Kintaro Kosaka, director de «Okko»: el gregario de lujo de Hayao Miyazaki

En los últimos años se ha convertido en rutinario leer que uno u otro director de animación japonesa eran “el nuevo Miyazaki”, ya fuera por su perfeccionismo (Makoto Shinkai), por sus temáticas humanistas (Mamoru Hosoda), o por su estilo cercano (Hiromasa Yonebayashi). Si hay un nombre que bien podría haber entrado en esa terna es el de Kintaro Kosaka. Un director que además de contar en su currículum con haber dirigido el primer film anime seleccionado por el Festival de Cannes, ha estado colaborando con Hayao Miyazaki e Isao Takahata desde los inicios de Studio Ghibli, convertido en uno de sus más fieles aprendices. El perfil bajo de este gregario de lujo. utilizando términos de un deporte que discípulo y maestro aman tanto como el ciclismo, no le ha convertido en un candidato rutilante, por lo menos hasta ahora, pero todo puede cambiar después del recorrido internacional que está consiguiendo su nuevo y esperado largometraje Okko, el hostal y sus fantasmas, que se estrena en nuestros cines este viernes 31 de mayo de la mano de Cinemaran Spain. Sus lugares comunes con esa atmósfera que desprenden los títulos del estudio de Totoro se entremezclan en una historia que pinta con fantasía la más dura realidad, y que nos habla de la pérdida y el ponerse en pie de nuevo desde la más pura filosofía japonesa, uniendo tradición y la ética del esfuerzo. La vida sigue.

Nacido en la prefectura de Kanagawa en 1962, el joven Kitaro tenía muy claro su futuro: trabajar en lo que le gustaba, dibujar, junto a su ídolo Hayao Miyazaki, que en aquel momento estaba formando a animadores en Telecom Animation Films. Nuestro protagonista no pasó el primer corte, pero entraría a trabajar en otro pequeño estudio, Oh! Productions, que con el tiempo trabajaría para el director de El viaje de Chihiro. Allí aprendió la artesanía del oficio, y con el tiempo, en 1986, daría el paso para convertirse en freelance. Su carrera le llevará por multitud de proyectos interesantes, desde Akira de Katsuhiro Otomo al Metropolis de Rintaro, pero la mayoría de su tiempo lo pasará trabajando como supervisor y director de animación o animando cuadros clave (key animation) para dos importantes estudios, Madhouse y, por fin, Studio Ghibli, en títulos como La tumba de las luciérnagas, La princesa Mononoke o X (La película). En este tiempo participará además en tres adaptaciones de uno de los mangakas más reputados como Naoki Urasawa: Yawara!, Master Keaton, y la colosal Monster, donde se encargó del diseño de personajes.

La idea para su debut como director de un largometraje llegó del propio Miyazaki, quien le hizo leer un manga de apenas tres volúmenes, Nasu, ya que ambos compartían una pasión por la temática en que se centraba la historia, el ciclismo. Kosaka le sugirió adaptarlo juntos, pero Miyazaki le dejó por entero el proyecto, alegando ser “demasiado viejo” y “no tener energía”. Kosaka llevó la idea a Masao Maruyama, viejo amigo y cabeza visible de Madhouse, donde sí podría florecer el proyecto. Al respecto de Nasu: Andalusia no Natsu, el director comentaba que encontraba el ciclismo una metáfora excelente de la vida: «nos movemos en grupos, y aquellos que no tienen ambición pueden simplemente llegar a la meta formando parte del pelotón. Pero aquellos que quieren destacar en algo encuentran que su sufrimiento y su lucha va en aumento según pasan los kilómetros, o los años».  Un espíritu de lucha que, comentaba, ya no encuentra en Japón: “una sociedad en la que no se valora el esfuerzo y el camino, sino el resultado”. Esa comparación con el deporte de las dos ruedas no debe escaparnos pensando en su propia vida. Kosoka es y ha sido un hombre de equipo, casi desconocido para el gran público, pero ha tenido un papel determinante en las carreras de tantas y tantas joyas de la animación japonesa. Además, el animador ambientó la historia en España, con lo que viajo a nuestro país para ver de primera mano los escenarios. Quedó impresionado por la cantidad de “verde” que veían sus ojos, así que buscó zonas un tanto más áridas, tomando como referencia el camino entre Málaga y Córdoba. La película hizo historia, al ser el primer título de animación japonesa seleccionado por el Festival de Cannes en su Quincena de los realizadores en 2003, consiguiendo una secuela directa a video también dirigida por Kosaka en 2007, Nasu: Suitcase no Wataridori, premiada en el Tokyo Anime Fair.

Desde entonces Kosaka seguirá el mismo papel en el mundo de la animación, recibiendo nada menos que el premio al mejor animador en el Tokyo Anime Award Festival de 2014 por El viento se levanta de su maestro, Miyazaki. Llegamos así a 2018, en el que regresará a la silla de director con Okko, el hostal y sus fantasmas, adaptación de una serie de hasta 20 novelas infantiles que contará con una adaptación manga y también en forma de serie anime de manera paralela al estreno en cines del largometraje. El director, que había dibujado algunas ilustraciones para la franquicia, recibió la oferta de llevarla a la gran pantalla de manera inesperada, pero encontró muchos alicientes en esta historia sobre una joven en esa edad de aprendizaje que descubre que la mejor manera de crecer es abriéndose a la sociedad y aceptando a los demás, un mensaje que le parecía importante destacar en esta era de egocentrismo.  Kosaka presentó la premiere mundial de la película en el festival de animación más importante de Europa, Annecy, consiguiendo rápidamente la distribución en Francia de la película, que llegó a estrenarse diez días antes que en el propio Japón. Quién sabe si este será su renacimiento definitivo como director.

 

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