La doncella (The Handmaiden): la nueva obra maestra de Park Chan-wook

Cada estreno de un nuevo trabajo de Park Chan-wook es una auténtica fiesta y un motivo de celebración para los amantes del buen cine en general y del cine asiático en particular. El cineasta coreano no baja el listón y vuelve a seducirnos con una obra maestra. Un ejemplo de orfebrería filmada que trasciende, deja poso, invita a su revisión instantánea y a la postre nos llena de tristeza a la hora de calcular que todavía queda mucho tiempo para que vuelva a dar a luz otra obra de arte.

originalSus dos horas y media de duración se pasan como un suspiro entre intrigas palaciegas, escenas de alto voltaje sexual, un inabarcable juego de referencias artísticas multidisciplinares y cierta crítica soterrada que tiene al imperialismo nipón como eje del mal. Como no, Park también nos regala en La doncella alguna que otra cruenta secuencia de tortura con las que los más acérrimos de su lado más salvaje y brutal acabarán seducidos. El cineasta que encadenó varias obras maestras incontestables como Joint Security Area, Simpathy for Mr. Vengeance, Oldboy o su “fracaso” americano Stoker adapta la novela de la escritora galesa Sarah Waters Falsa identidad, cambiando la Inglaterra victoriana por la época colonialista coreana de los años 30 del siglo pasado.

1ffmnwh3gb4iucaf1y8k5bqLa cámara serpea con soberbia elegancia por las diferentes estancias del caserón, reparando con especial incidencia e insistencia en la biblioteca, un espacio cerrado con inusual guarda que rezuma vida propia. Allí el prodigioso diseño de producción luce de manera espléndida mediante una decoración muy inglesa y un jardín interior al estilo japonés. En el interior de dicho habitáculo una de las protagonistas ejerce de lectora de incunables eróticos mientras sus excitados oyentes alimentan su imaginario más depravado y erógeno.

Uno del los referentes directos que alimenta tanto el desarrollo argumental como el preciosista despliegue técnico es sin duda Vértigo de Alfred Hitchcock; el mayestático giro de guion que nos descoloca (y de qué manera) justo en el epicentro de la acción y las constantes ambigüedades emocionales por las que se mueve el trío protagonista se unen en una espiral perfecta al delirio de la mirada producida por el esfuerzo compositivo de un director de orquesta que consigue afinar hasta el instrumento menos relevante.

park-chan-wook-thumb-860xauto-63223Cuerpos que se buscan desde la profunda avidez de la sangre; lirismo teñido de rojo.  Nuestros perplejos ojos no paran de deleitarse ante uno de los ejercicios de escritura fílmica más fascinante de los últimos años. Su tejido significante abruma por el rigor formal de su concepción y por la extraña y casi asfixiante perfección de un trabajo de puesta en escena a la vez causa y resultado de su inagotable riqueza semántica.

la-donellaY qué decir de su afinado y punzante sentido del humor soterrado que proviene del hecho de que los protagonistas (excelente tría de actores encabezados por el triángulo amoroso formado por Kim Min-hee (Ahora sí, antes no), Kim Tae-ri (en su debut en el terreno del largometraje) y Ha Jung-woo (The Yellow Sea) escondan sus verdaderas intenciones y estén todo el rato actuando frente a los demás. Y como siempre al director no le duelen prendas a la hora de regodearse en momentos de auténtico disfrute de la violencia marca de la casa.

Lo cierto es que nos hallamos ante un espectáculo visual extraordinario, un alarde compositivo preñado de suntuosidad y buen gusto que no deja indiferente. Park Chan-wook se revela como un dedicado y delicado maestro de ceremonias de sus apetitos particulares.

Una crítica de Francisco Nieto

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1 respuesta

  1. Andrés dice:

    Como os comenté tras su paso por el Festival de Sitges, una deliciosa perversidad.

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