Ari Folman: viajando por el mundo real de la imaginación

A lo largo de las últimas semanas, mientras asistía a la enésima demostración del horror de ese conflicto inacabable en Gaza, me descubrí a mi mismo volviendo en mi mente una y otra vez a Vals con Bashir, aquella estremecedora película que prácticamente por sí sola inauguró un nuevo género, el documental animado, y que lanzó a la fama al director israelí Ari Folman.

Ari Folman¿Qué pensaría Folman de todo esto? Él, que se vio obligado a realizar una película el día que descubrió que algunas partes de su vida se habían borrado por completo de su memoria y que esos recuerdos traumáticos tenían relación directa con su experiencia como soldado en la I Guerra del Líbano y las matanzas de los campos de refugiados de Sabra y Chatila en las que Israel tuvo una responsabilidad directa. “Me siento muy deprimido” dice en una entrevista “A nivel personal es un déjà vu. Cualquier pérdida de vida es horrible, nadie trata de buscar una solución. La vida humana es la misma”

Pese a que su obra y su mirada crítica le ha granjeado no pocos detractores en su país, incluso a ellos les cuesta atacar sus orígenes: nacido en Haifa en 1962, hijo de dos supervivientes de Auschwitz – su madre sobrevivió de milagro a la llamada “marcha de la muerte” – y soldado traumatizado por la guerra, Folman renunció a su sueño de dar la vuelta al mundo con una mochila a cuestas cuando, tras dos semanas de viaje, prefirió instalarse en un hostal e inventarse ese viaje a través de una serie de cartas que envió a sus amigos durante más de un año, una muestra de su capacidad de utilizar la imaginación para transformar la realidad. Folman regresó a estudiar cine y en 1991 realizó Confortably Numb, un documental sobre las reacciones absurdas de sus amigos que corrían a refugiarse de los escasos misiles iraquíes que llegaban a Tel Aviv durante la Guerra del Golfo y que ganó el Premio de la Academia Israelí.

KINO-DVD-Master5Tras eso vinieron una serie de documentales para televisión en los territorios ocupados que mostraban a las claras su mirada crítica sobre la actitud de su país hacia Palestina. Se toma un respiro en 1996 dirigiendo Clara Hakedosha, una incursión en el cine fantástico que le valió el Premio del Público en la Berlinale y siete premios de la Academia, tras lo cual siguió realizando diversos documentales televisivos antes de acometer una fantasía futurista, Made in Israel, que narra la caza del último nazi vivo del mundo.

Vals con Bashir supuso su consagración definitiva. Aquella contundente reivindicación de la memoria histórica a través de la exploración introspectiva de un pasado traumático en forma de documental de animación no solo inauguró un género nuevo sino que innovaba de tal forma en su exploración del lenguaje narrativo que sigue siendo un referente inevitable a la hora de explorar las posibilidades de la animación para contar historias reales y huir a un tiempo de las servidumbres de las reglas del documental. Rodada en video en un estudio y complementada después con un storyboard de 2300 dibujos del ilustrador David Polonsky que se convertiría en la base para la animación creada por Yoni Goodman, Vals con Bashir es una película estremecedora sobre el horror que el ser humano es capaz de llevar a cabo sin el más mínimo atisbo de reparo moral, contada con una sobriedad expositiva que la hace aun más efectiva en su denuncia. Un horror que hemos visto por desgracia reproducido de nuevo.

CongressSu último trabajo, El Congreso (The Congress), recupera su pasión por el cine futurista y adapta un cuento de Stanislav Lem, Congreso de Futurología, para advertirnos sobre los peligros del mal uso de la tecnología en el cine, una visión distópica de Hollywood y las películas producidas por los grandes estudios que sacrifican la emoción en el altar de lo digital con un impresionante trabajo de Robin Wright. Su segunda parte, enteramente animada a mano, que trata de recrear ese “mundo químico” descrito por Lem y encajarlo en la historia, tardó dos años y medio y la colaboración de ocho países diferentes para completarse. El resultado es una película única destinada a convertirse en una obra de culto y que curiosamente puede que llegue un poco tarde en su denuncia pues la tecnología para reemplazar a los actores por copias digitales ya está disponible. Sin embargo, El Congreso afronta una serie de temas – el paso del tiempo, el libre albedrío, la posibilidad de la inmortalidad – que la hacen una película fascinante más allá de su punzante advertencia sobre la deriva del cine, una de esas obras maravillosas que solo se completan del todo en la mente del espectador que las contempla.

Dicen que su próximo proyecto es una nueva adaptación – animada, por supuesto – de El Diario de Ana Frank. Folman ha contado que sus padres llegaron a Auschwitz el mismo día que Ana Frank, el 3 de Septiembre de 1944, así que hay una razón personal por medio. No tengo la menos duda que será una nueva muestra de ese cine personal, estimulante y único que sabe cómo remover nuestras conciencias.

Un reportaje de David Garrido

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