Category Archives: Tailandia

Box Office Tailandia (8-10 de Abril de 2011): Larga vida al rey

Dividida entre la producción local, cuatro películas, y la estadounidense, seis, en el top 10 de la taquilla, Tailandia consigue introducir tres propuestas autóctonas entre las cinco primeras, lo que es sin duda una buena noticia para la industria cinematográfica del país.
En el primer lugar de la lista se encuentra, por segunda semana consecutiva, King Naresuan: Part Three, que como bien indica su título en inglés, es la tercera parte, tras las dos estrenadas en 2007, del biopic del Rey Naresuan el Grande, monarca del reino siamés de Ayutthya e importante figura histórica del país. Siguiendo la lista nos encontramos con dos novedades, el segundo trabajo de Duncan Jones, la producción estadounidense Código Fuente, y en tercer lugar tenemos Hazard, una comedia tailandesa sobre un grupo de estudiantes de una academia de cómicos amenazada de cierre, lo que motivará que tengan que hacer equipo todos juntos para salvar sus carreras. El cuarto lugar es también para otra comedia local, SuckSeed: Huay Khan Thep, con cuatro semanas en cartel, y que nos cuenta la historia de unos amigos que deciden montar una banda de rock para impresionar a las chicas y empezar a ligar, pero el problema es que no son muy buenos tocando.
En el quinto puesto nos volvemos a encontrar con una cinta estadounidense, Hop, en su segunda semana en cartel. Y ya en el sexto la última tailandesa de la lista, el estreno Mindfulness and Murder, del director británico-tailandés Tom Waller, un thriller centrado en un monje, antiguo detective de homicidios, que tras el asesinato de un niño en el  monasterio deberá investigar quién es el asesino y por qué. Del puesto siete al diez nos encontramos tan solo con producciones estadounidenses como Sucker Punch, en su tercera semana en cartel, Marte Necesita Madres, otro estreno, Gnomeo y Julieta, también en su tercera semana, y la más longeva de las foráneas, con cuatro semanas en los cines tailandeses, la comedia Sígueme el Rollo.

John Prskalo
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Y los dvds de Uncle Boonmee son para…

Buenas tardes cineasiáticos.

Hace menos de un mes Karma Films lanzó en DVD dos ediciones de la película tailandesa «Uncle Boonmee Recuerda Sus Vidas Pasadas«. La edición sencilla que contiene la película recientemente ganadora del Premio a la Mejor Película en los Asian Film Awards (además de conseguir la Palma de Oro en Cannes), y la edición coleccionista, que contiene tres discos: uno con la película, otro con la edición en blu Ray, y un tercer dvd que contiene desde una entrevista en exclusiva con el realizador tailandés Apitchapong Weerasethakul, el cortometraje «Cartas al Tío Boonmee», escenas eliminadas, trailers.

Han sido muchos los que habéis participado en el concurso para poder llevaros una de las diez copias de Uncle Boonmee. Felicidades a los ganadores (en breve contactaremos con vostros para que nos facilitéis vuestra dirección), y a muchas gracias a todos los que habeis participado en el concurso. Muchas gracias en nombre de Karma Films.

Es hora de desvelar el nombre de los ganadores:

Ediciones sencillas:
Daniela Zabaleta
Jonathan Tibaduzia
Dolores Mérida
Luz Rigau
Marcos Gutiérrez
Jose Luis Pérez

Edición de coleccionista:
Hector Cabrera
Mari Carmen Céspedes
Amaia Dosantos
Luis Gómez

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¿Quieres conseguir una de las 10 ediciones en DVD de Uncle Boonmee?

Lunes 6 y media de la mañana. Excelente hora para iniciar un concurso. Para que luego digan que los lunes son un tanto «molestos».

La semana pasada Karma Films lanzó en DVD dos ediciones de la película tailandesa «Uncle Boonmee Recuerda Sus Vidas Pasadas«. La edición sencilla que contiene la película recientemente ganadora del Premio a la Mejor Película en los Asian Film Awards (además de conseguir la Palma de Oro en Cannes), y la edición coleccionista, que contiene tres discos: uno con la película, otro con la edición en blu Ray, y un tercer dvd que contiene desde una entrevista en exclusiva con el realizador tailandés Apitchapong Weerasethakul, el cortometraje «Cartas al Tío Boonmee», escenas eliminadas, trailers.

¿Y qué tenéis que hacer para conseguir una de las diez copias?
Es sencillo, cuestión de ojo cineasiático. Lo primero que has de hacer es pasarte por nuestro twitter, donde hemos dedicado el fondo de pantalla a Japón. Verás diferentes fotogramas de películas de la filmografía nipona.
Si quieres participar en el sorteo para conseguir una de las ediciones de Uncle Boonmee, sólo tienes que adivinar 5 de estas películas. ¿Juegas con nosotros?:

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Lanzamiento de dos ediciones en DVD de Uncle Boonme Recuerda sus Vidas Pasadas

