Okko: las 5 heroínas de la animación japonesa reciente

La animación japonesa llega con cada vez más asiduidad a nuestras pantallas, y dentro de sus muchas propuestas nos encontramos que muchas de ellas cuenta con protagonista femenina. Tanto dentro de Studio Ghibli, cuya filmografía está repleta de jóvenes heroínas, como en muchas otras producciones diferentes, la mujer tiene un papel destacado, ya sea en papeles enérgicos donde la acción y el carácter fuerte están más que presentes, como en otros donde la superación personal de los problemas convierte a las protagonistas en espejos en el que las jóvenes espectadoras pueden encontrar un reflejo cercano, reconocible y lleno de esperanza. Esta semana llega a los cines de España Okko, el hostal y sus fantasmas, una producción de Kintaro Kosaka que bebe del cine de Ghibli y de esa tradición de tomar a una joven adolescente como protagonista, esta vez afrontando un duro trauma familiar a través del trabajo de cara al público. Para celebrar el estreno de la película en nuestro país de la mano de Cinemaran Spain, hemos decidido recoger en este artículo a cinco de las “heroínas” del cine de animación japonés de los últimos diez años.

Summer Wars: Natsuki Shinohara

La primera heroína de nuestra lista es la protagonista de Summer Wars de Mamoru Hosoda, Natsuki Shinohara.  Esta joven es la chica más popular del instituto y, sorprendentemente, invita al tímido y reservado Kenji, el protagonista masculino del film, a pasar el verano con ella y su familia en su pueblo natal. Sin embargo, esta repentina invitación se debe a que Natsuki le prometió a su bisabuela que le presentaría a su novio por su 90º cumpleaños, haciendo a Kenji pasarse por él. Al día siguiente de su llegada, el mundo parecerá haber cambiado radicalmente, y bajo el mando de la bisabuela de Natsuki, Kenji y todos los miembros de la familia Shinohara se unirán para hacer frente a esta crisis de lo más singular.

Con una trama y animación increíbles, esta película, dirigida por Mamoru Hosoda, cuenta con uno de los desarrollos de personajes más interesantes, y es que a pesar de que Natsuki no destaca en la primera mitad de la historia, da un giro argumentativo al convertirse en la figura clave de la trama. No sólo se trata de un personaje carismático y atractivo, sino que también posee una personalidad compleja que nos permite sentirnos identificados con ella en numerosas ocasiones, no sólo por sus virtudes, como son la amabilidad e inteligencia, sino también por sus carencias, como es el egoísmo.

 

El himno del corazón: Jun Naruse

El himno del corazón, dirigida por Tatsuyuki Nagai y con guión de Mari Okada, cuenta con una protagonista poco convencional en este tipo de películas donde los personajes femeninos suelen ser muy extrovertidos y alegres, y es que Jun Naruse rompe con ese esquema. Ella  es una chica tímida y poco sociable que era incapaz de expresar sus miedos, sentimientos y lo que realmente deseaba, ya que ha decidido dejar de hablar. La única forma que tenía de comunicarse con los demás era a través de mensajes de texto y e-mails; sin embargo, todo cambia cuando se ve obligada a elaborar un musical con varios compañeros de clase.

Jun es un personaje con muchas inseguridades y complejos debido a que se siente culpable de algo que dijo en el pasado, tras lo cual su familia se rompió por completo. Es cierto que, de primeras, parece una construcción de personaje cliché, pero lo que más llama la atención es como se enfrenta a sus miedos e intenta superarlos a pesar de que se vea incapaz y débil. Es un personaje que crea simpatía y, además, señala un problema que tienen muchos adolescentes (y adultos) en la actualidad: la incapacidad de mostrar tus sentimientos por miedo al qué dirán o a la falta de apoyo. Jun, apoyada por sus compañeros de clase, intenta compartir lo que piensa a través del canto y la música. En definitiva, un personaje entrañable que enseña un mensaje profundo y que hace que el espectador se plantee que significa decir lo que uno piensa y como tus palabras pueden ser interpretadas por los demás.

