La historia detrás de Funan: el largo camino hacia el perdón

Funan es la historia de una familia. De una mujer … de mi madre”.

De esta manera describe el realizador francés de ascendencia camboyana Denis Do su opera prima, la extraordinaria aventura de una mujer que pierde a su hijo en el inicio de un conflicto bélico, y su lucha por recuperarlo.

El contexto histórico

El régimen comunista de Pol Pot tomó la capital de Camboya el 17 de abril de 1975. Los ciudadanos fueron enviados a campos de trabajo y con la clara intención de eliminar las divisiones de clase, todos los efectos personales fueron confiscados y los individuos sustituidos por números. Las torturas y ejecuciones se convirtieron en moneda de cambio a la menor infracción. En este ambiente se movió la madre de Denis Do a lo largo de cuatro años. Funan le permitió al director reconstruir a los personajes a través del testimonio de su madre: un proceso creativo en el que pudo experimentar las sensaciones que vivieron entonces, a través de los diferentes personajes que aparecen en la película. Además del testimonio directo familiar, Denis Do se documentó sobre el contexto histórico que se vivió en Camboya entre 1975 y 1979, aunque su objetivo no era el de “convertir la película en una lección de historia”, sino dejar una puerta entreabierta que invite al público a traspasarla y a querer profundizar en el tema.

La animación como medio para contar historias

El dibujo y las técnicas de animación son una de las grandes pasiones del realizador. Tras cursar sus estudios en la Escuela de Imagen Gobelins (Francia), Denis Do se graduó en 2009 con el cortometraje The Ribbon, acerca del periodo histórico de la Revolución Cultural en China. Otro de los motivos que llevaron al director a decantarse por esta técnica es el hecho de que no veía a una actriz interpretando el papel de su madre; verla dibujada confería a la historia una visión más universal. La heroína de la película es camboyana, pero es ante todo una mujer, una madre. La animación, además, es un medio ideal para que el espectador se enfrente a temáticas tan duras como un conflicto bélico. Un medio del que se ha servido el cine, sobre todo, en los últimos tiempos, con films como La imagen perdida, del documentalista de origen camboyano Rithy Panh, o Vals con Bashir, documental animado sobre la matanza de refugiados palestinos en Sabra y Chatila (Líbano) en 1982, del director, guionista y compositor israelí Ari Folman.

La puesta en escena

La puesta en escena que luce la película es sobria. Camboya aparece como un país de lugares tranquilos, donde la belleza del paisaje predomina de fondo. Una calma y belleza que contrastan con los espíritus torturados de los personajes principales, que viven durante un largo tiempo privados de libertad y en unas condiciones al límite. Funan cuenta la historia de un país y una cultura rica, pero que durante un periodo de su historia pasó hambre y fue sometida a la barbarie. En esencia el director busca la analogía de un país con las mujeres que lo conforman. Mujeres determinadas y valientes, cuya belleza emana de su naturaleza, de su esencia.

El camino hacia el perdón

Funan narra los sacrificios, la angustia y el espíritu de supervivencia de un pueblo a través de la madre del director. Una mujer que se encontraba en Camboya durante el régimen de los Jemeres Rojos, entre 1975 y 1979. La película explora los sentimientos y la condición humana en un contexto de extrema opresión. Más allá de un análisis sobre el bien y el mal, las imágenes que presenta la cinta de animación sumergen al espectador en las vidas de personas corrientes, agotadas por el sufrimiento extremo, y como estas consiguen las fuerzas suficientes para seguir adelante. El director no juzga ni culpa, trata de entender. Porque será desde el entendimiento y la empatía, el primer paso en el largo camino hacia el perdón y hacia la redención.

Un artículo de Enrique Garcelán

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