CANNES 2017: EL MEJOR ESCAPARATE DEL MEJOR CINE ASIÁTICO (por José Luis Rebordinos)

 

Como todos los años, el Festival de Cannes ha sido el mejor lugar para pulsar la salud del cine mundial en general y, también la del cine asiático. Y no solo por el cine presente en sus diferentes secciones, sino también por las proyecciones del Mercado, que permiten conocer con bastante exactitud el perfil del cine que vendrá.

Tres pesos pesados en la sección competitiva

En esta edición, la competición recogía las últimas obras de tres pesos pesados, de tres realizadores claves en la cinematografía internacional: Bong Joon-ho, Hong Sang-soo y Naomi Kawase.

Okja, la película del primero, vino marcada por la polémica relativa a Netflix. De manera sorprendente, la dirección del Festival anunció que no iba aceptar en futuras ediciones ninguna película de esta plataforma en competición oficial si no se estrenaba antes en salas francesas. El director coreano explicó que si no hubiera sido por Netflix nunca habría podido realizar esta película y mucho menos con la libertad con la que había podido hacerla. Okja es un enorme (y fantástico) animal de cuyo cuidado se ha encargado una niña, Mija, y que caerá en las garras de una multinacional que quiere convertirlo en comida. Esta, a ratos divertida fábula animalista, se acaba convirtiendo en una negra metáfora de la condición humana. Y Bong Joon-ho demuestra, una vez más, que es uno de los grandes directores de nuestro tiempo.

Hong Sang-soo sigue fiel a su estilo en Geu-Hu (The Day After). Un lío de amores cruzados, de diálogos inteligentes y algo de alcohol sirven al director coreano para ofrecernos una nueva película de su prolija carrera que no sorprenderá a nadie, pero que hará las delicias de sus numerosos fans. Nada más… y nada menos.

La directora japonesa Naomi Kawase, con Hikari (Radiance), sigue acercándose a un público más amplio, como con sus últimas películas. Lejos quedan las señas más radicales de sus primeras propuestas, más herméticas, pero tal vez más ricas desde un punto de vista cinematográfico. Hikari es la historia de una joven que se dedica a la audio descripción de películas, y que se encuentra con un fotógrafo que se va quedando ciego. En palabras del catálogo del Festival que describen muy bien este bonito film, es la historia del encuentro entre “un hombre que pierde la luz y una mujer que la persigue”.

Secciones paralelas

En ‘Un Certain Regard’ tenemos que centrarnos en dos películas: Lu Cuo Wei Lai (Walking Past the Future), del chino Li Ruijun y Sanpo Suru Shinryakhusa (Before We Wanish), de Kiyoshi Kurosawa. La primera es una historia de emigrantes en la nueva China. Dos jóvenes se enfrentan a un mundo laboral nuevo y deshumanizador, muy determinados por el pasado de sus padres. Una historia de esperanza y desesperanza representativa en fondo y forma del nuevo cine que nos llega últimamente del gigante asiático.

Kurosawa, por su parte, nos ofrece una nueva historia de ciencia-ficción muy divertida, aunque un poco larga, que hará las delicias de los amantes del cine fantástico. Un hombre desaparece… y aparece días después completamente cambiado, mientras en la ciudad se suceden varios asesinatos. Una periodista investiga estos extraños sucesos… Cine de género lleno de imaginación, aciertos de guión y una más que solvente puesta en escena.

La presencia del cine asiático en la ‘Semana de la Crítica’ se ha limitado este año a una película: Oh, Lucy!, de la japonesa Atsuko Hirayanagi. Tragicomedia que transmite dulzura y tristeza a un mismo tiempo, que cuenta la historia de una mujer japonesa solitaria, que se enamora de su profesor de inglés (el actor Josh Hartnett). Cuando este desaparece, ella viaja a Estados Unidos en su busca. Road movie, dos mundos y dos culturas diferenciadas y una bonita película que se ve con agrado.

Tampoco la presencia asiática en ‘La Quincena de los Realizadores’ ha sido muy generosa en títulos asiáticos en esta edición: por un lado, la película indonesa Marlina si Pembunuh Dalam Empat Babak (Marlina the Murderer in Four Acts), de Mouly Surya; por otro, The River, segunda película de la guionista, directora y productora china Chloé Zhao. En la primera, la realizada por Mouly Surya, joven prometedora directora de Indonesia, una viuda es agredida y violada para robarle el ganado. Ella asesinará a varios hombres y comenzará un viaje de toma de conciencia y redención, pero los fantasmas de los muertos no le dejarán encontrar la paz. Extraña película, representante de una cinematografía cuyas obras son de difícil acceso para el público occidental.

En la segunda, de producción cien por cien norteamericana, la directora china Zhao cuenta una historia cien por cien también norteamericana. La historia de un cowboy que debido a un accidente tiene que abandonar su trabajo y vuelve a su lugar de origen a la búsqueda de su destino.

Tal vez no haya sido un Cannes con muchísimo cine oriental, pero el que ha habido ha sido muy variado formal, temáticamente y desde el punto de vista de los diferentes países representados.

Un reportaje de José Luis Rebordinos

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