 

El cuento de la princesa Kaguya: Kaguya

El cuento de la princesa Kaguya es un largometraje dirigido por el aclamado Isao Takahata y está inspirado en un cuento japonés del siglo IX titulado El cortador de bambú, una obra anónima y considerada una de las imprescindibles de la literatura clásica nipona.

La historia comienza con un anciano campesino que se encuentra una recién nacida dentro de un tallo de bambú que brilla en medio de la montaña. Este hombre y su mujer deciden adoptarla como si fuese su propia hija e intentan hacerla feliz. Sin embargo, conforme avanzan los años, se descubrirá quien es realmente Kaguya y cuál es el papel que debe ejercer en el mundo.

El personaje de Kaguya (traducido literalmente como “luz brillante) es alguien del que no puedes evitar enamorarte. Es preciosa, es amable y es bondadosa, pero a la vez es ingenua e impredecible. Sin embargo, la característica más importante de Kaguya es que es muy humana, le afectan las acciones y decisiones de los demás y, a lo largo de la película, le acompaña ese sentimiento de querer pertenecer a la sociedad en la que vive. Sin lugar a dudas, Kaguya es quien encaja más en el ideal de “heroína” que tenemos en el imaginario colectivo.

 

El mundo secreto de Arrietty: Arriety

Esta película dirigida por Hiromasa Yonebayashi  y basada en las novelas homónimas de la escritora británica Mary Norton, cuenta la historia de una familia de diminutos; pequeños seres, de apenas diez centímetros de estatura, que viven en una casita oculta bajo las tablas del suelo de una mansión campestre. Los diminutos tienen la norma de no dejarse ver nunca por los humanos; sin embargo, su tranquila existencia cambia cuando la joven Arrietty, una audaz adolescente, es vista accidentalmente por Shō, un niño que se acaba de establecer en la casa debido a su delicada salud que le lleva a necesitar un trasplante de corazón. Entre ambos surgirá una fuerte amistad, pero a la vez la existencia de los diminutos se verá peligrosamente amenazada.

Arriety es una heroína enérgica al más puro estilo de Mononoke o Chihiro. Se trata de una adolescente en proceso de madurar que se enfrenta a los peligros del mundo exterior. Aunque se caracterice como una persona intrépida, valiente y atrevida, lo cierto es que en numerosas escenas muestra su lado más ingenuo, indicando que sigue siendo una niña a la que le queda mucho por descubrir de lo que hay más allá del hogar. En definitiva, un personaje complejo que no defrauda el arquetipo de heroína propio del Studio Ghibli.

 

El recuerdo de Marnie: Anna

Esta es una película del Studio Ghibli dirigida también por Hiromasa Yonebayashi, y trata la historia de Anna. Cuando esta joven tímida se traslada a la orilla del mar a vivir con sus tíos, descubre una antigua mansión rodeada por pantanos, y se encuentra con la joven y misteriosa Marnie. Las dos chicas forman instantáneamente una conexión única y una amistad que viaja por los límites entre fantasía y realidad. A medida que pasan los días, una atracción casi magnética conduce a Anna una y otra vez a la Casa Marsh. Así comienza a reconstruir la historia que envuelve a su extraña nueva amiga.

Anna, al igual que la Jun en El himno del corazón, es un personaje que se aleja de las heroínas típicas de la animación japonesa. No es feliz, y no lo esconde, aunque se esfuerza por superar esa depresión que le empieza a consumir, se enfrenta a una situación que numerosos niños pueden comprender, el proceso de madurez en un entorno familiar complicado. No es fácil crecer, pero aún menos si empiezas a cuestionarte tu posición en el mundo y si merece la pena seguir luchando. Sin embargo, conforme avanza la trama, vemos que Anna, en realidad, está asustada e intenta encontrar un motivo para volver a sonreír. Gracias a su nueva amistad, Marnie, consigue enfocar la vida desde un punto de vista diferente al que se encontraba acostumbrada. Esta película refleja la importancia de la amistad y de la familia a la hora de madurar y crecer en un mundo que no conocemos del todo, sin olvidarnos que en las cosas malas también están las buenas.

Un reportaje de Ceci Martínez Milanés

 

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