso de algunas creencias hindúes y budistas), resulta cuanto menos sorprendente y muy revelador de los cambios socioculturales que una minoría pretende impulsar desde sus posiciones de cineastas. Revelador porque parece que intenten abrir nuevos caminos que sortean esos temas delicados, censurados y escondidos con la única finalidad de limpiar la buena imagen de un país fascinante. El compromiso por parte de una serie de cineastas activos que pretenden mostrar la belleza natural de su país, pero sin restar importancia a todos esos temas (muchos de ellos tabúes) que realmente deberían preocupar a sus gobernantes. Y es que esta obra educativa, que por sus valores universales, en desuso, hacen que su visionado sea casi imprescindible, sería un largometraje indicado para los públicos más jóvenes si no fuera porque hay alguna que otra escena comprometida desde el punto de vista sexual (eso sí, presentada con una sutileza sorprendente para no escandalizar).

La historia arranca con el abandono de una niña a la temprana edad de los tres años en las inmediaciones de un zoo cualquiera. Sin conocer el paradero de sus progenitores, y con el consentimiento del gerente del parque, va creciendo y aprendiendo los valores de la naturaleza y la fauna animal al mismo tiempo que mantiene un vínculo emocional con una jirafa, como si esta fuera su protectora. Pero llega un momento en la vida que uno tiene la necesidad de emanciparse y, seducida por un extraño brujo que aparece y se evapora cuando menos se lo espera, decide explorar otro tipo de selva mucho más peligrosa que la que florece alrededor del zoo: la jungla urbana. Lo que realmente descubre es que las leyes de la selva metropolitana son mucho más peligrosas que las que rigen en la propia naturaleza. Su existencia se irá desintegrando hasta desaparecer, como si hubiera caído bajo el embrujo de ese mago que la sedujo con la lujuria y perfidia de la gran ciudad.

Excelente parábola pues la de comparar las leyes de la selva y la fauna del mundo animal con la agresividad del mundo oculto de la prostitución indonesia. Por lo tanto, estamos delante de un complejo filme de denuncia que utiliza el simbolismo para evitar la censura directa, que parte de un guión algo encriptado pero atrevido, y cuya actriz principal lleva el peso de la narración, a pesar de que ésta se difumina a la media hora de metraje ya que se adentra por momentos en los límites del naturalismo cinematográfico. Efectivamente, podría ser una digna heredera de algunos trabajos de Apichatpong Weerasethakul, pues además de la magnífica fotografía impresionista (muy típico en el cine de autor asiático), contiene secuencias verdaderamente metafísicas, etéreas, repletas de alegorías que recrean el folklore regional (prácticamente incomprensible desde nuestra mirada occidental). El único problema que se plantea (igual que en obras que se mantienen al margen de la propia ficción cinematográfica, como Uncle Boonmee Recuerda sus Vidas Pasadas) es que deja demasiados cabos sueltos a consecuencia de su pretenciosidad artística, pero en contrapartida invita a la reflexión y debate posterior. Una producción que se nos antoja como intuitiva, pues además de presentarnos una visión diferente de cómo enfocar según qué problemáticas en ciertos países del sudeste asiático, marca un punto de inflexión en las coordenadas del cine de autor asiático contemporáneo.

LO MEJOR: una manera alternativa de acercarnos al cine indonesio.

LO PEOR: lo encriptado que puede resultar su argumento en algunas partes.

Valoración: 7/10

Por nuestro colaborador Eduard Terrades Vicens

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