Coincidiendo con la proclamación de Uncle Boonmee como la Mejor película Asiática del Año en los Asian Film Awards que se acaban de entregar en Hong Kong, Karma Films lanza al mercado una doble edición del film del tailandés Apitchatpong Weerasetakul. La edición sencilla, al precio de 14,95 € y una edición de coleccionista (que incluye el Blu ray, además de la copia en dvd), al precio de 24,95 €.
Unos días antes del inicio del Festival de Cne de Sitges, charlamos con su director Ángel Sala. Él había sido uno de los primeros en ver la última película de Apichatpong en Cannes durante su presentación oficial. No nos resistimos a hacerle la siguiente pregunta: “Ángel, podrías darnos 3 motivos para que entremos a ver Uncle Boonmee Recuerda sus Vidas Pasadas.
¿Tres motivos? –Ángel sonríe ante lo atrevido de la pregunta-. Es fácil. Primero porque la considero una de las cinco películas fundamentales del 2010. Segundo, porque es una de las cinco películas que cambian el cine para siempre, junto con Origen y Toy Story 3, en el presente año. Y en tercer lugar porque demuestra que Apichatpong es un genio. Primero, porque confirma que es un gran director, entiende a la perfección el elemento cinematográfico de su idiosincrasia cultural. Y también, porque ha conseguido cautivar a toda la crítica internacional: siempre acaba haciendo la película que le viene en gana, y todo el mundo dice que es un genio. Es para alabarlo. Que venga con Uncle Boonmee… a Cannes debajo del brazo y que al final acaben dándole la Palma de Oro, no es algo que se haga todos los días.
Apichatpong no es un director al uso. Su cine, tampoco. Sus películas van más allá de los patrones que rigen el lenguaje cinematográfico convencional (planteamiento, nudo y desenlace). El lenguaje que utiliza el director tailandés es más próximo al videoarte que al cine (el cine que entiende la gran mayoría de los espectadores que van a una sala). Aún y así, y desde el conocimiento de prácticamente toda la obra del director, y desde hace apenas unas horas, desde el valor añadido que supone conocer al director en persona, puedo decir que «ahora entiendo un poco más su forma de encarar un proyecto cinematográfico».  Me explico.
Cuando Apichatpong finalizó su tríptico autobiográfico Blissfully Yours (acerca de su ciudad natal), Tropical Malady (sobre su vida) y Syndromes and a Century (alrededor de sus padres), los espectadores quedaron a la espera de ver hacia dónde iba a dirigir su mirada en su sexto largometraje. Uncle Boonmee… nace así como un sorprendente recorrido por la experiencia vital del director: homenaje a la cultura pop de clases bajas, a los cuentos populares y tradicionales tailandeses, así como una mirada reflexiva hacia la situación de alineación política en la que vive instaurada su Tailandia natal. La película ha sido concebida como una parte integrante de un todo, el proyecto multi-media llamado “Primitive”, en el que Apichatpong ha estado trabajando desde 2009. Un proyecto que incluye diferentes instalaciones y formatos: desde dos cortometrajes, A Letter to Uncle Boonmee, y Phantom of Nabua. Además de un libro fotográfico, que incluirá imágenes relacionadas con el lugar de nacimiento del proyecto, Isan.

Uncle Boonmee Recuerda sus Vidas Pasadas gira entorno a la historia del tío Boonmee que ha decidido pasar sus últimos días rodeado de sus seres queridos en el campo. Sorprendentemente, el fantasma de su esposa fallecida parece cuidar de él y su hijo, desaparecido hace tiempo, regresa a casa bajo una forma no humana. Considerando las razones de su enfermedad, Boonmee camina por la jungla con su familia hacia una misteriosa cueva en la cima de una colina, el lugar del nacimiento de su primera vida. Al igual que muchos budistas en el lecho de muerte, el tío Boonmee ha optado por la práctica de la meditación (contemplación de su vida anterior, aceptando el karma, y encontrar la paz, antes de dar la bienvenida a la muerte). Apichatpong nos traslada al mundo que se encierra en la mente del protagonista, donde nos enfrentará a temas como la reencarnación y el desconcierto existencial. Sus imágenes nos sumergen en una tierra crepuscular, como si se tratara de la puerta de entrada a una etapa de meditación. Como si el espectador estuviera a punto de iniciar un viaje. Hacia las vidas pasadas del tío Boonmee. Hacia la creencia común en Tailandia que habla de que una persona tiene que pasar diez vidas animales antes de renacer como su último ser, un ser humano.

Muchas de las historias que Apichatpong nos cuenta en su film están relacionadas con la cultura popular tailandesa, destacando la estrecha relación en la que a menudo viven los seres humanos, los animales y los fantasmas. Desde la visita de la amada muerta, una creencia común entre el pueblo tailandés y que ha sido llevada al cine con anterioridad (Nag Nak, de Nonzee Nimibutr, es un ejemplo), o la historia del mono convertido en fantasma, que tiene su origen en un popular cómic tailandés muy difundido entre las clases más populares. Apichatpong está fascinado con todas estas historias, y son el motor de la narración. Las imágenes granuladas que muchas veces presenta a lo largo del metraje, vienen de la utilización de cámaras de 16 mm, en un claro homenaje del director a las viejas películas tailandesas en la década de 1960, donde abundaban los productos fantásticos y de terror.

Es cierto que las películas de Apichaptong son catalogadas como obras dirigidas hacia la sensibilidad del espectador, carentes de trama convencional. Es una afirmación que si bien es refrendada por Uncle Boonmee…, no es óbice para que el director nos ofrezca una subtrama o contexto político en su sexto largometraje. Como el fantasma del mono, en realidad un ser humano que se siente transformado, debido a su sentimiento de alineación de la sociedad en la que vive el pueblo de Nabua (ciudad en la que se inició el proyecto). Este pueblo tailandés fue etiquetado como zona comunista durante la década de 1960-1980, un lugar donde los hombres eran sacrificados y las mujeres fueron violadas a partir de la agitación política. O casi al final de la película, donde el director intencionalmente desafía la censura tailandesa, dejando que su “mono” realice un sinfín de actividades prohibidas: desde disfrutar de una ducha de agua caliente, a vestirse con una particular camiseta o visitar un karaoke.

En definitiva, la filmografía de Apichatpong se aproxima más al concepto de viaje, de recorrido iniciático, que al de seguir un argumento convencional. Y como en todo viaje es importante dejarse llevar.
¿Necesario? Evidentemente. ¿Creativo? Sin duda. ¿Merece la pena descubrirlo? Yo os diría que no dejarais pasar la oportunidad.

