Japan Classic Collection: Madadayo (1993)

madadayoposterv1Título original: Mâdadayo

País: Japón

Año: 1993

Duración: 134 mins

Director: Akira Kurosawa

Reparto: Tatsuo Matsumura, Kyoko Kagawa, Akira Terao, Hisashi Igawa.

Género: melodrama

En plena crisis económica, tanto de la industria cinematográfica como de la inmobiliaria, alentada por una burbuja especulativa que hacía aguas y que pasaba factura a productoras que habían participado en ella, un Kurosawa extenuado con la profesión que lo situó como uno de los hombres más influyentes del siglo XX decidió jubilarse del oficio de cineasta con una emotiva, edulcorada e incomprendida producción en torno a Hyakken Uchida (1889~1971), un escritor muy poco conocido en Occidente y que sirvió, desde una edad muy temprana, a la Armada Imperial Japonesa como profesor de alemán. Kurosawa le tenía cierta estima y quiso rendirle tributo en un film que recogía las experiencias personales que el escritor había plasmado en esos ensayos que escribió justo después de finalizar su labor académica. Rodada un lustro antes de su fallecimiento, no fueron pocos los que interpretaron erróneamente (pues el film no se llegó a estrenar en muchos países anglosajones, y cuando llegó, fue después de su muerte) como una despedida intuitiva del propio Kurosawa con los suyos, con todos aquellos que habían confiado y creído en él desde el inicio de su carrera hasta el final. No temía a la muerte, pero sí era consciente de que su tiempo en este mundo se estaba acabando, y es por eso, en parte, por lo que quiso rodar su última magna opus, afrontándola desde la mirada serena y ventajosa que le daba ser un veterano de la profesión; también por ser considerado uno de los mejores directores de su país (por no decir el que más).

madadayo1v1El juego de palabras establecido por su protagonista daba a un sinfín de interpretaciones y su simbolismo adquiría mayor fuerza con la retirada premeditada después de su estreno: “mâda-da-yo” («aún no») en realidad es una expresión extraída de la cancioncilla que utilizan los niños nipones para jugar al escondite, siendo la respuesta a “mo ii kai” (¿estáis listos?). Simplemente esto. Dicha expresión la establecen los antiguos alumnos de ese profesor que, al jubilarse, decide dedicarse en cuerpo y alma al arte de las letras, aunque es cierto que sus veteranos pupilos la deforman y utilizan “mâda-kai (“¿estás listo para irte?), con ciertas connotaciones fúnebres, para preguntarle en todo momento cómo se encuentra de salud. Sin conocer la terminología exacta, no fueron pocos los que afirmaban que era su despedida en toda regla e incluso lo interpretaron inequívocamente como la reafirmación del Kurosawa guionista. Teniendo en cuenta que siempre se lo había encumbrado como director, algunos pensaron que escribió el papel y la caracterización de Uchida (interpretado por Tatsuo Matsumura) pensando en su propia frustración por no haber destacado como escritor. Kurosawa se metamorfoseaba en Uchida, esa era la única lectura posible, cuando en realidad debería contemplarse como una historia de amor en la más honesta y bella de las tradiciones japonesas, tomando las bases conceptuales del “renai” (romanticismo narrado) y reforzada por la sosegada banda sonora de Shinichirô Ikebe. madadayo5v1Además, la relación que se establece entre la esposa y el marido adquiere un valor intrínseco en el concepto abstracto del “mono no aware”, que es la percepción empática ante la belleza efímera de la naturaleza y, por extensión, de la condición humana, y que en el filme se traduce en el amor incondicional de la esposa a su marido. El amor que siente la esposa de Uchida por su esposo es tan puro como imperecedero al paso de las épocas (representada en la dura posguerra que afrontan, sofocada por las ayudas altruistas de los alumnos del profesor) y de las estaciones (reflejado en el plano secuencia estático en el que marido y mujer contemplan el paso de las estaciones, ella siempre por detrás de él), adquiriendo una analogía con respecto al estoicismo que siempre ha demostrado el pueblo nipón ante cualquier adversidad.

madadayo6v1Dejando al margen los problemas en la traducción, Kurosawa consigue un film brillante en su primera hora (especialmente cuando tiene lugar la primera ceremonia en que sus antiguos alumnos alaban la figura de su eterno profesor, celebrada en forma de banquete nocturno en una sala de fiestas) y una más que aceptable segunda hora en la que asistimos al decaimiento físico y anímico del profesor, agravado por la pérdida de un ser querido: un gato callejero que acogió cuando se mudó de vivienda y que trata como si fuera su propio hijo. Por diferencias culturales, puede que algunas situaciones de la segunda parte del film resulten incomprensibles o exageradas desde los cánones occidentales (los antiguos alumnos utilizando los ahorros de sus medianos sueldos de oficinistas para brindarle una nueva casa más espaciosa, sin que sus familias les cuestionen este acto de puro altruismo filantrópico), pero vienen a reforzar el grado de sumo respeto que sienten los japoneses hacia la gente mayor y la veneración absoluta hacia la figura del “sensei” (el profesor), en un momento en que la Educación, como institución social, estaba siendo cuestionada por la opinión pública autóctona y no tenía demasiada buena fama.madadayo7v1 También puede resultar algo lenta para los que estén más acostumbrados al Kurosawa de los años 50, pero no deja de ser un síntoma de su vejez, un síntoma de enlentecimiento en su tempo que ya habíamos padecido en films previos como Ran (1985), Los sueños (1990) o Rapsodia en agosto (1991), y aún así, desde siempre hemos venido considerándolas como pequeñas y tardías obras maestras de su madurez como cineasta. Mâdadayo no entra en esta categoría, pero su nostalgia nos retrotrae a las mejores épocas fílmicas del llamado Emperador del Cine Japonés.

Lo mejor: Que pueda narrar una gran historia de amor desde la sencillez y la escenografía final, que parece sacada del último capítulo de Los sueños: una escena bucólica en la que se ven unos niños jugando al escondite con el cielo en el horizonte cambiando de tonalidades.

Lo peor: Algunos pasajes innecesarios de la vida del maestro hacen que se alargue en demasía, como el que tiene lugar cuando todos se esfuerzan en encontrar al gato perdido.

 

Por Eduard Terrades Vicens

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