Al Oriente de Occidente. Mágica realidad: Jan Švankmajer en Madrid

Jan Švankmajer estuvo en Madrid el pasado 13 de Enero, como invitado de honor, gracias a la colaboración entre Filmoteca Nacional y el Centro Checo madrileño, para presentar no sólo un completo ciclo de su obra cinematográfica, que después de pasar por la sede de Filmoteca en el Cine Doré ha seguido viaje por buena parte de España, sino también para presidir la presentación del libro Para Ver, Cierra los Ojos, que recoge una amplia selección de sus textos, además de una larga entrevista con el artista y cineasta. El libro, preparado por Eugenio Castro y Julián Lacalle, editado primorosamente por Pepitas de Calabaza (según ellos mismos, en sincera y honrosa confesión: “Una editorial con menos proyección que un Cinexín”), en el que tuve el honor y el placer de colaborar, contribuyendo con su prólogo –“Iluminaciones. El cine de Jan Švankmajer”-, reelaboración y puesta al día, corregida y aumentada, de un largo artículo que fuera publicado anteriormente tanto por la revista surrealista Salamandra como, después, por el fanzine 2000 Maníacos, es la primera monografía publicada en nuestro país no tanto sobre el artista, como “del” artista. Es decir, con escritos mayormente suyos, así como profusamente ilustrada, no sólo con fotogramas o diseños de sus filmes, sino, sobre todo, con abundantes reproducciones de su extensa obra artística: collages, grabados, esculturas, dibujos automáticos, objetos táctiles, marionetas, máquinas ipsatrices, etc., etc. Aparte, claro, de algunas reproducciones también de la obra de su esposa y colaboradora habitual, la artista Eva Švankmajerova, ya fallecida.

Švankmajer es, posiblemente, uno de los cineastas checos más conocidos y reconocidos internacionalmente, lo que no deja de ser paradójico. Paradoja muy propia de este mundo extraño del Oriente de Occidente. Porque, en realidad, su figura y obra son, en cierto modo, atípicas, extrañas al desarrollo del cine checo. Y porque, además, su filmografía, más que parte de éste, forma parte del complejo universo artístico de su propio autor, que no puede ni debe juzgarse exclusivamente en torno al cine, sino, muy al contrario, a la luz del conjunto de una trayectoria multidisciplinar, y de la tradición Surrealista, tanto checa y eslava como internacional. Resulta totalmente inapropiado analizar a Švankmajer sólo en relación con la cinematografía de su país, o, de hecho, en relación con el cine en exclusiva.

Foto: Alma Álvarez Reguero

Esto quiere decir, simplemente, que aunque Jan Švankmajer es historia viva del cine de animación checo en particular, y de su cine en general, resultaría absurdo entrar en análisis o exégesis de su figura a la luz de la obra de otros maestros checos del género, como Jirí Trnka, Karel Zeman o Jirí Barta, por citar algunos destacados y conocidos ejemplos. Desde luego, comparte con ellos ciertas afinidades técnicas, estéticas, visuales e históricas… Pero son muchas más las diferencias que las similitudes, ya que Švankmajer practica el cine sólo como uno más de los medios técnicos a su alcance, para poner de manifiesto su personal visión surrealista del mundo. No es tampoco un director de cine surrealista –como Buñuel, Fellini, Franju o quienes queramos citar, con permiso y sin permiso de determinados surrealistas más o menos militantes-, sino un surrealista que dirige cine. Como surrealista, que forma parte del Movimiento Surrealista checo desde 1970, participa, naturalmente, de numerosos elementos comunes a su tradición, tanto checa como internacional, y quizá más todavía praguense (de la Praga de Arcimboldo, Meyrink y Kafka), pero que no son tampoco estrictamente cinematográficos. De hecho, elementos, características, que le han aislado a menudo de la propia corriente histórica del cine checo y de los países del Este, tanto de sus tendencias “oficiales” como de los Nuevos Cines, a los que en algunos momentos pudo estar más próximo.

Centro Checo de Madrid

Dicho esto, no se debe malinterpretar, ni mucho menos infravalorar tampoco, la importancia de Švankmajer para el cine de su país y para la historia del cine en general. Por un lado, algunos de sus largometrajes, especialmente títulos como Faust (1994), Otesánek (2000) o Silení (2005), donde combina, en mayor o menor medida, animación e imagen real, poseen cierto espíritu común a la tradición del cine fantástico del Este, y pueden recordar al aficionado títulos tan variopintos como El Manuscrito Encontrado en Zaragoza (Rękopis znaleziony w Saragossie. Wojciech Has, 1965), El Flautista de Hamelín (Krysar. Jirí Barta, 1985) o Morgiana (Juraj Herz, 1973). No en vano, al parecer, su nuevo proyecto cinematográfico es una adaptación a la pantalla del clásico teatral checo de los hermanos Josef y Karel Capek, El Juego de los Insectos. Por otro, sus magistrales cortometrajes han contribuido decisivamente a dar al cine de animación un prestigio, un peso específico, que va mucho más allá de su instrumentalización exclusiva por la industria del cine infantil, recuperando para éste su lugar preeminente en la experimentación cinematográfica, del que forma parte desde los albores de la historia misma del cine, e influyendo en otros autores tan interesantes como los británicos Hermanos Quay.

