Las coproducciones entre Asia y Europa: haciendo cine en un mundo global

El 25 de diciembre, como regalo de Navidad, se estrena en la cartelera de cine La verdad, la última película del realizador japonés Hirokazu Koreeda.  La idea, sin embargo, había empezado tiempo atrás. En el año 2003 (antes del estreno de Nadie sabe, la película que habría de darle el reconocimiento internacional), Koreeda escribió un drama para una obra de teatro que versaba sobre una actriz veterana que en el interior de su camerino rememora a una actriz que en su día fue su rival. La obra nunca llegaría a realizarse y el director volvió a ella tras mantener varios encuentros con la actriz francesa Juliette Binoche. La reescribió adaptándola al cine y a las dos actrices con las que iba a trabajar por primera vez: una veterana actriz (Catherine Deneuve) que, tras publicar sus memorias, se reencuentra con su hija (Juliette Binoche).

La verdad ha supuesto una experiencia novedosa en la carrera del director que nunca había salido de Japón para realizar una película. Cada película es un reto, pero en este caso lo era algo más. Hirokazu Koreeda tuvo en cuenta las diferencias culturales (Japón-Francia), que empiezan en el idioma, ya que el japonés es un idioma más ambiguo. Los japoneses eluden el enfrentamiento directo, incluso antes del enfrentamiento, si es que lo hay, empiezan pidiendo perdón; al contrario que en occidente (el director se dio cuenta de este hecho viendo cómo se comportaba el equipo de rodaje, que debatían las cosas a la cara y abiertamente). O a la hora del descanso: en Occidente se descansa el fin de semana, algo novedoso para el director.

La tradición de coproducciones entre Francia – Europa

Los intercambios culturales entre diferentes continentes no son nuevos. Los primeros intercambios artísticos entre Japón y Europa (sobre todo con Francia, Bélgica y Países Bajos) acontecieron durante la Era Meiji, entre 1868-1912, y dieron lugar al Japonismo. En este sentido en el año 2018 se celebró en París un macro-evento llamado el “nuevo Japonismo” para celebrar los 160 años de relaciones diplomáticas entre Francia y Japón.

Directores asiáticos consolidados como Jia Zhangke desde China (varias de sus películas son coproducciones China-Francia-Japón); Apichatpong Weerasethakul (Tailandia y unos cuantos países europeos: Francia, Gran Bretaña, Alemania, Holanda…); Diao Yinan (El lago del ganso salvaje); Rithy Panh, el director más reputado de Camboya tiene la mitad del año residencia permanente en Francia y todas sus películas son co-producciones (La imagen perdida, S21: La máquina roja de matar; La gente del arrozal…); Tran Anh hung el director más importante de Vietnam (El olor de la papaya verde, Cyclo, Pleno verano…); Marjane Satrapi (directora de Irán: Persépolis y Pollo con ciruelas)…

Entre los directores japoneses que han co-producido con Europa tenemos a Naomi Kawase (Vision-Viaje a Nara; Hacia la luz; Una pastelería de Tokio con Francia y Alemania; Aguas tranquilas con Francia y España); Kiyoshi Kurosawa (Journey to the Shore; Le secret de la chambre noir); Koji Fukada (Harmonium, L’Homme qui venait de la mer…). La productora francesa Comme des Cinemas ha coproducido con todos ellos, y también con Nobuhiro Suwa (El león duerme esta noche, Un couple perfait…)

Amparado por el entusiasmo que despierta en la crítica el minimalismo asiático de los años noventa (sobre todo presente en las cinematografías japonesa y taiwanesa, con nombres como Hou Hsiao-hsien, Tsai Ming Liang, los primeros trabajos de Takeshi Kitano), el cine del director Hong Sang-soo no queda limitado al público coreano. De las dieciséis películas realizadas por el director, la mitad han competido en el Festival de cine de Cannes (donde una de ellas, Hahaha se ha llevado el Premio Un Certain Regard). La asimilación de la Nouvelle Vague por el director coreano hace de Francia su lugar de mayor éxito internacional y el lugar donde se ha estrenado gran parte de su filmografía. Como colofón a su relación con el público francés Hong Sang-soo realiza en el año 2008, además de su película con mayor metraje (144 minutos), la única que tiene lugar fuera de las fronteras de su país.

Las ventajas de las coproducciones

Las ventajas y el sentido de las coproducciones tienen que ver sobre todo con los cineastas independientes lejos del mainstream japonés que solo produce live-actions y cine de animación. Y no sólo en la cinematografía japonesa, sino que podría hacerse extensible a la coreana, a la china y a gran parte del cine del sudeste asiático.

Para ello cada vez cobran más importancia los “laboratorios” de co-producción que tienen lugar en festivales y mercados de la industria como Rotterdam, Berlín o Cannes (algo que se hizo patente durante el panel sobre co-producciones en el último Festival de Busan en Corea organizado por European Film Promotion and European Audiovisual Entrepreneurs).

Si me atreví a aceptar el reto de rodar mi primera película en el extranjero, en un idioma que no es el mío y con un equipo totalmente francés, fue sencillamente porque tuve la enorme suerte de conocer a intérpretes. Y colaboradores que querían hacer una película conmigo.” Hirokazu Koreeda

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