Japan Classic Collection: Bitter End of a Sweet Night (Japón, 1961)

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Título original: Amai Yoru no Hate País: Japón Año: 1961  Duración: 81 min. Director: Kijû Yoshida Reparto: Masahiko Tsugawa, Michiko Saga, Teruyo Yamagami & Hiroko Sugita Género: drama / nouvelle vague

Los primeros trabajos cinematográficos de Kijû Yoshida, alter ego y seudónimo artístico de Yoshishige Yoshida, se inscribían perfectamente en la “nuberu vagu”, es decir, la nueva ola que, impulsada por las inquietudes artísticas e intelectuales de muchos realizadores en horas bajas, asoló las pequeñas salas “artys” y las situadas en las periferias de las grandes conglomeraciones urbanas durante buena parte de los años 60. Yoshida fue uno de sus miembros fundadores y, como tal, sus primerizas obras fílmicas seguían a raja tabla algunos de los preceptos inscritos en ese movimiento colectivo oficializado, que pretendía agitar el séptimo arte partiendo de un neorrealismo que chocaba con la pujanza económica y los altibajos políticos de esa época.

kijû yoshida - Bitter End2Sin embargo, el valor cinematográfico de este ‘final feliz de una dulce noche’, que se presentó en respuesta al proceso desaforado de industrialización de muchas villas niponas y de la jerarquización absoluta de la clase obrera, trasciende más allá de sus filigranas visuales y narrativas. Yoshida incorporó algunos de los conceptos formales estructurales impulsados por esa vorágine de intelectuales cineastas nipones que seguían con máxima diligencia cualquier paso de la “nouvelle vague francesa” (sobre todo de la obra de Jean-Luc Godard). Aquí siguen prevaleciendo esas secuencias cortadas secamente, con cambios espacio-temporales sin fundidos en negro o encadenados que dificultan el seguimiento de la historia en algunas partes, pero que las dotan de un endiablado dinamismo acorde con la evolución dramática de la historia y de los propios personajes. Más allá de estas experimentaciones narrativas, la poética del filme reside en esos espacios urbanos y construcciones que ahora forman parte de un pasado inexistente, pues actualmente están en desuso o simplemente fueron derruidos por su deterioro o al estar obsoletamente en desuso. En algunos casos son equipamientos deportivos (los velódromos ubicados al lado de playas o lagos), otros son viejas fábricas que han sido demolidas por la urbanización especulativa que arrasó en Japón durante la década de los 80 (la villa industrial de Yokkaichi, situada al norte de la prefectura de Mie). Sin olvidar esos parques de atracciones de reducidas consideraciones al estar situados en las azoteas de grandes almacenes, en los que sólo había cabida para una noria, un tiovivo, paraditas de dulces y nubes de algodón y poco más (hoy en día, alguno que otro ha sobrevivido, como el atiborrado parque de Asakusa, aunque éste se situé al lado del templo Senso-ji). Todos estos lugares son un recuerdo nostálgico para muchas familias de clase media que sólo disponían de un único día a la semana de descanso para dedicar a sus hijos, visible también en otras producciones previas, como en House of Bamboo (1955), coproducida con Estados Unidos y dirigida por la batuta de Samuel Fuller.

kijû yoshida - Bitter End3Así, a través de la historia de dos pueblerinos jóvenes, rebeldes y con pretensiones amorosas, que buscan el dinero fácil en la gran ciudad, aunque sea a costa de los demás, podemos persuadirnos de que esos espacios oxidados y deteriorados por el paso del tiempo fueron símbolos de prosperidad en el Japón revolucionario de los 60 y del pre-Milagro Económico Japonés. Era la época de intentar hacer fortuna y prosperar a velocidad de relámpago. En este contexto de pujanza se encuentra un chico que trabaja en unos grandes almacenes y que se gana un sobresueldo en un bar de alterne, intentando seducir a la propietaria del lugar, pues es la hija del encargado de la empresa donde trabaja y pretende, así, aspirar a un cargo mejor. Paralelamente conoce a la joven viuda de una importante empresa de fundiciones local, cuyo padre es cliente habitual del bar. Su ambición hará que se debata constantemente entre ambas muchachas, al mismo tiempo que su corazón sigue anhelando el amor de su mejor amiga de la infancia, a la que consigue colocar en el mismo local nocturno.

kijû yoshida - Bitter End4Yoshida le da mucha importancia a los ajetreos nocturnos en la zona ociosa de Yokkaichi. No en vano, esta ciudad situada en la región de Kinki, famosa por su manufacturación de ‘banko’ (porcelana con denominación de origen local), ostenta la mala fama en esa prefectura de ser el lugar donde más prostíbulos proliferaron en los 80 y 90, siendo la mayoría de ellos controlados por la ‘yakuza’, con algún que otro escándalo protagonizado por inmigrantes ilegales que llegó a transcender a la prensa nacional. Yoshida no incide en la criminalidad del lugar, más que nada porque en el momento en que fue rodada los gangsters aún no se habían adueñado de la zona de ocio nocturno, pero las formas y la manera en cómo actúa el apuesto pimpollo, que busca un puesto como sea en alguna de las empresas locales y que trapichea con quien sea, sí podrían considerarse más propias de un ‘yakuza’. Parece como si el realizador hubiera tomado como modelo para definir su carácter a uno de estos ‘yakuza’ de la época más recalcitrantes. Sin embargo, la intencionalidad de Yoshida no es la de ofrecer un espectáculo de acción, ni una mitificación del proscrito del siglo XX (aún quedaban unos añitos para las buenas ‘yakuza eiga’ de Kinji Fukasaku), sino una crónica localista de la ascendente modernización de un Japón en aras de convertirse en una de las primeras potencias mundiales, dejando atrás definitivamente la prolongadísima posguerra. Todo ello con la estimable ayuda de un descarriado que quiere formar parte de esos cambios sociales, sin caer en la alineación de la clase obrera, buscando como salvoconducto a una mujer acaudalada y que esté bien posicionada para prosperar económicamente. Y si no lo consigue, siempre le quedará esos solitarios velódromos para correr con su moto y desahogarse, mientras su novia pueblerina se coge a él de forma apasionada. Apasionada como la recreación que hace Yoshida del inicio de una década convulsa y decisiva para la consagración económica de su Japón natal.

LO MEJOR: gozar de esos inexistentes espacios urbanos que, de forma nostálgica, nos acercan a una época de un Japón que nunca podremos vivir.

LO PEOR: La falta de depuración estilística al ser aún su tercer filme y sus sobrantes últimos dos minutos.

Valoración: 7,5/10

Eduard Terrades Vicens

 

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