Uncle Boonmee…: Edición Sencilla
Uncle Boonmee…: Edición Coleccionista

Enrique Garcelán (CineAsia)
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Wisit Sasanatieng prepara "Suriya"

Justo antes del estreno de Red Eagle, la adaptación/remake de las aventuras de un héroe clásico del cine tailandés, su director Wisit Sasanatieng (Citizen Dog, Las Lágrimas del Tigre Negro) se descolgó con unas declaraciones en las que decía que después del estreno, dejaría el mundo del cine de una manera definitiva. Por suerte las cosas no son así, y seguramente esas declaraciones fueron el resultado de las presiones del estudio por estrenar la película el 20 de Octubre, conmemorando la fecha de la muerte del actor Mitr Chaibancha, el «Red Eagle» original.
Parece que Sasanatieng simplemente quiere trabajar con un mayor control y en proyectos más personales, y ya prepara su nueva película, Suriya, para la que está buscando apoyo financiero en el mercado del Festival de Cine de Rótterdam (donde es uno de los miembros del jurado además de presentar Red Eagle). La película tiene por protagonista a un luchador de muay thai, Suriya Lukthung, una fuerza de la naturaleza sobre el ring, donde no tiene rival, pero que lleva un estilo de vida autodestructivo, lleno de alcohol y gastando las ganancias de los combates en prostitutas. Eso le mermará físicamente, y más aún cuando, al contraer la sífilis, comience a perder visión, y a tener que ganar los combates para poder pagar los gastos médicos.

Desde luego parece un proyecto muy apetecible en las manos del director tailandés, que seguro añadirá su aplastante estilo visual a una historia muy potente.

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Ong Bak 3 (Tailandia, 2010)

De nuestro colaborador Jordi Codó

Año: 2010

País: Tailandia
DirectorTony Jaa, Panna Rittikrai
Duración95 m.
Género: Acción
Protagonistas: Tony Jaa, Chorapong Chatree,
Nirut Sirichanya.

Más información:

Esperada nueva entrega de una exitosa saga de artes marciales tailandesa, Ong Bak 3 puede descolocar a los incondicionales tanto como a los recién llegados. A los primeros porque embarulla la trama iniciada en Ong Bak 2; y a los otros, por un lado, a causa de las referencias a la cinta anterior (concentradas en los primeros minutos), y por otro, debido a una idiosincrática propuesta narrativa, que (en la mejor tradición hongkonesa, aunque estemos hablando de Tailandia) prima la elaboración de sofisticadas escenas autoconclusivas que desvían la atención de o ponen en suspensión la trama principal.


Una vez asumido esto, sin embargo, el film despliega todos sus méritos: enérgicas escenas de lucha filmadas para el deleite de los ojos, gracias a esa cámara (lenta) que se recrea en cada movimiento; y brillantes montajes de imagen y sonido que llegan a formar alguna pequeña obra maestra (del videoclip) entre las set pieces mencionadas. Peca de enfática, de exótica (es obviamente un producto para la exportación) y de rendir tributo al cuerpo de Tony Jaa, pero esos son también sus encantos. Si algo se le puede achacar con justicia es que su exceso de cálculo le hace perder la vitalidad que tenía la primera parte.


Lo mejor: Que parece ser la última vez que Tony Jaa continuará con el personaje. ¿O no?


Lo peor: Compararla con la primera parte.
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Asian Tour 2011 (tercera parte): Corea, Tailandia, India, Malasia y Filipinas

De nuestro colaborador: Eduard Terrades Vicens

Corea del Sur intentará no perder el timón

Ya lo decíamos antes, parece que los ánimos se han calmado en las últimas semanas, pero el clima bélico sigue en el horizonte amenazando la estabilidad económica. Los militantes de ambas Coreas nunca han aprendido la lección, y la industria del cine parece mirar hacia otro lado: si hace escasamente ocho años nos llegaban cintas ‘bélicas’ como JSA, Silmido o Lazos de Guerra (la más evidente de todas ellas), ahora los productores prefieren mimar al público con dramas románticos que les hagan olvidar la situación real a la que podría enfrentarse su país en los próximos meses (exceptuando Battle of Highlands, que faltará ver cuándo se estrena y en qué condiciones). Incluso Kang Woo-seok (saga Public Enemy) se desmarca de sus thrillers políticos para decantarse por G-Love, un melodrama de auto-superación con unas pinceladas de romanticismo: un ex-entrenador de béisbol que se hace cargo de un equipo de disminuidos físicos se enamora de una profesora de música. En esta línea edulcorada también se hará un hueco en la taquilla producciones como Late Autumn, remake de una comedia romántica del 1966, que para la ocasión, la pareja protagonista se traslada al país de Mr. Obama (¿habrá optado Kim Tae-yong por seguir la fórmula de Wayne Wang en Sucedió en Manhattan?)
En el formato televisivo sí parece haber una clara determinación por los melodramas, tal y como lo demuestra actualmente la primera temporada de la exitosa Secret Garden, en la que un hombre y una mujer se intercambian sus cuerpos, empezando una extraña relación que les vincula con otros personajes. Esta sitcom de enredos ha funcionado tan bien, que los productores han decidido crear merchandising asociado a la serie: un photo-book, una novela y hasta un manhwa (manga coreano).
Por otro lado, y a falta de que Kim Ki-duk levante el vuelo, hace escasas semanas que el respetable Im Kwon-taek anunció su nuevo proyecto que mantiene en estricto silencio. Por lo pronto, la inmediata proyección de Joseon Detective en las salas coreanas evitará que tengamos que esperar muchos meses para descubrir, una vez más, mediante el dvd doméstico, esta adaptación en fotogramas del célebre personaje del escritor de misterio Kim Tak-hwan (a similitud del escritor japonés Ranpo Edogawa y su imbatible Kogoro Akechi).

Faltará esperar aún algunos meses para poder valorar si Quick (Joo Beom-goo) se convierte en un blockbuster estilo Tube (Baek Woon-hak, 2003), y es que este film de acción adrenalínica presenta una premisa tan surrealista como imposible: una motocicleta custodia una bomba de gran voltaje que debe evitar caer en malas manos y que obviamente intentarán robar. Aunque muy probablemente no será hasta la temporada veraniega cuando se estrene, coincidiendo con el desembarco de la esperada Sector 7, que significará el retorno de Youn Je-kyun (Haeundae) detrás de las cámaras a través de una monster movie clásica pero original en su emplazamiento geográfico: una base petrolífera es asediada por una criatura desconocida que proviene de las profundidades marinas. ¿Será el sleeper del año coreano? Probablemente, pero solamente la podremos disfrutar en la gran pantalla en festivales especializados.   
Y cómo no, estaremos a la expectativa de las primeras críticas especializadas sobre The Unjust, la nueva cinta de uno de nuestros directores favoritos, Ryoo Seung-wan, que contará con un pase en la sección Panorama del Festival de Berlín. En esta nueva cinta de acción sobre un asesino en serie de estudiantes, el joven realizador vuelve a dirigir a su hermano Ryoo Seung-beom.
Nueva cosecha Thai: entre la pirotecnia y la comedia desbocada
No es ninguna novedad que el cine tailandés actual (y sus espectadores) se mueve entre el cine de acción puro y duro y la comedia más ecléctica, intercalando periódicamente ciertas cintas de terror de bajo presupuesto; un balanceo genérico poco equilibrado que impide la expansión de cineastas de vena intelectual como Aditya Assarat (Wonderful Town), cuya última producción, Hi-so, se ha ido paseando en el último trimestre del pasado año por distintos festivales (entre ellos el de Tokio). De Weerasethakul no hace falta añadir mucho más, y es que si de él no dependiese, podría sobrevivir perfectamente a través de las compañías extranjeras que le financian sus filmes (pero éste ya es otro tema que mejor no remover).
Así pues, la primera semana del recién inaugurado 2011 se abría con varias películas muy equidistantes entre sí, pero que ponen de manifiesto esa inscripción al cine de género que contenta al público que apuntábamos antes. Entre ellas destacan: Cool Gel Attacks, una comedia de horror dirigida por el comediante Jaturong Ornnorm; y Sudkate Salateped, otra comedia romántica con humor 100% thai protagonizada por la estrella del pop Arak Amornsupasiri. Vale la pena recuperar la exitosa vida comercial que en Diciembre pasado (y que se ha prolongado a las dos primeras semanas de Enero) ha tenido un producto inclasificable como la cinta familiar Kapi Ling Jor Mai Lork Jao (con mona incluida haciendo muecas a la cámara), en la que una familia que regenta una plantación de coco debe hacer frente a las ambiciones de un empresario rico que quiere ‘plantar’ una central de molinos de viento. Sin menospreciar las efímeras trayectorias comerciales de dos cintas de acción que merecerían un estreno legal en Occidente: Yamada the Samurai of Ayothaya, cuyo recorrido por la vida de un samurai que en el siglo XV se puso a las órdenes de la corte de Siam sorprende por su guión; y Bangkok Knockout, una vuelta de tuerca más al cine muay thai que Panna Rittikrai nos ofrece habitualmente, introduciendo en esta cinta de acción otras disciplinas marciales (como la capoeira y el kung-fu).

Lamentamos por otro lado que Prachya Pinkaew haya sido “sobornado” por Hollywood para encargarse de Elephant White, un largometraje que ha rodado en su tierra natal y cuya historia puede resultar un tanto polémica al narrar cómo una muchacha de catorce años, que es explotada por un proxeneta, conoce a un mercenario que ha sido contratado por un empresario al que le secuestraron a su hija y pretende liquidar a los mafiosos que prostituyen a chicas jóvenes o menores en Tailandia. Todo apunta a un filme con un aire vengativo, pero al menos la presencia de Kevin Bacon asegura su estreno comercial por estos parajes en el que el cine thai sólo permeabiliza a través de… ¿adivinan? el formato doméstico.     

India se viste de licra, Malasia de rojo y Filipinas amplía su mercado

Toonpur Ka Superhero ha sido la apuesta navideña india en 3D, alternando animación con actores de carne y hueso. Un claro homenaje a Kick-Ass pero sin las cuotas de violencia que lucía el filme de Matthew Vaughn. Y es que este largometraje inspirador de emociones controladas está destinado mayoritariamente al público familiar, usando además la fórmula metacinematográfica para contar su fantástica historia: el actor de Bollywood Aditya Kumar decide demostrar a su familia que fuera de los platós de rodaje también puede convertirse en un superhéroe.