Centro Checo de Madrid

La presentación de Švankmajer en Madrid estuvo abarrotada. La posibilidad de revisar la obra completa del cineasta, que comprende más de treinta títulos, entre cortos y largos, resulta una verdadera fiesta para cualquier amante del cine. El artista checo ha sido y sigue siendo uno de los más mimados en nuestro país. Festivales como Valladolid, Sitges, Gijón, la Semana de Cine Fantástico y de Terror de San Sebastián, etc., han acogido su obra y su presencia a lo largo de los años. En el 2010, el Festival Internacional de Cine de Las Palmas ofreció una retrospectiva de su filmografía, acompañada por la publicación del excelente libro Jan Švankmajer. La Magia de la Subversión (T&B editores), editado por Gregorio Martín Gutiérrez. Pero, lamentablemente, sus filmes no se encuentran disponibles en España en DVD. Con la excepción de Fausto, editado por Track Media hace ya algunos años, en su añorada colección “Maestros de la Animación”, acompañado además por varios de sus cortos, nada puede encontrarse del cine de Švankmajer en nuestro país, salvo lo que corre –ilegalmente, claro- por la red. Ni siquiera su Alicia (Neco z Alenky, 1988), que le consagrara internacionalmente y sigue siendo la más interesante aproximación cinematográfica a la obra de Carroll jamás filmada, está disponible. Varios de sus filmes sí están editados en la República Checa, entre ellos el más reciente, Surviving Life (Prezít svuj zivot (teorie a praxe), 2010), generalmente con subtítulos en inglés y en castellano, y pueden adquirirse en librerías y tiendas especializadas o, mejor aún, en la Galería Gambra del propio Švankmajer, en la calle Cernínská, nº 5, casi junto a la Iglesia del Loreto, en las proximidades del Castillo, en un callejón digno de la vieja Praga alquimista, que recuerda obsesivamente la calle de la última farola de Meyrink.

Pero si alguna reflexión nos impone este auténtico alquimista del celuloide, que trata el cine con la misma lucidez visionaria que el resto de sus materiales artísticos, es el hecho bien triste y significativo de que, hasta hoy, prácticamente no hubiera en España libro alguno con sus textos o con reproducciones de sus obras. Es decir, que no merezca en nuestro país consideración alguna más allá del ámbito cinematográfico (con la lógica excepción hecha de los surrealistas españoles más combativos, como el Grupo Surrealista de Madrid). El Švankmajer artista, creador plástico, fuera del mundo del cine -al que en cierto modo pertenece sólo marginalmente-, no existe.

La Magia de la Subversión

Prueba de esa trágica ignorancia es que ninguna institución museística española parezca haberse planteado jamás la importancia de Švankmajer como artista. La conveniencia, la necesidad, incluso, de dedicar una exposición lo más amplia y exhaustiva posible a sus obras pictóricas, gráficas, escultóricas, táctiles, etc., etc. Nada habría sido tan apropiado para acompañar el ciclo de Filmoteca y la presentación del libro, como que el Reina Sofía, el Thyssen, la Casa Encendida, el CaixaForum, la Fundación March, o cualesquiera otras instituciones dedicadas al arte moderno, nos hubiera dado también la oportunidad de contemplar, ver y hasta tocar las obras del Maestro, en todas sus expresiones y técnicas. Exposición que debería acompañar por toda España la retrospectiva de sus filmes. Así, y solo así, tendríamos de verdad la oportunidad de disfrutar del cine de Švankmajer.

Un cine multidisciplinar y alquímico por naturaleza. Cuya esencia está en su íntima relación con la materia, la forma y la vida misma que están en su interior… y en su exterior. El cine de Jan Švankmajer no es una fuga de la realidad. No pretende que nos escondamos en el oscuro y uterino interior de la sala de proyecciones, sino, que muy al contrario, nos impele violentamente al exterior. Nos enfrenta a la naturaleza mágica de la realidad. Nos invita a reconocerla con ojos nuevos y, así, reconocernos a nosotros mismos. Ilumina con la vieja linterna mágica nuestros espíritus cautivos, y nos obliga a sobrevivir a la vida, cortando los hilos que nos convierten en marionetas sin voluntad propia. Un cine más allá de la pantalla, que no puede ni debe quedarse en ella:

“Graba en tu espíritu que la poesía es sólo una. Lo contrario a la poesía es la especialización profesional. Antes de comenzar a rodar una película, escribe un poema, pinta un cuadro, haz un collage, escribe un relato, un ensayo, etc. Porque sólo alimentando la universalidad de los medios de expresión tendrás la garantía de realizar una buena película”. Jan Švankmajer

Por nuestro colaborador: Jesús Palacios

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