Festival Internacional de cine de Gijón. Día 5 y 6. Martes 20 y Miércoles 21. Mi reencuentro con Apichatpong y el descubrimiento de Jacubisko

Creo que no lo he comentado antes, pero ahora mismo, sentada cenando mientras escribo esta crónica, debo sincerarme: me encanta el pan asturiano, es más, me encanta la comida de Gijón… Ya está, dixit!!!

Y vamos al cine que es lo que toca. Dejamos nuestra crónica anterior en Jung y su Approved for Adoption. No sé si recordaréis la entrevista que le hicimos hace casi dos meses a la directora francesa de origen coreano Ounie Lecomte, a razón del estreno en nuestro país de su película Una Vida Nueva y que trataba de una niña coreana (protagonizada por Kim Sae-ron: El Hombre sin Pasado y Barbie, esta última compitiendo en Sección Oficial aquí en Gijón) abandonada por su padre en un orfanato y posteriormente adoptada por una familia francesa. Pues bien, en la entrevista, la directora nos reconoció que el hecho de hacer la película fue algo terapéutico, algo que necesitaba hacer para, por así decirlo, hacer las paces con el pasado… Pues bien, al director belga de origen coreano Jung, le ha pasado exactamente lo mismo. La búsqueda de su identidad y su reconstrucción como persona, le llevaron hace 5 años a dibujar una novela gráfica, un cómic titulado Piel, Color Miel, donde contaba su historia: desde su abandono en las calles de Corea cuando tan solo tenía 4 años hasta su ficha en el orfelinato donde indicaba “aprobado para la adopción”, hasta que finalmente fue adoptado. Pues bien, ahora, sigue buceando en su identidad y ha decidido crear, pero esta vez, utilizando los recursos del cine. La película comienza (aunque tiene sus respectivos flashbacks) donde terminaba Una Vida Nueva: él llegando a su nuevo hogar en Europa y el encuentro con su nueva familia, con 3 hermanos más y una nueva niña coreana que se incorporará años después. Jung consigue una mezcla curiosa en Approved for Adoption, pues no sólo es una historia contada en animación (con tonos ocres y grises), sino que a ella se intercalan imágenes de archivo sobre Corea y los años de la post-guerra e imágenes de las grabaciones en Super-8 que hicieron sus padres a su llegada a la familia, así como imágenes del presente de Jung, de la primera vez que pisaba Corea después de su adopción, en su búsqueda de documentación e investigación sobre sus verdaderos padres. Una ovación sonó fuerte en el Teatro Jovellanos al finalizar el film, y es que la historia es tierna, bonita, bien contada y… como dice su autor: hecha con sinceridad, desde el corazón en homenaje a todas las madres, tanto biológicas como adoptivas (porque pienso en las madres coreanas de aquella época que tuvieron que abandonar a sus hijos… arrastrarán toda la vida el peso de la culpabilidad).

Al día siguiente me esperaba la única película española que vería durante el Festival: Viaje a Surtsey. Y, ¿por qué? Os preguntaréis. Pues simplemente porque la dirige un amiguete que después de 10 años en el sector de la distribución, por fin le ha llegado la hora de ponerse detrás de las cámaras y dirigir (o co-dirigir) su primera peli… y eso siempre hace ilusión compartirlo. Así que allí me fue a las 09:30h de la mañana… Resultado: una película sin pretensiones, modesta, pequeña… pero bien hecha, muy digna. Así que chicos, podéis sentiros orgullosos de ésta vuestra primera película.