Otros guerreros enmascarados invadirán Bombay en los próximos meses, como Ra-One, que viendo el póster auguramos una fiel imitación de esos superhéroes urbanos de Marvel que tan bien han funcionado una vez han traspasado el papel. Veremos qué tal le va, pero seguro que los fanáticos del imparable Shahrukh Khan no se sentirán decepcionados. Asimismo, Khan volverá a intervenir en la secuela de Don, ese oscuro thriller en el que se combinaba cine de mafias y mucha testosterona a lo Corrupción en Miami, con localizaciones expresas en el corazón de Malasia. Precisamente, este país situado en el sureste asiático aporta una anecdótica película de terror ubicada en la frontera con la república de Singapur: Hantu Kak Limah Balik Rumah (del desconocido por estas tierras Tayangan Unggul), en la que un salaryman de Singapur regresa de vacaciones a su pueblo natal y se encuentra que algo ha afectado a la estabilidad emocional de sus habitantes. Gore y chistes malos es lo que parece aglutinar este discreto largometraje a semejanza de productos similares fruto de la moda zombi que se ha adueñado del mercado internacional.
Mientras, en Filipinas siguen afianzando su cinematografía local con vistas a exportarla en Occidente, donde por fin parece que nos enteramos de que esta antigua colonia española sí ofrece pequeñas joyas y buen cine. Las dudas ahora se ciernen sobre RPG Metanoia: ¿conseguirá el primer filme en 3D infantil despertar al público local, lo que permitiría instaurar un régimen de blockbusters nacionales en un futuro cercano? Es evidente que Filipinas aspira a copar los mercados internacionales después de comprobar cómo los largometrajes de Brillante Mendoza no pasan desapercibidos en los Festivales de serie A. De momento el cine independiente parece encontrar salidas comerciales, como demuestra el cine social de Adolfo Alix Jr. con el inminente estreno de Presa (en la que una anciana espera entre rejas que sea indultada políticamente), o Rindido (Noriel Jarit) que promete controversia al aproximarse a la violencia doméstica desde el punto de vista del cine de género más salvaje. Algunos filmes que se estrenarán en los próximos meses generarán y ampliarán un mercado interno con vistas a la exportación. Material sensible para una cinematografía en vías de expansión.
Aunque todo se resume en: ¿hasta cuándo deberemos esperar para verlas? Solamente la curiosidad innata de esos espectadores con ganas de profundizar en otras cinematografías permitirá que el cine asiático vuelva a penetrar con fuerza como hace algunos añitos.
 
De momento, nuestros mejores deseos cinéfilos irán dirigidos hacia el cineasta iraní Jafar Panahi, condenado injustamente a seis años de prisión por planear un rodaje sobre el Movimiento Verde y dar soporte democráticamente al líder de la oposición en las pasadas elecciones de Marzo, manipuladas por un régimen dictatorial que sigue permitiendo la cruel práctica de la lapidación a mujeres inocentes. Tal vez habrán lapidado su carrera, pues encima se le prohíbe rodar producciones en 20 años (Panahi cuenta ya con medio siglo de vida…), pero nuestro interés por el cine islámico crecerá en los próximos meses, ni que sea para dar soporte a una cinematografía masacrada por un orden fascista que económicamente hablando obliga a exiliar a sus conciudadanos cineastas al extranjero con tal de producir sus odas fílmicas a favor de la libertad de expresión. Qué pena que Panahi no se haya exiliado al extranjero como en su día hizo Li Cunxin, todo un personaje que plantó cara al régimen comunista chino, y cuyo biopic edulcorado visto recientemente en fotogramas, nos viene a confirmar que, en muchos países asiáticos, la libertad individual es un bien muy preciado. Un bien que la cultura intenta defender y que si es en forma de Séptimo Arte puede concienciar a miles de personas. De aquí la importancia de defender el cine de Asia en sus más periféricas coordenadas geográficas.  

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Asian Tour Cinema 2011 (1ª parte)
Asian Tour Cinema 2011 (2ª parte)

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Las babosas alienígenas invaden la Tierra

Para todos aquellos que disfrutaron hace ya algunos años de Slither: La Plaga, de James Gunn, aquella divertidísima comedia de terror donde una masa viscosa proveniente del interior de un meteoro se dedicaba a poseer a los pobres habitantes de un pequeño pueblo a los que convertía en zombis carnívoros, no se pueden perder la película que tiene visos de ser el estreno más divertido del año en las carteleras tailandesas: Cool Gel Attacks. 
La premisa es muy simple: Unas babosas del espacio, compuestas de un gel azul, con dientes muy afilados y un gran ojo, caen del cielo para convertir en un infierno la vida de dos vecinos enemistados quienes, a pesar de sus diferencias, deberán unir sus fuerzas para luchar contra tal peculiar plaga. Cool Gel Attacks está dirigida por Jaturong Mokjok, más conocido en Tailandia por sus actuaciones cómicas en films como Kung Fu Tootsie o Dumber Heroes.
Noticia: Francisco Nieto
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El Círculo de las acciones reencontradas: el cine de Apichatpong Weerasethakul

Según el Budismo, toda acción intencionada crea uno o varios efectos que en un momento u otro, terminan por aparecer. El Karma explicaría también las diferencias por las que cada ser humano tendría una vida más o menos larga, belleza, riqueza, salud o sabiduría. Se trataría de una ley para explicar un mecanismo en el que está ausente un ser consciente que juzgue, por lo que cada persona se labraría su destino a partir de las acciones que realiza en vida, que determinarían su posterior existencia.
Es lo que ocurre en la filmografía de Apichatpong Weerasethakul, que ha abierto múltiples caminos dentro de la modernidad cinematográfica (gracias a su particular forma de concebir la narración, la materia formal y la expresión estilística de sus películas), a partir de escarbar en el acerbo folclórico de su país, de sus creencias y tradiciones para dar lugar a un discurso totalmente nuevo e inesperado. Su última obra, Uncle Boonmee Recuerda sus Vidas Pasadas (Loong Boonmee Raleuk Chat, 2010) ha sido galardonada con la Palma de Oro del Festival de Cannes, y está protagonizada por un hombre que, al borde de la muerte, se encuentra con sus seres queridos, ya desaparecidos e imagina sus vidas pasadas y futuras, en un ciclo de reencarnaciones que no tiene principio ni fin, en el último suspiro de una vida y en el comienzo de otra. El director aporta un estilo libre y sensual y realiza un ejercicio de memoria, tanto personal como histórica para en realidad verter una reflexión sobre el cine: que hay tantas realidades múltiples en el cine como en nuestro propio ser, todo ello a través de una capacidad fabulística que nos remite a la inocencia infantil, a la fuerza del relato como germen de poesía, como motor para engendrar universos imaginarios.
En realidad, el cine de Apichatpong siempre ha tenido querencia por los espacios mitológicos y fantásticos. En Tropical Malady (Sud Pralad, 2004), la jungla más indómita se convertía en el escenario simbólico donde surgía la verdadera identidad de los protagonistas. La película está divida en dos partes que se enfrentan de manera íntima. En la primera asistimos al sereno ritual de cortejo entre dos hombres, un soldado, Keng, y un joven procedente de una población rural, Tong. El director aplica una lente naturalista a la hora de indagar en los comportamientos sociales de los personajes a la vez que perfila un tratamiento alegórico a su relación, algo que se pondrá especialmente de manifiesto en la segunda parte, que se inicia con una máxima chamánica, «El camino del espíritu», y en la que los dos amantes se convierten en cazador y presa dentro de una persecución dentro de los márgenes de un espacio selvático casi de carácter alucinatorio. Keng rastrea los pasos de Tong, convertido en un espíritu salvaje en forma de tigre que vaga en busca de cuerpos a los que devorar. Lo irracional se manifiesta dentro de ese terreno en el que cualquier cosa puede ocurrir, en el cual incluso los animales se manifiestan a través del habla o la telepatía. En realidad, la selva se erige como un ser orgánico y vivo, repleto de espíritus, en el que se evidencian las filosofías animistas que dotan de alma a cada elemento de la naturaleza.

