Directoras japonesas: abriéndose paso en una industria jerarquizada por los hombres

La igualdad laboral entre géneros es uno de los retos de la humanidad en las próximas décadas, y parece uno especialmente complicado en Japón. El Foro Económico Mundial sitúa al país en el puesto número 111 (de 144) del ranking en su informe sobre la inclusión de la mujer en los puestos de trabajo, y en el mundo del cine no es que funcione mucho mejor. El cine japonés continúa jerarquizado por los hombres, haciendo que la visión femenina quede relegada a un segundo plano, pero en las últimas décadas varias voces femeninas han conseguido superar esas barreras. Aprovechando el estreno en cines este viernes 17 de noviembre de Hacia la luz, el nuevo trabajo de la directora japonesa en activo más reconocida a nivel mundial, Naomi Kawase,  queremos hablar de algunas de esas directoras que, siguiendo los pasos de la pionera Tazuko Sakane, han aportado a la cinematografía del país otras sensibilidades y enfoques, y sobretodo mucha calidad. Con historias no necesariamente centradas en el universo femenino, el punto de vista de estas directoras, y otras más que se quedan en el tintero, es absolutamente esencial para conseguir una visión completa del cine japonés así como de la propia realidad del país.

La reina de Cannes

Naomi Kawase, natural de la provincia de Nara, a la que vuelve de manera recurrente en sus trabajos, es la directora japonesa más conocida a nivel global gracias a su paso por los grandes festivales europeos, y en especial por Cannes, donde se coronó como la ganadora más joven de la Cámara de Oro a la mejor dirección novel por su film debut, Moe no Suzaku, en 1997. Su obra, muy amplia y diversificada entre largometrajes, cortometrajes y múltiples documentales, se cimienta por un lado en numerosas referencias autobiográficas, con la presencia constante de familias rotas, como la suya propia, y por otro en el shintoismo. La naturaleza tiene un peso específico importante en el cine de Kawase, así como los ritos y las ceremonias tradicionales, llegando a veces a rozar el realismo mágico, algo que se funde con el estilo ultrarrealista,casi documental, de su cine. Con títulos como Shara, o El bosque de luto, es la única directora japonesa cuyo cine ha llegado a la cartelera española en los últimos años, y con éxito; Una pastelería en Tokio se convertía en uno de los fenómenos cinematográficos del 2015 en nuestro país. La historia de una anciana que comenzaba a trabajar en una pastelería de dorayakis, cuyo cariño en la preparación convertía a la tienda en todo un éxito, caló hondo entre los espectadores. Este viernes 17 de noviembre Kawase regresa para presentarnos Hacia la luz (Hikari) tras su paso por numerosos festivales tanto internacionales como españoles, en la que nos cuenta la historia de un fotógrafo que comienza a quedarse ciego y su joven ayudante.  La directora vuelve a contar con Masatoshi Nagase en este film en el que la luz tiene un papel protagonista, como no podía ser de otra forma también en un plano simbólico.

Del humor negro al costumbrismo kawaii

Miwa Nishikawa es otra de las directoras que ya tiene un interesante bagaje a sus espaldas. Esta licenciada en literatura que comenzó en el cine a través de Hirokazu Kore-eda, quien produjo su primer film Wild Berries, tiene dos temáticas principales en su filmografía.  La falsedad, a través de personajes farsantes, timadores y mentirosos compulsivos, y la muerte de un familiar como detonante de los cambios en sus allegados. A pesar de lo que pueda parecer en sus films como Dreams for Sale o la reciente The Long Excuse suele hacer acto de presencia el humor negro y un cierto cinismo. Naoko Ogigami sería otra directora “veterana” a destacar, aunque con un estilo muy distinto y es que podríamos considerarla la reina del costumbrismo kawaii. Sus habituales comedias ligeras nos llevan a universos de bondad casi utópicos, con el choque de culturas como temática central, ya sea con personajes japoneses viviendo fuera, como en Kamome Diner, o con la simple oposición de estilos de vida, como en su film más popular, Megane. Dicen de su cine que “sana las heridas” al mostrar historias, en este caso sí habitualmente protagonizadas por mujeres, que reconcilian al espectador con el mundo.

Un futuro prometedor

En un terreno mucho más realista se mueve Mipo Oh, una de las directoras más en alza del cine japonés reciente gracias a su tercer film The Light Shines Only There, un extraordinario y multipremiado drama sobre dos personajes desesperanzados, que sería la elección de la Academia Japonesa para representar al país en los Oscar. La película tuvo un gran recorrido internacional (aquí pasó por Cines del Sur de Granada, donde ganó el premio al mejor film), comenzando un cambio de estilo que siguió con Being Good, su último trabajo hasta la fecha, en la que explora con gran sensibilidad las relaciones de los adultos y los niños a través de varias historias con el maltrato como telón de fondo. Otra directora a la que tener muy en cuenta es Momoko Ando, que con solo dos films en su cartera ha dado un soplo de aire fresco al cine japonés reciente, ambos compartiendo una cierta crudeza. Si en Kakera rodó con total naturalidad la historia de dos chicas que comienzan una relación sentimental, algo poco habitual en el cine japonés actual, en 0´5mm logra retratar la soledad en la sociedad nipona a través de un personaje femenino.  También con dos films destaca Mika Ninagawa, una de las fotógrafas más prestigiosas de Japón, que ha llevado sus explosiones de color al cine en Sakuran y Helter Skelter, dos adaptaciones manga que se salen del canon habitual contando con un extraordinario tratamiento visual. Y es que no todo son historias costumbristas, y ahí tenemos por ejemplo a Mari Asato renovando el J-Horror con títulos como Bilocation.  No lo tienen fácil para ponerse detrás de la cámara, pero la cantera de directoras japonesas tiene un gran futuro por delante.

 

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