Y a las 12:30h llegaba mi primer encuentro con Apichatpong, pero sin Apichatpong, sino que dirige otro tailandés, Wichamon Somunjarn: In April the Following Year There Was a Fire. Y es que la sombra de Apichatpong es muy alargada (de hecho se le nombra al principio del film, no sé muy bien si como homenaje o con algo de cinismo) en este documental que mezcla realidad y ficción. La mirada del joven que vuelve a su pueblo para observar los cambios de la vida allí, en ocasiones resulta interesante, pero en otras parece vago y titubeante, pues realmente nunca llegas a tener claro qué quiere contarte: imágenes demasiado persistentes sin ton ni son, escenas (como la del caballo o la entrevista al señor mayor) que no sabes muy bien a qué vienen….En fin, interesante en ciertas cosas, pero muy difuso en otras. Children of Sarajevo, película bosnio-turca a competición de la directora Aida Begic, resultó ser mucho más estimulante. La historia de dos hermanos en los que se refleja las secuelas del conflicto de los Balcanes está dirigida con mano firme, con colores apagados y fríos para mostrar la dureza de la vida después de la pérdida, después de la soledad y el abandono. Rahima, musulmana (y además decidida a llevar pañuelo en su cabeza) intenta mantener unido su reducido núcleo familiar compuesto únicamente por un hermano que le da más de un dolor de cabeza. El duro trabajo en la cocina de un restaurante, las quejas del colegio en el que su hermano siempre acaba con problemas y las amenazas del político local de turno, son algunas de las cosas con las que Rahima lidia día a día. Con un trabajo de cámara en mano efectivo y dejando en la actriz protagonista todo el peso de la narración, a Children of Sarajevo (película que concursa a la carrera de los Oscars por su país) sólo puedo desde mi opinión achacarle un pero: su final, no me vale un “la vida continúa” cuando has abiertos tantos frentes y quedan tantas tramas, conflictos, asuntos por concluir…

En la Sección Géneros Mutantes del Festival, conseguí repescar del Festival de Sitges mi segundo rencuentro con Apichatpong Wherasetakul: Mekong Hotel. Y aunque hubo algún que otro aplauso en la sala después de la proyección, a la salida escuché alguna de las conversaciones de los espectadores sobre la película: “¿y esto es una película?”, “mira que hace tiempo que no veo nada tan malo”… Y es que esto es lo que provoca Apichatpong al común de los mortales que se acerca al cine sin saber quién es y pensando que la peli trata de un hotel en las orillas del río Mekong… Ay, ay… En fin, el director tailandés, como siempre, te lleva a un terreno donde si no conoces los “códigos de lectura” (historia del país, claves budistas, reencarnación, tradiciones…) te es muy difícil conectar con lo que estás viendo… Lo es aun conociendo esos códigos… Lo siento Apichatpong, sigues cayéndome muy bien pero quien te entienda, que te compre. Yo no.

Y después de una sesión “apichatponiana” yo, qué queréis que os diga, necesitaba mi dosis de cine de género, así que recuperé The Divide de Xavier Gens, que se proyectaba dentro del ciclo dedicado ala Crueldad Francesa y que aún no había podido ver después de su estreno en Sitges el pasado año. Ale, a terminar el día a lo grande, mañana tocaba más.

Mi siguiente etapa del viaje por el Festival de Gijón me llevó al descubrimiento de Juraj Jakubisko. An Ambiguous Report about the End of the World, la primera película que veía de este realizador eslovaco, me dejó completamente fascinada, asombrada, anonadada…. En fin, no hablaré más porque no toca pero este maestro del cine del este europeo (comparado con Fellini), merece un lugar en mi universo cinematográfico (de hecho, dejaría, la que sería mi última sesión en el Festival, para él y su última producción, Bathory).

Children Who Chased Lost Voices iba a ser la última película del día; el último film de animación de Makoto Shinkai, que ha sido criticado por algunos fans por haber abandonado la senda que inició con sus dos anteriores films (The Place Promised in our Early Days y 5 Centimeters per Second) y acercarse “peligrosamente” a los terrenos de Ghibli y Hayao Miyazaki, no me iba a suponer una sorpresa, pues ya lo habíamos visto anteriormente. A mí, sinceramente, me da igual si Shinkai se acerca o no a Miyazaki, mientras lo que nos ofrezca siga siendo bueno… y os puedo asegurar que Children Who Chased Lost Voices es una pequeña obra de arte, una bonita y bien hecha fábula acerca del amor más allá de la muerte y del sacrificio. Preciosa. Y si al comienzo de este párrafo he dicho “iba a ser”, es porque empezada la proyección, abandoné la sala de repente para mantener una agradable charla con la dirección del Festival. Y es que…hablando se entiende la gente…

Y lo que son las cosas, mi primera colaboración en el Festival, toda una bonita sorpresa me esperaría una hora después: iba a presentar en los Cines Centro la proyección de Viaje a Surtsey (la película de mi amiguete Javier Asenjo), con el posterior debate con el público. La verdad, aquella noche me fui a la cama con un muy buen sabor de boca. Al día siguiente nos esperaba a primera hora de la mañana la película japonesa About the Pink Sky y nuestro encuentro/entrevista al director coreano Lee Sang-woo, que presentaba en el Festival, Barbie. En breve os tendremos preparada la crónica final del Festival junto al Palmarés del mismo.

Una crónica de Gloria Fernández

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