El director ha afirmado en numerosas ocasiones que se siente fascinado por la simplicidad de los cuentos folclóricos que nutren la tradición de su país y quizás por eso ha asumido esa filosofía para constituirla como la base matricial de sus películas. Lo mismo ocurre en Syndromes and a Century (Sang Sattawat, 2006), que gira alrededor de la creencia cíclica, de repetición kármica de las acciones y de los seres que las llevan a cabo proveniente de la religión. Para Apichatpong, el tiempo pasa, los años se suceden, pero todo sigue siendo en esencia lo mismo, tanto al principio como al final de la centuria. Los síndromes que padecían los individuos, son los mismos, y no importa lo mucho que haya evolucionado la ciencia o la tecnología. La base, la raíz de nuestros más profundos sentimientos, de nuestros miedos e inseguridades, sigue intacta y lo seguirá siendo de manera perpetua. Por eso, Syndromes and a Century está construida a partir de pequeños actos cotidianos, de conversaciones (algunas intrascendentes y otras reveladoras) y de pensamientos que conforman un mosaico a modo de fragmentos inconexos que desprenden vivencias precisas enlazadas a través de ensamblajes sensoriales a veces prácticamente imperceptibles. El director vuelve a utilizar una estructura escindida, a modo de imagen especular en la que las dos mitades se miran a la vez que se confrontan, desprendiendo un mutuo significado la una de la otra.

De esta forma, la narración se establece a través de oposiciones dicotómicas entre pasado/presente, campo/ciudad, naturaleza/tecnología, tradición/modernidad, nacimiento/muerte, todo además recorrido por un profundo aliento místico que hunde sus raíces en la doctrina budista de la que toma razón de ser toda la concepción metafórica del film a través de los sucesivos círculos que aparecen en pantalla (el eclipse de luna, el extractor de humo) y que aluden inevitablemente a los ciclos de reencarnación por los que atraviesa el individuo en su camino para alcanzar la perfección.

Beatriz Martínez (Carriers du Cinema España) de su capítulo «Tailandia: Fantasías Fantasmales» comprendido en el libro «Cine Fantástico 100% Asia».

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Hablamos con: Apitchapong Weerasethakul

Uno siempre tiene la sensación cuando acude a una entrevista con un director que la persona con la que va a encontrarse está en una especie de “otra dimensión” y que tú, con tus preguntas no harás más que tratar de acceder a ella con ninguna o alguna, en ocasiones, posibilidad de éxito. Eso, depende de con qué directores, ocurre, con lo que la entrevista es un total fiasco, y otras, simplemente logras traspasar la barrera después de mucho esfuerzo y de plantear cuestiones y temas más o menos ingeniosos… ¿Quién iba a pensar, después de todo lo visto en su cine, que Apichatpong iba a ser diferente? Pues sí, la sorpresa fue mayúscula cuando ante mis dudas, mis miedos y mi inseguridad me encontré delante a la persona más amable y más ‘zen’ (en todo el amplio sentido “kármico” de la palabra) de todas las que me había topada desde hacía mucho, mucho tiempo. Allí, en el hall del hotel Melià de Sitges, Apichatpong Weerasethakul desprendía armonía, calma, paz… Y aquí paro… Pero lo que sí pude constatar aquella mañana de sábado es que, después de hablar con el director, su cine recobra, para mí, una nueva dimensión, un nuevo entendimiento antes apenas sospechado… Y eso, ya es todo un hallazgo.
CineAsia (CA): Primera pregunta obligada: ¿cómo capital español, en este caso catalán, llega a la producción de su película?

Apichatpong Weerasethakul (AW): No lo sé… es un milagro (risas). Porque la película de Uncle Boonmee… es muy personal como mis otros trabajos anteriores. Mis productores, Simon Field y Keith Griffiths, estaban intentando encontrar financiación entre aquella gente que pudiera entender y que le gustara el trabajo que yo hago, pues es muy personal, y realmente no sé cómo encontraron finalmente a Luis Miñarro. Estuvimos en contacto, conocí lo que él había producido anteriormente y así empezó la historia.

CA: Desde el profundo respeto hacia su trabajo y desde mi más sincera honestidad, ¿nos podría dar alguna pista, algunas claves, para que una persona ‘normal’ (un padre de familia de clase media, por ejemplo) pueda decodificar, entender el discurso narrativo que usted nos propone en su película “Uncle Boonmee…” y en general en todo su cine?

