El cine de Wang Quan’an: la mirada naturalista de la Sexta Generación

El viernes 14 llega a España El huevo del dinosaurio, la última película de Wang Quan’an, uno de los grandes olvidados del cine chino contemporáneo a pesar del notable éxito en festivales de la mayoría de sus películas. Una oportunidad única para gozar en pantalla grande de la obra del director de su generación que mejor ha sabido retratar la vida rural en China y Mongolia y sus increíbles paisajes naturales.

Wang Quan’an nace en 1965 en Shaanxi, una provincia rural del interior de China. Aunque demasiado joven como para participar activamente, vivió el fervor de la Revolución Cultural en uno de sus epicentros ideológicos: Yan’an. Al igual que a los jóvenes de su generación; las canciones, películas y lemas de la Revolución se le quedan marcadas en el inconsciente e incluso llegaría a recuperar una de esas canciones como título de una de sus películas, Weaving Girl (2009). Con 23 años, siendo estudiante de la Academia de Cine de Beijing, vive de primera mano un acontecimiento que marcaría profundamente a toda su generación: las protestas estudiantiles de la plaza Tian’anmen. La juventud de la época se sentía “huérfana” de un Partido sometido por completo a un capitalismo despiadado en lo económico pero que seguía mostrando su vertiente más autoritaria en lo político. Jóvenes directores -habitualmente llamados “la Sexta Generación de cineastas chinos”- como Zhang Yuan, Wang Xiaoshuai (compañeros en la Academia de Wang) y un poco más tarde Jia Zhangke y el propio Wang Quan’an debutaron en este contexto de inconformidad estudiantil con el Partido. Su debut, Lunar Eclipse (1999) surge fruto de ese desencanto, retratando a una juventud con un futuro incierto en el contexto de un mundo cambiante y cada vez más cruel. A menudo comparada con Suzhou River (2000), ambas tratan de una mujer y de su doble, el director abandona la pretensión de veracidad documental en favor de un cierto realismo mágico, consiguiendo una fábula urbana, crítica y punzante con la contemporaneidad de su país. Fue la primera colaboración entre el director y Yu Nan, actriz que se convertiría en su “musa”, protagonizando sus cuatro primeras obras.

Cinco años más tarde, Wang Quan’an presenta The Story of Ermei (2004) en el Festival de Berlín. Yu Nan interpreta a una joven en un entorno rural (en el que Wang se siente más cómodo) que se ve abocada a luchar por sacar adelante a su familia cuando su abuelo cae enfermo. Su lucha es la de muchas mujeres, una lucha que seguirá retratando en sus dos siguientes películas y que regresa en su nuevo estreno. Wang Quan’an se aleja de esa atmósfera onírica y urbana, acercándose al cine “etnográfico” de la generación anterior (entre los que destacan Zhang Yimou y Chen Kaige), que solía centrarse en la China rural y que denunciaba la opresión de la mujer campesina. Dos años después, en La boda de Tuya (2006) el director perfecciona un estilo más convencional pero también más maduro, que ya se había empezado a notar en The Story of Ermei. Wang Quan’an decide rodar en Mongolia, cerca del lugar de nacimiento de su madre, con una motivación similar a la que empujó a Jia Zhangke a realizar Naturaleza Muerta ese mismo año: retratar una sociedad que se encontraba bajo la amenaza de desaparecer. El director consigue ir más allá de un simple documento etnográfico, que deja lo particular para contar una historia sobre la condición humana. Tuya, al igual que Ermei, debe hacerse cargo de su familia tras un accidente de su marido, que lo deja totalmente paralizado. Tras decidir que la mejor solución es volver a casarse, deberá decidir entre Baolier, un nuevo rico, y Senge, un joven campesino vecino del pueblo. Tuya, al igual que Mongolia, deberá elegir entre el progreso económico y la tradición. La cinta se llevó el Oso de oro en el Festival de Berlín, consagrando a Wang Quan’an a nivel internacional.

Su siguiente película, Weaving Girl (2009), toma el nombre de una canción soviética que se hizo muy popular durante la época maoísta. Fue la última colaboración hasta la fecha entre el director y Yu Nan, volviendo a sus temas recurrentes: una mujer que debe luchar por sobrevivir en un mundo cambiante y un triángulo amoroso. El éxito que no consiguió en esta película lo conseguiría con Apart Together (2010), film con el que volvió a alzarse con un importante premio en Berlín, su festival favorito, ganando el Oso de plata al Mejor guion. Liu (Feng Ling) vuelve a Shanghai 50 años después de su exilio a Taiwan, para reencontrarse con Qiao (Lisa Lu), su primer amor a la que tuvo que abandonar cuando estaba embarazada. Wang Quan’an cuenta una historia de sentimientos reprimidos, donde los silencios, los gestos y las miradas juegan un papel fundamental. El director sobresale aquí en su faceta de narrador, con un estilo que se consolida con un corte más clásico, totalmente alejado ya de la atmósfera onírica de su primera película. También en Berlín estrena White Deer Plain (2011), su proyecto más ambicioso hasta la fecha y que llevaba preparando desde la finalización de La boda de Tuya. Se trata de una película épica, de cuatro horas en su versión inicial pero recortada a tres en su versión comercial, que adapta la novela del mismo nombre de Chen Zhongshi. En ella, se narra la caída de la última dinastía de China, desde 1910 hasta 1938, ya en plena invasión japonesa. El director despoja a sus personajes de toda posible épica, sirviéndose de la época como una metáfora de la historia y el futuro de China, condenada a ciclos regulares de destrucción y decadencia.

Ocho años después Wang Quan’an se adentra en territorio desconocido, una película que mezcla géneros como no lo había hecho hasta ahora. En El huevo de dinosaurio, Wang Quan’an parte de una premisa típica del thriller, que abandona para entrar en el día a día de la población mongola y en su ciclo vital. Con un ritmo lento, pero nunca tedioso, el director introduce apuntes de comedia negra con habilidad. Además, vuelve al país donde rodó La boda de Tuya, su mayor éxito hasta la fecha, volviendo a mostrar su habilidad para transmitir la majestuosidad inconmensurable de la estepa mongola.

Un reportaje de Josep Santcristófol

 

   Enviar artículo en formato PDF   

También te podría gustar...

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *