Inaugurando el CAFW 2014: Seven Weeks

Ayer a las 20:00h tenía lugar la inauguración de la segunda edición del Casa Asia Film Week, una muestra de cine que regresaba al escenario barcelonés después de tres años de ausencia, y tras una primera edición que tuvo lugar en 2011, donde la película china Budha Mountain se alzó con el premio a la mejor película.

Hay que agradecer tanto a Casa Asia (organizador de la muestra), como a los Cinemes Girona (productor de la misma), el esfuerzo realizado para conseguir programar 40 films asiáticos en un momento tan crítico y difícil para la cultura de nuestro país, y su deseo de hacer visible unas cinematografías que difícilmente llegan a la cartelera de cine convencional. Un esfuerzo que se une al que realizan desde hace ya unos años el Festival de Cine de Sitges (con su amplia representación oriental), y al Festival Nits de Cinema Oriental de Vic (que este año acaba de cumplir su onceava edición). Si bien la presente edición del CAFW está limitada en una gran parte de su propuesta, al drama, y a países que tienen menor presencia en otras muestras de cine asiático (Irán, Afganistán, Pakistán, Uzbekistán, Malasia, Mongolia…), también hay que destacar la presencia de países como Japón, Corea del Sur o Hong Kong entre sus títulos más destacados.

Seven Weeks1La película que ayer abría el festival y la Sección Oficial Seven Weeks, del casi octogenario director japonés Nobuhiko Obayashi (poco conocido internacionalmente, pero con una carrera de más de una cincuentena de títulos que arranca desde finales de los años sesenta), fue proyectada como película de clausura en el Yubari International Fantastic Film Festival. Pero, ¿es Seven Weeks una película fantástica? Así a bote pronto, y tras leer el argumento de la película, la opción más segura es la decantarse por el no. Pero, sin embargo, cuando la película se abre con una banda sonora interpretada por unos músicos que recorren las calles y los campos de Ashibetsu (en la isla de Hokkaido), lugar donde tendrá lugar la historia, uno empieza a tener sus dudas…

La historia que cuenta Seven Weeks habla de la muerte. De su sentido y del sentido de la existencia. Y lo hace a través de la historia de Mitsuo Suzuki, doctor retirado que vive en una casa cultural llena de antigüedades en la pequeña ciudad de Ashibetsu. La historia comienza en el momento de su muerte, y se alargará a lo largo de 16 capítulos (a modo de un cuento), que describirán los diferentes momentos que vivirá su familia desde entonces, hasta que se cumplan las siete semanas de su fallecimiento, y el cuerpo del anciano se reencarne. A través de la familia de Mitsuo, el director nos hablará de los recuerdos: de la II Guerra Mundial, de la dura postguerra, de lo que significó para los habitantes de la ciudad de Ashibetsu el final de la guerra, su relación con las tropas rusas, la incipiente industria de la minería y sus trabajadores, muchos de ellos de procedencia coreana… Una historia que, a primera vista, parece algo de lo que muchos directores nos hayan hablado, pero que en las manos de Obayashi adquiere otra dimensión. Tanto es así que su forma de narrar, desinhibida, es en muchos aspectos más moderna que la de muchos de sus realizadores que hoy en día ruedan en Japón. El montaje (atropellado y sincronizado con los diálogos de los actores), la mezcla de tiempos y espacios, la utilización de la animación, otorgan a esta película una oportunidad única de dejarse llevar por una nueva forma de narrar.

Seven Weeks2Pero no todos son luces en los logros del director. Seven Weeks hubiera sido una obra de referencia si Obayashi hubiera dejado a un lado la parte más «panfletaria» de la cinta (la obra fue un encargo conmemorativo para honrar a la ciudad de Ashibetsu), en la que los personajes parecen guías turísticos contando las alabanzas y ventajas de vivir en la zona. De ahí que el film quede lastrado en algunos de sus capítulos, y parezca no querer acabar nunca, en unos 171 minutos difíciles de justificar atendiendo a la historia y a las intenciones del director. Dos horas, y seguro que el resultado hubiera sido mucho más redondo.

Aún con todo ello, es justo decir que Seven Weeks tiene suficientes argumentos para ser una cinta a tener en cuenta y, por encima de todo, que demuestra la vitalidad de los directores octogenarios en Japón (como es el caso también de Yoji Yamada), algo que ya nos gustaría sucediera en nuestro país.

Gloria Fernández

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