AW: No conozco la solución o la fórmula para decodificar mis películas… porque para mí es algo muy natural, me sale de forma natural, es una manera de pensar, un patrón de pensamiento que yo tengo interiorizado, es como mi memoria fragmentada que va saliendo por sí sola. Con los años creo que la recepción del público va mejorando. No es precisamente una consecuencia del premio recibido en Cannes, sino una cuestión de tiempo que la gente pueda explorar y entender a un director y a sus películas. Al principio, mis primeras películas pudieron generar cierta confusión pues el público no me conoce y no sabe qué estoy haciendo. Ni yo mismo lo sabía porque necesitaba encontrar mi propia expresión también. Es como conocer a una persona, eso te lleva tiempo. No hay una lógica o una fórmula matemática que te lleve a eso. Simplemente creo que hay que dejar de lado las expectativas que la gente tiene de lo que es el cine, de lo que es el sistema y de cómo funciona, y hay que ir a mi película como si fueras a hacer un viaje, como cuando vas a un país extranjero, no cuestionar nada, no esperar nada, simplemente pasear, mirar, ver… Es como cuando coges un autobús y te dejas llevar: no te preguntas ¿qué pasa? Simplemente ves que algo está pasando… y eso es la vida, simplemente a veces no entiendes lo que pasa a tu alrededor.


CA: En prácticamente toda su filmografía existe una dicotomía entre la ciudad y el campo, la selva, el bosque… Sin embargo, en “Uncle Boonmee…” nos traslada directamente al corazón de esa selva… ¿Es éste un paso hacia delante en su carrera o en su vida?

AW: Creo que con esta película cierro un capítulo de un periodo de mi vida. En Uncle Boonmee… he querido hacer un tributo al pasado, a mis películas pasadas. Hay un tema recurrente en toda la película que es el tema del reencuentro de los personajes, del recuerdo y de la memoria… y bajo todo eso, hay una conciencia política del lugar donde se ha rodado que es el noroeste de Tailandia. No son dos partes claramente distinguidas, pero sí se habla de un cine que ya ha pasado. Espero que mi siguiente película esté enfocada a explicar o desarrollar algún tema socio-político y adentrarme más en la actualidad de mi país.
CA: En su película, en momentos oportunos, se para la acción y usted muestra fotos fijas de gente uniformada… ¿tiene que ver con esa parte socio-política de su país que usted intenta explorar?

AW: De hecho esta película, Uncle Boonmee…, forma parte de un proyecto de vídeo-instalación llamado “Primitive Project” que he ido haciendo durante todo el tiempo de rodaje. En todo este proceso, trabajé en un pueblo en el noroeste de Tailandia (Nabua) y compartí bastante tiempo con los adolescentes que vivían allí que iban todos vestidos como si fueran militares. Jugamos y compartimos juntos y de ahí salen las fotografías que inserto en mi película. En Uncle Boonmee… utilizo estas imágenes como un recuerdo del tiempo vivido con esos jóvenes y las fusiono con los recuerdos y memoria del propio tío Boonmee, en un intento de combinación entre mis propios recuerdos con los del protagonista de la película. De hecho hay un momento en Uncle Boonmee… en que el protagonista oye una voz, es como si estuviera soñando… Pues bien eso me pasó a mí, yo soñé una noche, me levanté y empecé a escribir rápidamente lo que había soñado… El proyecto de la instalación es una combinación entre lo vivido y lo que soñé esa noche.


CA: Hay un concepto que yo sí entendiendo en sus películas, y es el concepto del “universo” como un todo, como un global, como que al final todos formamos parte de un mismo ‘todo’: humanos, animales, naturaleza… todos somos parte de ese “universo”. Y sobre eso, hay unas imágenes recurrentes en su filmografía: aquellas en que el / los protagonista/s se introduce/n en una especie de ‘cueva’ (gruta, túnel oscuro…)… ¿en una idea de volver al seno materno, es así, como si la propia naturaleza fuera ese mismo seno materno?

AW: Sí, es así, queda muy obvio en esta película, que ese volver a la jungla en la que nos sentimos como alienados es como un volver a recordar. De hecho, la selva es el lugar donde nuestros ancestros vivieron, era su casa y es nuestra casa, lo llevamos interiorizado sin darnos cuenta y yo quería enseñar de nuevo de dónde venimos, así que mis personajes retornan a su casa. Especialmente el tío Boonmee, porque se está muriendo, va a su primer recuerdo, es como muy simbólico, pero va a los recuerdos de su infancia. Cuando leemos, por ejemplo, a Marcel Proust, la mayoría de sus recuerdos siempre son de la infancia.
Es un hecho también científico, cuando nos vamos haciendo mayores, recuerdas mucho más tus tiempos de infancia. Por eso el volver a la cueva, porque el tío Boonmee nació allí con lo que es su primer recuerdo.

CA: También imagino que forma parte de sus recuerdos el hecho de que en la mayoría de sus películas haya alguien enfermo y alguien que lo esté cuidando: médicos, doctores… Creo que sus padres son médicos… ¿Son parte siempre de sus recuerdos (como también los plasmó en Syndromes and a Century)?


AW: Sí porque yo crecí alrededor de áreas hospitalarias durante mis primeros 15 años de vida… El hospital era nuestro patio de recreo, donde jugábamos, así que los hospitales son muy compatibles con mi forma de ser. Sí, sí… soy un adicto… bueno, no soy un adicto en el sentido estricto de la palabra, pero me siento muy cómodo con el ambiente médico, con los colores, el verde, el blanco e incluso el olor de antiséptico me reconforta, porque me trae recuerdos de mi niñez. De hecho, siempre quiero ir a los hospitales… No sé, por ejemplo cuando estuve en Canadá había un hospital que era precioso y yo quería ponerme enfermo para poder ir allí… En estos films muestro mi afecto por la arquitectura de la naturaleza de la humanidad y el hecho de que los hombres siempre estamos enfermos de algo: en películas como Syndromes and a Century, Tropical Malady o Blissfully Yours… hay como un tema recurrente que es el enfermar o el hospital… Yo sólo digo que el “amor” es una de las enfermedades que no podemos evitar, así que siempre estamos y estaremos enfermos de alguna cosa.

