El hotel a orillas del río: la poesía entre hombres y mujeres

Comentar acerca de un film puede resultar complejo. Se han de tener en cuenta las motivaciones del director, las temáticas que aborda en sus películas, los personajes presentes en sus films, los elementos del lenguaje cinematográfico que utiliza y aquellos a los que recurre con mayor asiduidad, el contexto histórico en el que trabaja… En el caso del coreano Hong Sangsoo el estudio puede complicarse, ya que su obra, sus personajes, la cotidianidad de las situaciones que plantea es tan reiterativa, contiene tantos matices, que podemos llegar a pensar que toda su filmografía se funde en una sola película que contemplamos una y otra vez, sometida a pequeñas variaciones, donde los personajes saltan de una cinta a otra sin importarles el título del film en cuestión. La búsqueda de estos pequeños matices que estructuran la cinematografía del director coreano ha de guiarnos a la hora de degustar cada una de sus obras.

En un hotel a orillas del río Han (Seúl), un poeta reúne a sus hijos a los que hace tiempo que no ve. Allí pasarán el día, hablando de aquellos temas pendientes. Dos mujeres se cruzarán en su camino. Una joven a la que acaba de abandonar su pareja, y su amiga que ha venido a consolarla. Como si fueran dos ángeles, estas dos mujeres servirán de contrapunto al ocaso y al hastío en el que se ha convertido la vida del escritor.

Escritores, directores de cine, mujeres abandonadas, hombres que finalmente deciden quedarse con su mujer, mentiras. La hoguera de las vanidades al servicio del cine. Desde hace un tiempo la vida y la obra de Hong Sangsoo corren líneas paralelas. Desde que el director iniciara una relación con la actriz Kim Min-hee (La doncella) y abandonara a su mujer, Hong Sangsoo ha ido narrando a través de imágenes la carga que le ha acompañado en su camino. Por eso, cuando el espectador asiste el primer plano del film: un poeta que contempla desde su habitación de hotel a una joven mirando hacia el río, muchos ven en él al alter ego del director.

Y a partir de ese momento todo fluye. Una voz en off nos informará de que no es una mañana cualquiera para este personaje, al que da vida el actor Gi Ju-bong (que recibió el premio al mejor actor en el Festival de Locarno), y de que tarde o temprano acabará conociendo a esa joven a la que contempla a través de la ventana de su habitación. No tardarán en llegar el zoom y las panorámicas, los dos elementos del lenguaje cinematográfico que forman el núcleo central de las películas del director coreano. Y asistiremos, desde la butaca, a un día que no queremos que acabe nunca.

Una frase, de las muchas que nos regalarán los personajes, para el recuerdo: “entiendo lo que hace el director, pero no atrae al público. Parece aburrido”. Una frase que tan bien retrata el cine de Hong Sangsoo, un poeta que vive en un mundo donde no tiene cabida la música de las palabras, salvo en contadas excepciones.

El espectador de cine tiene ahora una oportunidad. El hotel a orillas del río, que ganó el premio a la mejor película y mejor guion en el Festival de Gijón, es algo más que la nueva película de Hong Sangsoo: es el testamento de un poeta. Un intelectual que vive en un mundo en el que difícilmente tiene cabida la cultura y el amor.

Una crítica de Enrique Garcelán

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