Lanzamiento DVD: Hanuman, la Leyenda del Rey Mono (India-Francia, 1998)

Ficha técnica: Título original: Hánuman País: Francia / India Año: 1998 Director: Fred Foguea Reparto: Robert Cavanah, Tabu, Nathalie Auffret, Sydney Kean & Khalid Thiabji Género: aventuras Duración: 84 mins

“Jánuman” (o “Hánuman” según traducciones anglosajonas) es para los hinduistas una divinidad vinculada a “Shivá” y una de las deidades que forman parte del panteón hindú, cuya simbología figurativa viene representada en forma de mono. Venerado por su humildad, lealtad y humildad, sigue siendo uno de los mitos que ha trascendido más allá de su religiosidad para encumbrarse como un personaje popular que es adorado por su exotismo. Y es que más allá del misticismo que despierta esta fábula vinculada al hinduismo, es un ser que representa a una de las especies del reino salvaje más querida en Asia. Bajo este influjo subyugante, en que lo exótico convive con lo espiritual, Fred Fougea rodó hace ya casi quince añitos un peculiar filme de aventuras, tomando como base la leyenda del dios mono para concienciar a las grandes masas de las amenazas que sufren estos animales por culpa del hombre, así como la terrible deforestación arqueológica que padecen algunas zonas rurales dela India por culpa de la codicia descontrolada de los empresarios capitalistas de la zona que, pactando con cazadores de tesoros que pretenden colocar sus mercancías en Occidente, se embolsan una buena cantidad de dinero profanando templos y construcciones sagradas.

En este contexto situamos a Hanú, un monito que se enamora de Jeela, la retoña del rey del clan. A pesar de que el agresivo padre se opone a la relación, huyen para poder consumar su amor animal. Un ermitaño que custodia la montaña intenta darles cobijo, pero Dientes Largos termina separándolos y el pobre mono termina refugiado en un poblado al pie del monte, haciéndose amigo de un hombre escocés que ha venido al país para preservar las reliquias arqueológicas y visitar a una amiga de la infancia de la que está enamorado, a pesar de que ésta contraerá matrimonio con un poderoso empresario de la zona que se gana el pan cazando monos para cederlos a laboratorios farmacéuticos. Por si fuera poco, está compinchado con un grupo de ingleses que mancillan santuarios y templos sagrados. Y entre un clima agitado y unos cuantos brincos por los árboles, asistimos a las bellezas naturales de una región singular, apresada por monitos salvajes y entidades sobrenaturales invisibles.

Se nota que Fougea procede del medio televisivo, y es que este documentalista que adora la antropología, tal y como demuestran producciones posteriores como Man to Man (2005), en donde firmó el guión y se encargó de la puesta en escena, tiene demasiado asimilado el formato documental como para filmar una historia lineal con personajes inventados. A pesar de que haya rodado una ficción inspirada en una leyenda que ha evolucionado de lo religioso a lo folklórico y que exige el máximo respeto (y así nos lo transmite durante todo el metraje), a uno le da la sensación de que estamos visionando un docudrama, en que los monos son el eje vertebral del programa, como si quisiera rendirles pleito mostrando su “modus vivendi”, edulcorando la sutil trama de denuncia con cierta espiritualidad amoldada a los gustos del público “mainstream”. No consigue despertar la pasión emocional que en otras manos tal vez si hubiera conseguido estimular (pienso en Jean-Jacques Annaud). La idea de establecer una disyuntiva entre la soledad del mono con la del joven escocés, que pretende limpiar la imagen de su país, no termina de funcionar del todo, igual que las batallas personales que libran para recuperar a sus amadas, un romanticismo que nunca termina de acometerse porque ambas historias de amor están aisladas en secuencias muy breves, secundarias; a momentos contemplativos que están insertados para reforzar la duración del metraje (de unos escasos 84 minutos).

Algunos pensarán pues que este largometraje padece de ciertos contratiempos narrativos, y aunque no se pueda negar la irregularidad del conjunto, no creo que el objetivo del realizador fuera precisamente fagocitar la industria cinematográfica mediante una obra esteticista rodada en territorio hindú, con una trama argumental que inmortalizase el lugar por los siglos de los siglos. Más bien será recordada por su ambiciosa labor técnica y logística, que no se le puede negar, pues estamos hablando de que no hay efectos especiales que suplan a la comunidad de primates, sino que estos formaron parte del equipo de rodaje, igual que el principal protagonista de la especie que, tal y como se muestra “off de record”, tuvieron que amaestrarlo para que se adaptara al equipo humano. Y de eso trata Hánuman: del pulso que hay entre el hombre y la naturaleza y como el primero invade el entorno de la segunda sin pararse a pensar que tal vez sin ese hábitat natural no existiríamos como especie. Encima esa convivencia debe lidiar con las tradiciones locales, deshonradas por invasores colonialistas y turistas foráneos que no quieren comprender como esa riqueza espiritual afecta a la vida cuotidiana de los lugareños. El Dios Mono, así como otras deidades que se van intercalando durante la trama y que mágicamente se escapan de nuestra comprensión racional, nos lo recuerdan. Una cinta familiar pues que no pretende convertirse en el clásico filme de aventuras pero que tampoco esquiva su intencionalidad lúdica.

Lo mejor: la belleza de los paisajes autóctonos y comprobar como los primates se mueven por la naturaleza sin importarles de entrada la amenaza del hombre.

Lo peor: le falta un poco más de valentía a la hora de encarar los hechos que dictaminan el avance de la trama hasta su expeditiva resolución final.

El momento: el enfrentamiento gutural entre el ermitaño y Dientes Largos.

El dato: gracias al rodaje de este filme, y tal y como Fougea explica en entrevistas, se pudieron salvar a muchos monos enjaulados, cuyo destino era precisamente terminar en laboratorios que experimentan con nuevas vacunas.

La curiosidad: algunos estudiosos en la materia sostienen que el origen de “Sun Wukong”, el Rey Mono protagonista de la novela épica china, podría ser precisamente “Jánuman”.

Valoración: 6,5/10

De nuestro colaborador Eduard Terrades Vicens

 

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