Berlinale del día 3: ¿Cautivos del Mal… o de Brillante Mendoza?

El día prometía. De entrada me había dejado la acreditación en el hotel (doble trayecto de ida y vuelta antes de empezar a ver películas), el Barça había claudicado en Pamplona y para colmo no había llegado por cinco minutos al almuerzo. No todo podía salir mal, pensé al entrar en el cine a contemplar la última propuesta de Brillante Mendoza. Quince minutos después, mientras veía de refilón cómo algún que otro crítico abandonaba la sala, confirmé que del mismo modo que Vincent Minnelli había buceado en los entresijos de Hollywood con Cautivos del Mal en 1952, Brillante Mendoza hacía lo propio con la realidad que vive su país. Sonreí.

Evidentemente el día prometía.

Captive sigue a Thérèse Bourgoine (a la que da vida una excelente Isabelle Huppert), voluntaria francesa que trabaja para una ONG en la isla de Palawan en Filipinas, a lo largo de sus cerca de cuatrocientos días de secuestro por el grupo islamista “Abu Sayaf”. Es posible que muchos piensen que el Mendoza de Captive dista un mundo del que triunfó hace unos años en Cannes con Kinatay. Algo que no comparto. El director filipino, uno de los responsables del resurgir de la cinematografía de su país a nivel internacional, junto a Raya Martin, Auraeus Solito o Lav Diaz, llevaba en 2009 sobre sus espaldas seis largometrajes (además de otros tantos cortos), en los que había ido definiendo su estilo narrativo y componiendo su lenguaje cinematográfico. El tono documental de Captive no se alcanza por generación espontánea, sino que se trabaja a lo largo de una carrera. «Me documenté desde todos los ángulos posibles. De supervivientes de secuestros de Abu Sayaf a miembros de la banda y del ejército«, sostuvo Mendoza durante la rueda de prensa. El director consigue un retrato realista tejiendo una red invisible entre secuestradores y secuestrados en el alma de la jungla filipina. No hago quinielas desde que tras acertar un 14 y creerme millonario durante unas horas, al final acabé cobrando 25.000 de las antiguas pesetas, pero el film de Mendoza bien podría colarse en el palmarés final del Festival.

My Way, la segunda cita del día me trasladaba de la jungla filipina al campo de batalla de la II Guerra Mundial. Kang Je-gyu, su director, con tres películas en su haber (My Way es su cuarto trabajo) se ha ganado el respeto de crítica y público. Responsable de Shiri (1999) thriller político clave para entender la Nueva Ola coreana de finales de los años 90 o del drama bélico Taegugki  (rebautizado entre nosotros como Lazos de Guerrra). Si Lazos de Guerra nos hablaba de la Guerra de Corea, de la división entre Norte y Sur, una herida aún sangrante para un gran número de coreanos, My Way busca ahondar en otra problemática: la de la ocupación japonesa de Corea que se prolongó a lo largo de cuatro décadas, de principios de siglo, hasta la capitulación nipona al final de la II Guerra Mundial. ¿Y cómo lo hace? A través de la historia de dos jóvenes, uno coreano y otro japonés. De la rivalidad que crece entre ambos y que visualizamos a través de los deseos por convertirse en el corredor más rápido. El estallido de la II Guerra Mundial los seguirá… los separará, y acabará por juntarlos de nuevo en las costas de Normandía. Un espectáculo visual de primer nivel, recomendable, pero que adolece de una construcción maniquea de los personajes, sobre todo del interpretado por Jang Dong-gun… al que no vemos ningún resquicio de incertidumbre a lo largo del metraje.

Sorprende confirmar cómo la cinematografía malaya, además de una ‘nueva ola’ que se pasea por los festivales triunfando gracias a films como The Beautiful Washing Machine (visto en el BAFF 2005), o Year without a Summer (proyectado en la pasada edición del Festival de Las Palmas), también tiene otra cara donde la diversión, las artes marciales y el entretenimiento, ofrecen al espectador una hora y media de puro deleite. Deudora del estilo visual que Stephen Chow utilizara en su hilarante Kung Fu Sion, James Lee saca toda su artillería de gags, acción y guión delirante a lo largo de los 96 minutos de duración de Petaling Street Warrior. Aconsejo que para completar la información, leáis la crítica que Domingo López ha realizado de la película en su blog Made in China.

El día ya no daba más de sí, perdón… yo no daba mucho más de mí, pero aún me aguardaba una última sorpresa. No porque me pillara de improviso: la carrera del director coreano Ha Yu, siempre me ha resultado interesante (The Spirit of Jeet Kune Do, A Dirty Carnival o Frozen Flower). La sorpresa fue que a pesar del cansancio acumulado, no hice amago de entrecerrar los ojos en ningún momento. Howling, el thriller basado en la novela de la japonesa Nonami Asa, “Frozen Cuspids”, es una nueva muestra del poderío coreano en el desarrollo del género. El argumento es sugerente: la policía descubre el cuerpo de un hombre calcinado, aparentemente a causa de combustión espontánea. En el reconocimiento del cadáver aparecen unas misteriosas cicatrices, como si hubiera sido atacado por un animal salvaje. Dos investigadores se encargarán del caso: Song Kang-ho (Memories of Murder) y Lee Na-young (Dream). Sin entrar a desvelar el desarrollo argumental, Howling funciona con la ingeniería de los grandes thrillers coreanos, confirmando a su director como uno de los nombres a tener en cuenta.

Regresaba con frío al hotel después de la jornada… mañana será otro día… asiático, claro…

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