CA: Y hablando de arquitectura, usted estudió la carrera de Arquitectura y empezó realizando video-instalaciones. El paso al cine, ¿fue accidental o porque quería explorar nuevos espacios o nuevos lenguajes?

AW: Sí estudié arquitectura y acabé la carrera. De hecho mis primeros trabajos fueron cortometrajes que formaban parte de video-instalaciones. Ocurría de forma automática porque mi amigo era comisario de exposiciones y siempre colocaba mis cortos en sus galerías… así que era como lo normal.
Lo del cine creo que fue como una expansión del formato de cortometraje porque mi primer largometraje era muy fragmentado, era casi como un documental de mi recorrido, de mi viaje del norte al sur de Tailandia, y así podía parar cuando quisiera o cuando me quedaba sin dinero. Era como un método de trabajo en el que no había un “stop” sino que el cortometraje iba creciendo, se expandía y se convertía en largo.

CA: ¿Y qué se siente más cómodo haciendo: cortos más enfocados al vídeo-arte o dirigiendo largometrajes? ¿O quizás la combinación de ambos trabajos?

AW: Los dos trabajos ayudan y de hecho se compenetran el uno con el otro. Porque los largometrajes te llevan mucho tiempo, quizá dos o tres años, así que llega un momento en que ‘enfermas’ de ellos, acabas un poquito harto de todo el proceso y quieres escaparte y entonces realizas un corto en medio, como una adicción, como el comer. El corto ayuda realmente cuando estás buscando financiación para un largometraje, es algo muy pesado con lo que hacer un corto te sirve para distraerte y hacer algo creativo en ese proceso. Siempre me pasa cuando estoy rodando un film largo, que necesito descansar, parar un tiempo y hacer un corto, pero a veces cuando hago cortos, me digo ‘necesito parar, tengo que hacer un largometraje’.


CA: De hecho, en el mes de Abril en el Museo Reina Sofía de Madrid proyectaron el cortometraje “A Letter to Uncle Boonmee” y ahora se estrenará en breve su película que antes pasará de nuevo por el museo, ¿hay un discurso entre ambos trabajos? ¿Están conectados o son piezas diferentes?

AW: Sí, están conectadas. De hecho cuando hice el cortometraje A Letter to Uncle Boonmee es cuando estaba todavía trabajando en la producción de la película final, el guión ya estaba escrito pero todavía no estaba finalizada. El corto es como si fuera parte de las localizaciones, del paisaje y de la arquitectura para después hacer la película. Es como un prólogo de la película final… es de hecho una carta personal que yo le envío al tío Boonmee y en la que le digo que quiero hacer una película sobre él para que esté preparado.

CA: Siempre se le ha encajado como un director minimalista, contemplativo… pero lo cierto es que su trayectoria y su obra es de lo más variada: “The Adventures of Iron Pussy” es una especie de parodia ‘camp’, “Worldly Desires” es un falso ‘making off’ de un melodrama, o “Mysterious Object at Noon” es un relato fantástico… ¿El paso al cine más contemplativo que ahora hace ha sido de forma natural?

AW: De la misma forma que antes tenía la estructura narrativa fragmentada en dos partes (fluctuaba mucho en la fragmentación de dos estructuras), ahora no quiero verdaderamente encasillarme en ninguna fórmula. Es como que cuando hay agua en un vaso quiero empezar a moverlo y agitar esa agua para que empiece a cambiar. Cuando funciona bien y es tan compatible, tengo ganas de activarme y empezar a transformarlo en algo distinto. Me interesa mucho la arquitectura, la música, lo que la vida ofrece: la cultura pop, el melodrama… Realmente la gente tiende a encasillar el trabajo de sus contemporáneos ya que los grandes festivales como Cannes o Venecia lo enfocan desde esa perspectiva, pero hay eventos más pequeños que se enfocan desde otra perspectiva, como la cultura pop y a mí también me interesa este tipo de diversidad.

CA: Sin embargo su cine siempre se compara con la obra de autores como Abbas Kiarostami o Hou Hsiao-Hsien, ¿cómo se siente con eso?

AW: Me siento estupendamente, porque las películas de Kiarostami o de Hou Hsiao-Hsien fueron como una inspiración para mí, abrieron mis ojos a este tipo de cine. Estuve en contacto con ellos a principios de los años 90 cuando estaba en Chicago, cuando tuvo lugar la eclosión del cine iraní y el taiwanés. Especialmente yo me enfoqué en el cine de Taiwán ya que había muchas similitudes entre los aspectos culturales entre Taiwán y Tailandia. Así es como quise volver a Tailandia y empezar a hacer un cine que nunca se había hecho.


CA: En cuanto a distribución cinematográfica, su obra, a excepción de Tropical Malady y ahora Uncle Boonmee…, es una gran desconocida en España, sin embargo, a nivel artístico su trabajo sí se ha visto en diversos centros de arte: “Ghost of Asia” en el Centro José Guerrero de Granada; “Phantoms of Nabua” en el Centro Cultural Montehermoso de Vitoria, etc. ¿Qué término se le acerca más para definirle: artista plástico, director de cine o, simplemente, ‘creador’?

AW: Como he dicho antes, me entusiasma tanto hacer video instalaciones como hacer cine… necesito ritmos distintos, cambiar de escenografías ¿sabes? Necesito diferentes formas y vías para poder expresarme. A veces cuando trabajas en una instalación de video-arte, eso te ayuda a entender la naturaleza de algunas de las imágenes que expreso en el cine, me inspira muchas veces en cómo hacer la película… y el público entra mucho, es muy activo en este proceso. La atención, el tratamiento del tiempo es distinto. Realmente hacer arte o hacer películas, todo en un conjunto es como me lo paso bien, es como intento expresarme.
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